jueves, 30 de mayo de 2013

MINI CREDO

MINI CREDO

Des wahren Gottes, für die wir leben.

Creo en un solo Dios creador, redentor y santificador.

Creo en un solo Dios Padre Hijo y Espíritu Santo. Razón ultima de nuestra existencia y fuente de todo bien. Esta en el origen de todo y todo lo sostiene, y  TODO lo que existe dependen de Dios como Creador.

Escogio a Abraham como padre de todas las naciones. A Moyses como figura de Cristo nuestro Salvador. Envio al Espiritu Santo para que congregara en su Reino a todas los pueblos.


Creo en Jesús el Hijo de Dios que me amo, se hizo hombre y murió por mi.. Que con si vida, pasion y muerte abrio las puertas del Cielo.
Creo en su santisma madre, madre del Verdadero Dios por quien se vive y madre nuestra para engendrar a los hombres a una vida nueva.
Creo en el Espíritu Santo, que nos une en Cristo con nuestro Dios y con nuestros hermanos.

Decir creo en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo equivale a decir creo en un solo Dios que en Si Mismo, en su vida intima ES Amor.

Y decir que el Hijo de Dios se hizo hombre por obra del Espíritu Santo en las purisimas entrañas de la Siempre Virgen María, es decir que por el misterio de La Encarnación, ese Dios amor se hizo para nosotros un hermano y nos dio un un Padre, y derramo sobre nosotros su propio Espíritu. Que Cristo en vive en la Iglesia, en cada hombre que alcanzo la salvación.

 La Iglesia «no es una institución inventada y construida en teoría..., sino una realidad viva... Vive a lo largo del tiempo, en devenir, como todo ser vivo, transformándose... Sin embargo su naturaleza sigue siendo siempre la misma, y su corazón es Cristo». Ha sido nuestra experiencia ayer, me parece, en la plaza: ver que la Iglesia es un cuerpo vivo, animado por el Espíritu Santo y vive realmente por la fuerza de Dios. Ella está en el mundo, pero no es del mundo: es de Dios, de Cristo, del Espíritu. Lo hemos visto ayer. Por esta es verdad y elocuente también la otra famosa expresión de Guardini: «La Iglesia se despierta en las almas». La Iglesia vive, crece y se despierta en las almas, que —como la Virgen María— acogen la Palabra de Dios y la conciben por obra del Espíritu Santo; ofrecen a Dios la propia carne y, precisamente en su pobreza y humildad, se hacen capaces de generar a Cristo hoy en el mundo. A través de la Iglesia, el Misterio de la Encarnación permanece presente para siempre. Cristo sigue caminando a través de los tiempos y de todos los lugares.

Padre mio, Jesús mio Espíritu Santo amor mio. 
Creo en Ti, espero en Ti te amo, te adoro, te pido por todos los hombres mis hermanos. Congreganos Unenos, perdónanos, santificanos, transformamos a semejanza de Jesús. 

Madre mía el mundo se hunde porque no busca a Dios, intercede por la Iglesia de Tu Hijo, por el Papa, los Obispos y por todos tus hijos, danos sacerdotes santos que nos lleven a Dios.


1. Dona a nuestro Santo Padre Francisco sabiduría, firmeza y prudencia.
2. Dona a tu Iglesia numerosos y santos ministros del altar.. 
3. Dona a cada bautizado hambre y sed de tu Cuerpo
4. Dona al hombre pecador el deseo de la conversión y del perdón.
5. Dona a todos las experiencia consoladora de saberse y sentirse amados por Ti



1. Elimina con la fuerza de tu Cruz toda discordia y división.
2. Elimina con la luz de tu Palabra todo engaño y toda falsedad
3. Elimina con la mansedumbre de tu Corazón toda venganza y rencor.
4. Elimina con la dulzura de tu caridad todo egoísmo y dureza de corazón.
5. Elimina con tu potencia creadora toda violencia contra la vida humana



La salvación mediante la fe

Lumen Fidei

19. A partir de esta participación en el modo de
ver de Jesús, el apóstol Pablo nos ha dejado en sus
escritos una descripción de la existencia creyente. El
que cree, aceptando el don de la fe, es transformado
en una creatura nueva, recibe un nuevo ser, un ser
filial que se hace hijo en el Hijo. « Abbá, Padre », es la
palabra más característica de la experiencia de Jesús,
que se convierte en el núcleo de la experiencia cristiana
(cf. Rm 8,15). La vida en la fe, en cuanto existencia
filial, consiste en reconocer el don originario y
radical, que está a la base de la existencia del hombre,
y puede resumirse en la frase de san Pablo a los Corintios:
« ¿Tienes algo que no hayas recibido? » (1 Co
4,7). Precisamente en este punto se sitúa el corazón
de la polémica de san Pablo con los fariseos, la discusión
sobre la salvación mediante la fe o mediante las
obras de la ley. Lo que san Pablo rechaza es la actitud
de quien pretende justificarse a sí mismo ante Dios
mediante sus propias obras. Éste, aunque obedezca
a los mandamientos, aunque haga obras buenas, se
pone a sí mismo en el centro, y no reconoce que el
origen de la bondad es Dios. Quien obra así, quien
quiere ser fuente de su propia justicia, ve cómo pronto
se le agota y se da cuenta de que ni siquiera puede
mantenerse fiel a la ley. Se cierra, aislándose del Señor
y de los otros, y por eso mismo su vida se vuelve
vana, sus obras estériles, como árbol lejos del agua.

24 - San Agustín lo expresa así con su lenguaje conciso y
eficaz: « Ab eo qui fecit te noli deficere nec ad te », de aquel
que te ha hecho, no te alejes ni siquiera para ir a ti.15
Cuando el hombre piensa que, alejándose de Dios,
se encontrará a sí mismo, su existencia fracasa (cf. Lc
15,11-24). La salvación comienza con la apertura a
algo que nos precede, a un don originario que afirma
la vida y protege la existencia. Sólo abriéndonos a
este origen y reconociéndolo, es posible ser transformados,
dejando que la salvación obre en nosotros y
haga fecunda la vida, llena de buenos frutos. La salvación
mediante la fe consiste en reconocer el primado
del don de Dios, como bien resume san Pablo: « En
efecto, por gracia estáis salvados, mediante la fe. Y
esto no viene de vosotros: es don de Dios » (Ef 2,8s).
20. La nueva lógica de la fe está centrada en
Cristo. La fe en Cristo nos salva porque en él la
vida se abre radicalmente a un Amor que nos
precede y nos transforma desde dentro, que obra
en nosotros y con nosotros. Así aparece con claridad
en la exégesis que el Apóstol de los gentiles
hace de un texto del Deuteronomio, interpretación
que se inserta en la dinámica más profunda
del Antiguo Testamento. Moisés dice al pueblo
que el mandamiento de Dios no es demasiado
alto ni está demasiado alejado del hombre. No se
debe decir: « ¿Quién de nosotros subirá al cielo y
nos lo traerá? » o « ¿Quién de nosotros cruzará el
mar y nos lo traerá? » (cf. Dt 30,11-14). Pablo in-
15 De continentia, 4,11: PL 40, 356.

25 - Interpreta esta cercanía de la palabra de Dios como
referida a la presencia de Cristo en el cristiano:
« No digas en tu corazón: “¿Quién subirá al cielo?”,
es decir, para hacer bajar a Cristo. O “¿quién
bajará al abismo?”, es decir, para hacer subir a
Cristo de entre los muertos » (Rm 10,6-7). Cristo
ha bajado a la tierra y ha resucitado de entre
los muertos; con su encarnación y resurrección,
el Hijo de Dios ha abrazado todo el camino del
hombre y habita en nuestros corazones mediante
el Espíritu santo. La fe sabe que Dios se ha hecho
muy cercano a nosotros, que Cristo se nos
ha dado como un gran don que nos transforma
interiormente, que habita en nosotros, y así nos
da la luz que ilumina el origen y el final de la vida,
el arco completo del camino humano.

21. Así podemos entender la novedad que
aporta la fe. El creyente es transformado por el
Amor, al que se abre por la fe, y al abrirse a este
Amor que se le ofrece, su existencia se dilata más
allá de sí mismo. Por eso, san Pablo puede afirmar:
« No soy yo el que vive, es Cristo quien vive
en mí » (Ga 2,20), y exhortar: « Que Cristo habite
por la fe en vuestros corazones » (Ef 3,17). En la
fe, el « yo » del creyente se ensancha para ser habitado
por Otro, para vivir en Otro, y así su vida
se hace más grande en el Amor.

 En esto consiste la acción propia del Espíritu Santo. El cristiano
puede tener los ojos de Jesús, sus sentimientos,
su condición filial, porque se le hace partícipe de
su Amor, que es el Espíritu. Y en este Amor se recibe
en cierto modo la visión propia de Jesús.

Sin esta conformación en el Amor, sin la presencia
del Espíritu que lo infunde en nuestros corazones
(cf. Rm 5,5), es imposible confesar a Jesús
como Señor (cf. 1 Co 12,3)... Tener una relación 
de amor con Jesucristo.  
!Y en cada Misa reconocer
la renovacion Incruenta del Calvario!. 

Comprender la abundancia del amor divino 
siempre es fruto de una gracia.
Dios da en abundancia hasta el punto 
de decir, Pablo, como resumen final: 
'Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia'. 
Sobreabunda, todo. 

Y este es el amor de Dios: sin medida. Todo El mismo”.
Porque el amor es la completa donación de uno mismo.
Dios te ama con toda la fuerza de su Corazon divino. Si, a ti, quien quiera que seas. Dios te ama con todo su Corazon, con toda su Alma, con todas sus Fuerzas, y asi te manda que TU lo ames. Y el segundo es semejante al primero... y en estos dos mandamientos se resume toda la Ley y los Profetas.

 Pero inmediatemnte  surge la pregunta. Quien es mi projimo?... el 
que tuvo copasion de el... y era samaritano.

 Y Jesus es el Buen Samaritano y nosotros el hombre que asaltaron los ladrones.