viernes, 6 de septiembre de 2013

IDENTIDAD SACERDOTAL



Identidad Sacerdotal 



Desde antes de formarte en el seno materno Yo te conocía; antes de que salieras del seno materno, Yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones”.
Son palabras que un día escuchó Jeremías de la boca de Dios. Palabras que de manera semejante, muchos, muchísimos años después logró percibir tambien el Sr. Martinez “tomado de entre los hombres”, -como dice la Carta a los Hebreos-, no para desarraigarlo de ellos, sino para devolvérselo constituido en su servidor, como sacerdote, profeta y pastor.

Sacerdote, ofrenda a Dios en favor de los hombres. Profeta de las cosas de Dios y pastor de las ovejas que son, todas y solo de Cristo Jesús. Para ello, precisamente para ello lo eligió, lo llamó, lo consagró y lo envió: para ser sacerdote, profeta y pastor, marcándolo con el sello indeleble de pertenencia total a Él, Confiriéndole la potestad de actuar en nombre y en persona de Cristo Jesús: Tomad y comed, tomad y veved, esto es mi cuerpo, esta es mi sangre.... Yo te perdono.



LA GENERACION ESPIRITUAL DE LOS SACERDOTES EN EL SACERDOTE ETERNO.

Los sacerdotes son como una página de la biografía de Jesús. Este amor ha comenzado en la eternidad, cuando el Padre engendró al Verbo. Desde el día de la Encarnación, ocupan un lugar en el Corazón de Cristo sacerdote:

     "Desde que encarné en María; desde que me puse a la disposición amorosa de mi Padre, diciéndole: Aquí estoy; no me puse a su disposición solo, sino con todos los sacerdotes en Mí, creados por mi Padre, por obra del Espíritu Santo, en María...  viendo a todos los sacerdotes en Mí, con ellos nací en Belén, trabajé en Nazaret, convertí en Galilea, sufrí en Jerusalén, morí en el Calvario y resucité... Siempre he llevado en mi Corazón esa fibra santa y fecunda de mi Padre,  mis sacerdotes... En mí están los sacerdotes místicamente transformados desde que mi Padre ideó mi Iglesia, que fue eternamente. El posó en mí su mirada de infinita ternura; y en esa mirada eterna, que Yo vi y sentí, germinaron los sacerdotes en el Sacerdote eterno, y desde entonces los amo en Mí mismo, como Dios; y al venir Conmigo, como he explicado en la Encarnación, los amé y los amo como Dios hombre" (A mis sacerdotes, 77; CC. 51. 30).

La vida cristiana es la reproducción de Jesús en las almas, y la perfección, que es una reproducción fidelísima, consiste en la transformación de las almas en Jesús.
Dos artífices  deben concurrir en esta obra divino-humana, el Espíritu Santo y la Virgen María, porque son los únicos que pueden reproducir a Cristo. María es madre nuestra porque si es madre de Jesús nuestra Cabeza no puede dejar
de ser madre de su cuerpo.

"María es feliz cuando comunica a su Verbo hecho carne; y si, conjuntamente concibió en su casto seno, al concebir a Jesús, en El, el germen sacerdotal, los Sacerdotes son para Ella, otros Jesús, y más que nadie, quiere transformarlos en Jesús, místicamente en sus almas" (CC. 50, 195).

"Por eso María es más Madre de los Sacerdotes, por estar Conmigo, en su seno inmaculado aquella fibra sacerdotal unida a mi naturaleza humana divinizada. Y por eso María tiene mucho de sacerdote, y por eso María busca por justicia a su Jesús, en cada Sacerdote, concebido Conmigo en su virginal seno, al encarnarse el Verbo en sus entrañas purísimas" (CC. 50, 170-173).

"Cuando el Padre engendró al Hijo en la eternidad sin principio, engendró con El, en cierto sentido, a los Sacerdotes. De allá procede la generación espiritual, y en cierta manera divina, del Sacerdote, en la del Sacerdote eterno, en el entendimiento, y en e Corazón del Padre que es su voluntad, que es el Espíritu Santo... Del concurso del Espíritu Santo en el Padre fueron concebidos eternamente la Iglesia y sus futuros Sacerdotes" (CC. 49,348).

"El (el Padre), con su mirada amorosa de infinita ternura, puso en Mí, su Verbo, su inteligencia o entendimiento, su potencia, su amor; y en aquella mirada eterna que yo comprendí y sentí, germinaron los Sacerdotes en el Sacerdote... Mira, hija: Yo no puedo estar separado de lo que es Mío" (CC. 51, 32).

El sacerdote, por el ministerio eucarístico, se hace instrumento de la Trinidad para realizar la transubstanciación y para que Cristo se prolongue en las almas. Todo ello es obra del Espíritu Santo. "Es la Persona del Amor, la que inspiró al Verbo hecho carne el estupendo milagro eucarístico, para perpetuar de esta manera, con la fecundidad del Padre, la encarnación en las almas... La Trinidad misma, por decirlo así, se pone a las órdenes del sacerdote para realizar la transubstanciación eucarística" (A mis sacerdotes 140).


Jesus nos ha injertado en su muerte y también en su resurrección. 
El sacrificio de Cristo se realiza desde la encarnación y tiene su punto culminante en el misterio pascual de su muerte y resurrección.
Su humillación (kenosis) de la encarnación y de la muerte se convierte en glorificación suya y de toda la humanidad en él.

Jesús es sacerdote y víctima, desde el día de la Encarnación. Esta realidad del sacrificio se hace presente en la Eucaristía a través el ministerio de los sacerdotes ordenados.

"En razón del sacerdocio conferido y afirmado por el Espíritu Santo, reciben el poder de concebir en cierto sentido al Verbo hecho carne en la Misa, en donde se renueva mi Encarnación, Pasión y muerte" (CC. 50, 235).

Encarna el Sacerdote a Jesús en la hostia, mas como él se vuelve Jesús, se vuelve hostia, y al ofrecer la hostia al Padre, transformado en Jesús, también es hostia, también es víctima" (CC. 50, 190).

 Su amor especial a los sacerdotes.
 Del amor de Cristo al Padre en el Espíritu Santo, y del amor a las almas, a María y a la Iglesia, nace el amor especial para con los sacerdotes. "Yo amo a los ministros de mi Iglesia, como a las niñas de mis ojos, y por lo mismo, más me duelen las ofensas hechas por ellos a lo que más amo y ellos debieran amar" (Vida 9, 359; CC. 35, 102-108): "El Padre se los dedicó eternamente al Espíritu Santo; porque yo, el Hijo, los conquisté por mis infinitos méritos; porque el mismo Espíritu Santo, cuando encarnó al Divino Verbo en María, se gozó también en divinizar la vocación sacerdotal con el contacto del Verbo, el Sacerdote eterno, y puso en esa vocación una fibra de la fecundación del Padre y un reflejo de la pureza de su Inmaculada Esposa, imagen de la Iglesia... Nunca está sólo el sacerdote, sino que la Trinidad misma lo acompaña de una manera especial a todas partes, LO PROTEGE EN TODO MOMENTO y lo ama siempre." (A mis sacerdotes, 65). "Mis sacerdotes en la tierra, después de María, son la obra perfecta del Padre, por ser reflejo de su Hijo único... El padre sólo ve un Sacerdote en la multitud de sacerdotes; sólo me ve a Mí en los sacerdotes simplificados en Mí (ibídem, 72). "El Espíritu Santo tuvo parte activa en la creación del mundo. Al Espíritu Santo, que personifica al Amor, le fue dada la fecundidad realizada en María... Con el soplo del Espíritu Santo, fundé a mi Iglesia en mis sacerdotes amados; por eso la Iglesia también es fruto de amor, fecundación de amor en sus sacerdotes" (ibídem, 134).


 "Quien es llamado al ministerio no es 'dueño' de su vocación, sino administrador de un don que Dios le ha confiado para el bien de todo el pueblo, es más, de todos los hombres, también de aquellos que están alejados de la práctica religiosa y no profesan la fe en Cristo".  
El "hoy" humano de nuestro  sacerdocio esta inmerso en el "HOY" eterno de Cristo. 
¿que dificultad hay para que siendo yo tan pequeño pueda sumergirme en el mar inmenso de su Sacerdocio Eterno?.
En mi "hoy" y "aquí" puedo hacerlo presente y sin embargo mi presencia temporal, ni aumenta ni disminuye en nada su Tiempo.
¿que dificultad hay para que se unifiquen, también en mi la voluntad humana con la divina,  como fue siempre en Cristo Jesús, si, bajo el influjo de Espíritu Santo, entregándote totalmente la mía queda solo la tuya?.



Jesús

“Tu, Jesús, venciste al mundo  solo para dar gloria a tu Padre, devolviéndole puro lo manchado, lavando con tu sangre los crímenes del hombre y dejándole una doctrina salvadora que lo condujera al cielo”. Solo Tu puedes desarmar la Justicia Divina.


El sacerdocio ministerial

Alter Christus, el sacerdote está profundamente unido al Verbo del Padre, que al encarnarse tomó la forma de siervo, se convirtió en siervo (cf. Flp 2, 5-11). El sacerdote es siervo de Cristo, en el sentido de que su existencia, configurada ontológicamente con Cristo, asume un carácter esencialmente relacional: está al servicio de los hombres en Cristo, por Cristo y con Cristo. Precisamente porque pertenece a Cristo, el sacerdote está radicalmente al servicio de los hombres: es ministro de su salvación, de su felicidad, de su auténtica liberación, madurando, en esta aceptación progresiva de la voluntad de Cristo, en la oración, en el "estar unido de corazón" a El. Por tanto, esta es la condición imprescindible de todo anuncio, que conlleva la participación en el ofrecimiento sacramental de la Eucaristía su configuracion con la obediencia del Hijo y la obediencia dócil a la Iglesia.


El sacerdocio místico.
Un desposorio y una Misa: tal es el dolor para las almas transformadas.

DIOS EN SU INESCRUTABLE PROVIEDENCIA QUIZO UNIR A SU IGLESIA A LA PASION DE CRISTO.

Todas las celestiales prerrogativas del dolor nacen de que Jesús se desposo indisolublemente con el en la cumbre del Golgota y le comunico su belleza y su dulzura e hizo de el algo sagrado, trocandolo en sacrificio y algo fecundo, convirtiéndolo en el manantial perenne de la verdadera vida. Y para perpetuar ese misterio hizo inmortal su dolor en la Eucaristía y en las almas.

Las almas que han recibido la revelación del misterio, al abrazarse a la Cruz, sienten la unción de las cosas santas, la emoción de las cosas bellas, la hartura de las cosas fecundas, la suavidad del amor profundo y la dicha inenarrable del amor cumplido.
Por eso en la escuela de Jesús se sufre con suavidad, con paz, con gratitud, con alegría.

Este es el modo divino de sufrir. Así sufrió Jesús: con divina impaciencia esperaba, como el dijo, su bautismo de sangre. Cifro en la Cruz la dicha de su alma y con una paz intima, con una suavidad del cielo subió al Calvario y ofreció su sacrificio.
Conforme a este modelo debe sufrir el alma que ha recibido la encarnación mística: con deseo ardiente, con santa impaciencia, con arcana alegría. Como quien se abraza de la dicha, debe abrazarse de la Cruz.

Podríamos decir Parodiando el Ave Maria
El Señor Dios, esta contigo, bendita tu, y bendito el fruto de tu desposorio místico con la Cruz : Jesús Sacerdote y Victima que va a sacrificarse en el ara de tu alma para ser causa de bendición para todos tus hermanos. 
"yo pongo el dolor y El el merito", yo mi dolor abrazando la cruz que Dios me envié, y El, el merito trocandolo en sacrificio. Viene Jesús a aquella persona para hacerla suya, para santificar su dolor clavándose con ella en la misma Cruz, a unir mi cruz a la suya para darle valor, a sufrir porque nos ama, a sufrir vivamente en los que le aman y luego:  a ofrecerse juntamente con cada uno en el único y eterno sacrificio, el que se ofreció una vez en la Cruz y se renueva cada día en la Eucaristía.  
Como dice al principio: el dolor es para las almas transformadas es "Un desposorio y una Misa".

Sin duda que por nosotros mismos no podemos, ya no se diga dar al vida a las almas, pero ni siquiera hacerles el bien. La paternidad o la maternidad espiritual de la criatura, no nace del fondo de su miseria, sino que viene del Padre. "Porque uno solo es vuestro Padre que esta en los cielos"; pero por el reflejo de esa paternidad puede Dios, asociarnos a sus obras, hacernos instrumentos de su acción y participes de sus maravillas: podemos hacer el bien a las alms, darles la vida, y hasta llamarnos padres, como se llamo a si mismo San Pablo cundo dijo a los corintios: "Yo os he engendrado en Cristo Jesús por el Evangelio.
El alma que ha recibido de Dios el don de la maternidad espiritual tiene estrechas relaciones con las almas en las que influye sobrenaturalmente de las que brota el amor maternal con sus propios caracteres y su santa eficacia. El amor humano es interesado, el amor sobrenatural busca al necesitado, al enfermo al desahuciado, porque ha superado lo humano. 

La ternura hacia las almas es una de las prerrogativas y los consuelos de esta gracia que compensa divinamente las lagrimas y los dolores que se sufren por las almas.
El Padre ama por nuestro corazón, hecho maternal , a su Jesús que vive en las almas.
Para que el ama que ha recibido ese don se entregue sin temor a ese afecto santo, necesita tener conciencia de su maternidad y de los derechos y deberes que tal prerrogativa trae consigo: Entre otros el derecho y el deber de amar con la eficacia, con la abnegación, la ternura del amor maternal a las almas que Dios le ha dado por hijas.
Y lo que tiene de admirable esa ternura es que al derramarla en las almas el santo y puro afecto que va hacia las almas, no se detiene en ellas , sino que en lugar de ellas encuentra a Jesús , como si las almas fueran únicamente pretextos para ir a El, caminos para buscarlo, que nos ponen en comunicación intima y deliciosa con El.



La Encarnación Mística.

"Vivo yo, ya no yo, es Cristo quien vive en mi".  
Yo en Ti y Tu en mi,  yo para Ti y Tu para mi,  yo contigo y Tu conmigo. 
Inefable  reflejo de la vida en Dios: El uno con el otro,  el uno para el otro, el uno en el otro.



La mirada del Padre.


 La mirada que da la verdadera vida es la mirada del Padre, porque da a Jesús que es la vida. El cielo consiste en en recibir eternamente la mirada del Padre y corresponder a Ella. 
Ser mirado por el Padre es recibir de su infinito entendimiento Jesús, el esplendor del Padre y la figura de su su sustancia. 
Es recibir esa mirada que nos llena de belleza, de divinidad, de vida y devolverle otra de gratitud, de admiración, de entrega, que establece un lazo de Amor entre Dios y su criatura.   Si una sola vez el Padre la hubiera mirado con esa mirada inefable, bastaría para que el alma eternamente se lo agradeciera; pero esa mirada es constante e inmortal. 
Es el reflejo de la fecundidad del Padreque comunica al alma el matiz y colorido, algo, en cierto sentido, del amor mismo del Padre.


Y porque el Padre la miro y la vistió de gracia por eso la ama. El Padre la ama porque ama a Jesús que vive en ella. Porque tiene grabada en sus íntimos senos toda la divina fisonomía de Jesús.
Ni es obstáculo para que el alma sea bella y se amada la miseria nativa , porque, como la esposa de los cantares, "es negra pero hermosa", negra por su miseria, hermosa por la divina mirada, como es bella la mas negra nube bañada de sol.
El alma que ha recibido la mirada del Padre es hermosa como la Luna; la divina mirada no solamente la baña con la luz de la vida, sino que le otorga la prerrogativa de difundir en otras almas esa luz fecunda.
"El Padre nos engendro por medio del Evangelio, para que fuéramos como las primicias de sus criaturas, leemos en las Escrituras. Si, pero, San Pablo también afirma a los Corintios: " ...podrán tener mil pedagogos, pero, yo os engendre para Cristo por medio del Evangelio.


Vivir bajo la mirada del Padre es recibir sin cesar su don, es poseer a Jesús, termino y fruto precioso de esa mirada. El Padre nos miro o miro a Jesús en nuestras almas el día de nuestro Bautismo, y esa misma mirada,  cuando se posa en un alma purificada , produce en ella la plenitud de la luz, del amor, de la divina Fecundidad, transforma al alma en Jesús, y es en ciertas almas elegidas en que llega a su plenitud, entonces se le a llamado así"Encarnación Mística". Cuando Las almas transformadas reciben en la intima mirada del Padre la Imagen perfecta de su Verbo que les da la perfecta adopción de los hijos, que los hace de manera inefable Jesús.

Pero, ¿como es esa mirada del Padre, para el alma transformada?.
Es de amor, de amor de predilección, de amor infinito que elige entre millones al alma afortunada y la envuelve en una ternura incomprensible.
No es una simple mirada de amor, sino una mirada que transforma, que diviniza, que funde al alma con Dios en un abrazo inenarrable. Es el Amor mismo que envuelve a la pobre criatura con su emanación celeste, que la posee, que la llena, que la hunde en el misterio insondable de la divinidad. 

Enseña la iglesia que el Hijo procede del Padre por vía del entendimiento , que es el termino personal del conocimiento del Padre, Su Verbo.
El termino metafórico  para expresar ese acto único de conocimiento "nocional", es la mirada. En esa mirada nos ve a nosotros y ve todas las cosas; y viéndolas pone en todas ellas un vestigio, una semejanza de su Verbo. Y en el orden de la Gracia, una Imagen de El, por la cual somos sus hijos de adopción.
Esa mirada del Padre ilumina y hermosea el alma afortunada hasta hacerla Jesús, pues pone en ella  la Imagen de El, una imagen de luz celestial que da al alma la belleza misma de su amado.
Mientras nuestra vida cristiana es imperfecta, Dios siempre esta conmigo, esta en mi, es para mi, pero yo no siempre soy para El, ni estoy con El, ni en El; ando por otras partes, busco otras cosas, !soy tan para mi!: Trabajo para mi, no para el Señor, ni para los demás
Mas cuando la vida cristiana llega a su perfección: Tu estas en mi y yo soy para Ti:   Yo  estoy contigo y Tu conmigo, yo estoy en Ti y Tu en mi,  yo soy para Ti y Tu para mi "Vivo yo, ya no yo, es Cristo quien vive en mi". Dichos en esta vida y en la otra el que vive para el Señor.
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El nombre "Encarnación mística".
Bien vistas las cosas, la Encarnación Mística no es otra cosa que la ultima perfeccionen la tierra del dogma de nuestra incorporación a Cristo para formar un Cuerpo Místico.

El Verbo se unió hipostáticamente a su Humanidad Sacratísima para que, por medio de esta, pudiera unirse a todos los hombres en estado de graciahacerlos suyosmiembros vivos  de su Cuerpo Místico, otros Cristos, o mejor, un solo Cristo prolongado.

Esta unión no es  hipostática o sea personal (cada uno conserva su propia persona), pero si es una unión vital. CRISTO SE UNE A NOSOTROS, NOS INCORPORA EL, nos comunica su misma vida.  Para qué?. Para completar su misión, la de salvar al mundo por la Cruz.


Por eso dice San Pablo que completa en su cuerpo lo que le falta ala pasión de Cristo en favor de de su cuerpo que es la Iglesia. 


!El amor de Padre!.
Es Jesús quien dice a una de estas almas (Conchita Armida): “Voy a hablar ahora de ese amor divino de paternidad que me enajena, que me subyuga, que me hace estremecer aun en mi ser de Hombre-Dios y que hace la eterna felicidad del Verbo: !El amor de mi Padre!.
Esa fibra de ese amor, ese reflejo del amor del Padre al Verbo, ese germen santo de su fecundidad  que ha puesto en el alma de las encarnaciones místicas, me atrae, me enamora, y en la tierra causa mis más especiales delicias.
El reflejo de la fecundidad del Padre, que comunica al alma el matiz y colorido, y algo, en cierto sentido, del amor mismo del Padre.

Cierto que con mis sacerdotes tengo una fraternidad especial por ese vínculo con María y por tener un mismo Padre en los cielos; pero en razón del sacerdocio conferido y afirmado por el Espíritu Santo, reciben en poder como de concebir, en cierto sentido, al Verbo hecho carne, En la Misa, en donde se renueva mi Encarnación, mi Pasión y mi muerte.

Así es que todo sacerdote que reproduce a Cristo lleva el reflejo de María más marcado que nadie; y por tanto debe ser como un trasunto de María , la criatura de la tierra más transformada en Mi.
Nadie que no tenga esta transformación puede recibir ampliamente la encarnación mística en su Corazón; y el sacerdote esta obligado, por esta circunstancia más, a transformarse en Mi, si tiene que ser María, si quiere acariciarme con la ternura y el amor y pasión divina y humana de María.
Cada Obispo, cada sacerdote participa en cierto grado y sentido de la maternidad de María.
Cierto que el germen de esta gracia insigne la tienen todos los sacerdotes, la llevan en su sangre, por decirlo así, al recibir la ordenación, el soplo fecundo del Espíritu Santo; porque ese soplo siempre comunica al Verbo, única cosa que Dios puede producir, y en el Verbo todas las cosas.
Una simple visita al Santísimo Sacramento, un tiempo de oración, una adoración, dejan indudablemente huellas en nuestra alma, no huellas del recuerdo, sino un germen de actividad, una chispa de fuego, un rayo de luz, algo de perfume divino de Jesús, un germen divino.

Pero este germen se desarrollará mas y mas  por las gracias especiales y gratuitas del Espíritu Santo. Llevan los sacerdotes el germen; pero el desarrollo de esta gracia solo la efectúa el Espíritu Santo, y exige del alma ciertas condiciones, y extiende su realización plena y su eficacia como don regalado al alma escogida a quien le place darlo.

Quiero una reacción poderosa en los sacerdotes actuales, y para esta reacción les he ofrecido estas confidencias (Cristo a sus sacerdotes a través de Conchita Cabrera de Armida) poderosos medios para su transformación en Mi”.
Y aun para darme futuros sacerdotes santos según el ideal que persigo deben formar ese ideal en si mismos; deben perfeccionar más y más su transformación en Mi, ahondar los puntos de intimidad Conmigo, de recogimiento y oración, de pureza de alma y de metrificación, de hijo perfectos de María, ser otros Jesús en la tierra, formar en la unidad un solo Jesús Salvador conmigo.
Todas las almas deben formar esa comunidad; pero, !cuanto más mis sacerdotes, unos Conmigo y destinados a formar un solo cuerpo en Cristo, una sola alma en el Espíritu Santo!.



20 de junio de 2015
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"Por el Espíritu Santo se ofreció a si mismo inmaculado a Dios".


Hebreos: 2, 5-12
Convenía que Dios consumara en la perfección, mediante el sufrimiento, a Jesucristo, autor y guía de nuestra salvación.

A Jesús, que por haber sufrido la muerte, está coronado de gloria y honor. Así, por la gracia de Dios, la muerte que El sufrió redunda en bien de todos.
En efecto, el creador y Señor de todas las cosas, quiere que todos sus hijos tengan parte en su gloria. Por eso convenía que Dios consumara en la perfección, mediante el sufrimiento, a Jesucristo, autor y guía de nuestra salvación.
El santificador y los santificados tienen la misma condición humana. Por eso no se avergüenza de llamar hermanos a los hombres, cuando dice: Hablare de ti a mis hermanos; en medio de la asamblea te alabare.

Por eso el centro de su vida en la Iglesia Católica es la Misa y la participación mística del sacrificio de Jesús en cada alma. 
A través de la Iglesia, el Misterio de la Encarnación permanece presente para siempre. Cristo sigue caminando a través de los tiempos y de todos los lugares.

 ! DIOS ESTA CONTIGO !. Te lleva en su pensamiento y en su corazón, y su Corazón nos ama  siempre, sea cual fuere nuestra bondad, sea cual fuere nuestra miseria. Y tu también lo llevas a El, y puedes amarlo mientras tu quieras. Mientras no te separes de El por el pecado, o no vuelvas a El por el arrepentimiento. 


La Unidad, la Paz, la Evangelización, la vida y todo, es al mismo tiempo DON y Tarea. Don gratuito y generoso; tarea irreemplazable e ingente. Como don, recibirlo, agradecerlo, pedirlo; como tarea cumplirla, amarla, vivirla.


Y si la muerte y Resurrección y Glorificación de Cristo a la derecha del Padre, son causa de Vida eterna para nosotros, realizado su supremo sacrificio, no le quedaba a Jesús otra cosa que perpetuarlo, y lo perpetuo de dos maneras: en al Eucaristía y en las almas. 

Por eso el centro del culto católico en la Iglesia es la Misa y con ella la participación mística del sacrificio de Jesús en cada alma: Cristo se une a nosotros, nos incorpora a El , nos comunica su misma vida , conservando su persona, cada uno, vive la misma vida de Cristo para completar su misión: la de salvar al mundo por la Cruz.  

Si la Cruz fue el centro de la devoción al Padre en Jesús, tiene que serlo también en nosotros: Con Cristo estoy crucificado... y vivo, pero no yo, sino que es Cristo el que vive en mi;  la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amo y se entrego a Si mismo por mi. Galatas 2, 19b +20

Cada alma, y de manera muy especial cada sacerdote, debe llevar en si el reflejo intimo de la Cruz, y cada alma debe corresponder al sacrificio de Jesús con su propio sacrificio, para continuar su misión de salvar a las almas por la Cruz.



Hebreos: 5, 1-10
A pesar de ser el Hijo de Dios, aprendió a obedecer padeciendo.
Hermanos: Todo sumo sacerdote es un hombre escogido entre los hombres y estáconstituido para intervenir en favor de ellos ante Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que el mismo está envuelto en debilidades.
Por eso, así como debe ofrecer sacrificios por los pecados del pueblo, debe ofrecerlos también por los suyos propios.
Nadie puede apropiarse ese honor, sino solo aquel que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. De igual manera, Cristo no se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote; se la otorgó quien le había dicho: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. O como dice otro pasaje de la Escritura: Tú eres sacerdote eterno, como Melquisedec.
Precisamente por eso, durante su vida mortal, ofreció oraciones y súplicas, con fuertes voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de la muerte, y fue escuchadopor su piedad (con la Resurrección). A pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y llegado a su perfección, se convirtió en la causa de la salvación eterna para todos los que lo obedecen y fue proclamado por Dios sumo sacerdote, como Melquisedec.





"Jesús es como nosotros. Jesús vivió como nosotros. Es igual a nosotros, en todo, en todo menos en el pecado, porque él no era pecador. Pero para ser más igual a nosotros, se vistió, asumió nuestro pecado. Se hizo pecado. Y eso lo dice Pablo, que lo conocía muy bien.
El castigo del pecado es la muerte, el don de la Gracia la Resurrección:
 El que vive para si mismo encuentra un hasta aquí para sus veleidades. El que vive para los demás y para Dios alcanza una recompensa eterna que nunca soñó.



La Unidad, la Paz, la Evangelizacion, la vida y todo, es al mismo tiempo DON y Tarea. Don gratuito y generoso; tarea irremplazable e ingente. Como don, recbirlo, agradecerlo, pedirlo; com tarea cumplirla, amarla, vivirla.




Hebreos: 7, 23-8, 6
Cristo se ofreció a sí mismo en sacrificio de una vez para siempre.
Hermanos: Durante la antigua alianza hubo muchos sacerdotes, porque la muerte les impedía permanecer en su oficio. En cambio, Jesucristo tiene un sacerdocio eterno, porque El permanece para siempre. De ahí que sea capaz de salvar, para siempre, a los que por su medio se acercan a Dios, ya que vive eternamente para interceder por nosotros.
Ciertamente que un sumo sacerdote como este era el que nos convenía: santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores y elevado por encima de los cielos; que no necesita, como los demás sacerdotes, ofrecer diariamente víctimas, primero por sus pecados y después por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Porque los sacerdotes constituidos por la ley eran hombres llenos de fragilidades; pero el sacerdote constituido por las palabras del juramento posterior a la ley, es el Hijo eternamente perfecto.


Ahora bien, lo más importante de lo que estamos diciendo es que tenemos en Jesús a un sumo sacerdote tan excelente, que está sentado a la derecha del trono de Dios en el cielo, como ministro del santuario y del verdadero tabernáculo, levantado por el Señor y no por los hombres.



Hebreos: 10, 1-10
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Hermanos: Puesto que la ley de la antigua alianza no contiene la imagen real de los bienes definitivos, sino solamente una sombra de ellos, es absolutamente incapaz, por medio de los sacrificios, siempre iguales y ofrecidos sin cesar año tras año, de hacer perfectos a quienes intentan acercarse a Dios. Porque si la ley fuera capaz de ello, ciertamente tales sacrificios hubieran dejado de ofrecerse, puesto que los que practican ese culto, de haber sido purificados para siempre, no tendrían ya conciencia de pecado. Por el contrario, con esos sacrificios se renueva cada año la conciencia de los pecados, porque es imposible que pueda borrarlos la sangre de toros y machos cabríos.

Sacerdote y victima.
Por eso, al entrar al mundo, Cristo dijo, conforme al salmo: No quisiste víctimas ni ofrendas; en cambio, me has dado un cuerpo. No te agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado; entonces dije —porque a mí se refiere la Escritura—: "Aquí estoy, Dios mío; vengo para hacer tu voluntad".
Comienza por decir: No quisiste víctimas ni ofrendas, no te agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado —siendo así que eso es lo que pedía la ley—; y luego añade: "Aquí estoy, Dios mío; vengo para hacer tu voluntad".
Con esto, Cristo suprime los antiguos sacrificios, para establecer el nuevo. Y en virtud de esta voluntad, todos quedamos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez por todas.
Hebreos: 10, 11-18
Cristo hizo perfectos para siempre a los que ha santificado.
Hermanos: En la antigua alianza los sacerdotes ofrecían en el templo, diariamente y de pie, los mismos sacrificios que no podían perdonar los pecados. Cristo, en cambio, ofreció un solo sacrificio por los pecados y se sentó para siempre a la derecha de Dios; no le queda sino aguardar a que sus enemigos sean puestos bajo sus pies. Así, con una sola ofrenda, hizo perfectos para siempre a los que ha santificado.
Lo mismo atestigua el Espíritu Santo, que dice en un pasaje de la Escritura: La alianza que yo estableceré con ellos, cuando lleguen esos días, palabra del Señor, es ésta: Voy a poner mi ley en lo más profundo de su mente y voy a grabarla en sus corazones. Y prosigue después: Yo les perdonaré sus culpas y olvidaré para siempre sus pecados. 

Jesucristo nos da el don de su perdón  misericordioso y nos hace sentir que el amor es más fuerte que el pecado cometido, nos  libera de cuanto nos impide permanecer en su amor y nos devuelve la alegría y el entusiasmo de anunciarlo a los demás con corazón abierto y generoso. 

 Uno no es obispo, presbítero o diácono porque sea más inteligente o tenga más talentos que los demás, sino en virtud del poder del Espíritu Santo y para el bien del santo Pueblo de Dios.


Podemos decir de verdad con san Pablo: Cristo nos ha confiado el ministerio de la  reconciliación  (2 Co 5, 18). Y nos ha dicho: Aquellos a quienes les perdonen los  pecados les serán perdonados (Jn 20, 22).


 El Señor continúa a pastar su rebaño a través del ministerio de los obispos, asistidos por los presbíteros y de los diáconos. Es en ello que Jesús se hace presente, en el poder de su Espíritu, y continúa sirviendo la Iglesia, alimentando en ella la fe, la esperanza y el testimonio en la caridad. Estos ministerios, constituyen por tanto, un gran don del Señor para cada comunidad cristiana y para toda la Iglesia, en cuanto que son un signo vivo de su presencia y de su amor. 


El apóstol exhorta a reavivar continuamente el don que ha sido recibido. Esto significa que debe estar siempre viva la conciencia de que no se es obispo, sacerdote o diácono porque se es más inteligente, más bueno o mejor que los otros, sino debido a la fuerza de un don, un don de amor otorgado por Dios, en el poder de su Espíritu, por el bien de su pueblo.
Un amor que convierte la fe en amistad.

La conciencia de que todo es don, todo es don, todo es gracia, ayuda a un Pastor también a no caer en la tentación de ponerse en el centro de atención y de confiar solamente en sí mismo.







Primer Mensaje del Nuncio Apostólico
Cuerna vaca, Mor., 28 de marzo de 2013

Queridos sacerdotes y hermanas y hermanos todos.
Llevando grabadas en su conciencia y en su corazón las palabras del profeta Isaías, Jesús entró aquel día en la Sinagoga de Nazaret para, leyendo esas mismas palabras, hacer el anuncio que todos esperaban, pero que, luego, no todos aceptaron: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. Y ¿qué pasaje había proclamado Jesús? “El Espíritu del Señor está sobre mí –había dicho-, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Nueva a los pobres”Palabras con las cuales se presentaba al pueblo como el Ungido y Enviado para ungir y enviar. Unción y envío para ungir al pueblo de Dios con el óleo de la realeza, de la Palabra y de los sacramentos. Unción y envío que el Señor quiso participar a nosotros, sus sacerdotes que hoy, reconociéndonos ungidos y enviados, celebramos el Memorial de su Pasión, muerte y Resurrección.
Consciente de ello, con la oración colecta la Iglesia, con gran confianza y humildad ha orado al Señor diciendo:
“Dios nuestro, que por la unción del Espíritu Santo, constituiste a tu Hijo Mesías y Señor, concédenos a nosotros que participamos de su consagración sacerdotal,dar testimonio en el mundo de su amor redentor”.

“Consagración sacerdotal” que no es sino unción. Unción que es consagración de la cual nos habla no solo el profeta Isaías, sino también el Salmo 88. Unción a Jesús, pero, por Él y en Él, unción también dada a nosotros por el Espíritu Santo el día de nuestra ordenación sacerdotal. Unción no limitada al momento físico en que se llevó a cabo, sino que se extiende a lo largo de toda la vida para la realización de la misión que el Padre encomienda llevar en el mundo a cada uno.

He encontrado a David, mi servidor, y con mi aceite santo lo he ungido”, dice el Salmo. Unción que es para siempre y a la cual va unida la promesa del Señor: lo sostendrá mi mano y le dará mi brazo fortaleza. Contará con mi amor y lealtad y su poder aumentará en mi nombre. Él me podrá decir: Tú eres mi padre, el Dios que me protege y me salva. Es Dios mismo quien asegura que su amor fiel acompañará y sostendrá en todo momento y para siempre al ungido; quien asegura, también a cada uno de nosotros que su amor fiel nos acompañará y sostendrá a lo largo de toda nuestra vida humano-sacerdotal.
“Dios nuestro” -hemos pedido-, “concédenos a nosotros que participamos de su consagración sacerdotal, dar testimonio en el mundo de su amor redentor”. Y es como si dijéramos: concédenos a nosotros, ungidos, ungir a nuestro pueblo. Concédenos a nosotros, consagrados, consagrar a ti nuestro mundo.

En el Cenáculo, la tarde antes de su pasión, el Señor oró por sus discípulos reunidos en torno a Él, pero con la vista puesta al mismo tiempo en la comunidad de los discípulos de todos los siglos (cf. Jn 17,20). Lo hizo pidiéndole a su Padre Dios: «Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad» (17,17ss). El Señor pidió así nuestra consagración en la verdad. Esto es, pidió que la unción del Espíritu Santo sobre cada uno de nosotros, alcance su dimensión más profunda y amplia. Y nos envió para continuar su misma misión. Nos envía, ungidos, esto es, consagrados, sacados del mundo y entregados al Dios vivo, para salir a ungir.

En el Antiguo Testamento, la entrega de una persona a Dios, es decir, su «consagración», se identifica con la Ordenación sacerdotal. Y el sacerdocio, en efecto, es un paso de propiedad, un ser sacado del mundo y entregado a Dios. Un ser entregados a Dios, para, también y precisamente así, a partir de Dios, quedar disponibles para los otros, para todos. Hemos, pues, sido ungidos, hermanos, para ungir al pueblo de Dios. Hemos sido consagrados, para salir al mundo, a fin de ungir, de consagrar el mundo a Dios.


IDENTIDAD   SACERDOTAL
Cristo es sacerdote porque es el Redentor del mundo. En el misterio de la Redención se inscribe el sacerdocio de todos los Presbíteros. 
Los sacerdotes,  Objeto del Amor de predilección que Dios tiene sobre los pequeños, configurados con Cristo Sumo y Eterno Sacerdote,  son elevados el día de su Ordenación a la grandeza de hijos en el Hijo para tener parte en su eterno Sacerdocio en favor de los hombres.
Ya veras si la Iglesia tendrá un sublime y santísimo fin en sus sacerdotes; nada menos que la extensión de un Dios hecho Hombre en ellos, y por ellos, usando la misma fecundación divina en las almas.
El sacerdocio, desde sus raíces, es el sacerdocio de Cristo. El es quien ofrece al Padre el sacrificio de Si mismo, de su carne y de su sangre, y con su sacrificio justifica a los ojos del Padre a toda la humanidad e indirectamente a toda la creación.
El sacrificio del Cordero inmolado, que transforma la mayor iniquidad en un acto supremo de amor

"La redención, el precio que debía pagarse por el pecado, lleva consigo también un renovado descubrimiento , como un nueva creación de todo lo que ha sido creado: el descubrimiento del hombre como persona, del hombre creado por Dios varón y mujer, el descubrimiento, en su verdad profunda, de todas las obras del hombre, de su cultura y civilización, de todas sus conquistas y actuaciones constructivas. (San Juan Pablo II Don y Misterio)

"Cada vocación es para la misión y la misión de los ministros ordenados es la evangelización, en todas sus formas"


Ahora bien, para el sacerdote ser "voz" de la Palabra no constituye únicamente un aspecto funcional. Al contrario, supone un sustancial "perderse" en Cristo, participando en su misterio de muerte y de resurrección con todo su ser: inteligencia, libertad, voluntad y ofrecimiento de su cuerpo, como sacrificio vivo (cf. Rm 12, 1-2). Sólo la participación en el sacrificio de Cristo, en su kénosis, hace auténtico el anuncio. Y este es el camino que debe recorrer con Cristo para llegar a decir al Padre juntamente con él: "No se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú" (Mc 14, 36). Por tanto, el anuncio conlleva siempre también el sacrificio de sí, condición para que el anuncio sea auténtico y eficaz.

Alter Christus, el sacerdote está profundamente unido al Verbo del Padre, que al encarnarse tomó la forma de siervo, se convirtió en siervo (cf. Flp 2, 5-11). El sacerdote es siervo de Cristo, en el sentido de que su existencia, configurada ontológicamente con Cristo, asume un carácter esencialmente relacional: está al servicio de los hombres en Cristo, por Cristo y con Cristo. Precisamente porque pertenece a Cristo, el sacerdote está radicalmente al servicio de los hombres: es ministro de su salvación, de su felicidad, de su auténtica liberación, madurando, en esta aceptación progresiva de la voluntad de Cristo, en la oración, en el "estar unido de corazón" a él. Por tanto, esta es la condición imprescindible de todo anuncio, que conlleva la participación en el ofrecimiento sacramental de la Eucaristía y la obediencia dócil a la Iglesia.

Somos los amigos del Novio, esa es nuestra alegría. Si Jesús está pastoreando en medio de nosotros, no podemos ser pastores con cara de vinagre, quejosos ni, lo que es peor, pastores aburridos. Olor a oveja y sonrisa de padres... Sí, bien cansados, pero con la alegría de los que escuchan a su Señor decir: «Venid a mí, benditos de mi Padre» (Mt 25,34).
Y  nuestro cansancio, queridos sacerdotes, es como el incienso que sube silenciosamente al cielo (cf. Sal 140,2; Ap 8,3-4). Nuestro cansancio va directo al corazón del Padre.


El santo cura de Ars repetía a menudo con lágrimas en los ojos: "¡Da miedo ser sacerdote!". Y añadía: "¡Es digno de compasión un sacerdote que celebra la misa de forma rutinaria! ¡Qué desgraciado es un sacerdote sin vida interior!". Que el Año sacerdotal impulse a todos los sacerdotes a identificarse totalmente con Jesús crucificado y resucitado, para que, imitando a san Juan Bautista, estemos dispuestos a "disminuir" para que él crezca; para que, siguiendo el ejemplo del cura de Ars, sientan de forma constante y profunda la responsabilidad de su misión, que es signo y presencia de la misericordia infinita de Dios. Encomendemos a la Virgen, Madre de la Iglesia, el Año sacerdotal recién comenzado y a todos los sacerdotes del mundo.



SACERDOTE SANTO
"Es una sorpresa muy grande para todos, nadie lo esperaba. una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia
esta decisión pone de relieve la profunda espiritualidad del Santo Padre, la lucidez con que ha tomado esta determinación y su gran amor a la Iglesia a la que ha querido servir siempre con la máxima entrega en los diversos ministerios que el Señor le ha confiado. Ahora desde lo alto de su nueva cruz sufriendo y rezando al cazara para la Iglesia de Cristo la victoria que viene de Dios.

DIOS NOS HA ELEGIDO PARA SU SERVICIO
Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando.
Para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor... vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer desarrollar el encargo que se me ha confiado.
Lo he hecho con plena libertad por el bien de la Iglesia, tras haber orado durante mucho tiempo y haber examinado mi conciencia ante Dios, muy consciente de la importancia de este acto, pero consciente al mismo tiempo de no estar ya en condiciones de desempeñar el ministerio petrino con la fuerza que éste requiere. Me sostiene y me ilumina la certeza de que la Iglesia es de Cristo, que no dejará de guiarla y cuidarla. Agradezco a todos el amor y la plegaria con que me habéis acompañado. Gracias.


¿Señor a quien iremos?.
Tu expías nuestras culpas, suples nuestras deficiencias, das valor divino y sobrenatural a nuestros actos. Solo Tu puedes sacarnos de nuestros errores.  

No viniste a solucionar conflictos económicos o sociales. Viniste a resolver el problema del hombre que es el pecado y la muerte:  “Con su muerte destruyó el pecado. Con su Resurrección destruyó la muerte”.
“Yo, Jesús, vine al mundo  solo para dar gloria a mi Padre, devolviéndole puro lo manchado, lavando con mi sangre los crímenes del hombre y dejándole una doctrina salvadora que lo condujera al cielo”.
Solo Tu puedes desarmar la Justicia Divina.
“Reclamar al cielo con Tu sangre perdón y Misericordia”.
¿A quien podemos ACUDIR si Solo Tu tienes  “palabras de vida eterna”?.
https://docs.google.com/document/d/1lbTOoPwxtqLrNTiSTmbXeFvH-vi0m8MdfvPvHwMkFZw/edit


DESARROLLO

EL AÑO DE LA FE
IDENTIDADES
QUIEN ES JESUS
1.1   El Mesías prometido.
1.2   El nuevo Moisés
1.3   El Salvador de todos los hombres
1.4   La Palabra de Dios.
1.5   El Hijo de Dios hecho hombre
1.6   La Segunda Persona de la Santísima Trinidad    
1.7   El centro de la Historia


CUAL ES SU MISIÓN
2.1   La gloria del Padre
2.2   La redención de la humanidad
2.3   Acercarnos a Dios
2.4   La salvación definitiva


COMO LA REALIZA
3.1    Haciéndose hombre.
3.2    Uniéndose a la humanidad
3.3    Formado su Iglesia
3.4    Dejándonos su Doctrina
3.5    Dejándonos los sacramentos
3.6    Quedándose con nosotros
3.7    Incorporándonos a Él como cuerpo suyo
3.8    Participándonos su pureza

3.9     Muriendo y Resucitando
3.10   Dejándonos una Madre
3.11   Transformándonos en El por el Espíritu  

3.12   Volviendo glorioso El último día.

CUAL ES EL PAPEL DE JESÚS
4.1    El de María
4.2    El del Espíritu Santo
4.3    El de su Iglesia
4.4    El de los sacerdotes
4.5    El de los fieles.
5    IDENTIDAD SACERDOTAL
5.1   EL SECRETO PARA ATRAER A LAS ALMAS
5.2   Juan Pablo II.
5.3  LA LÓGICA DE DIOS ES SIEMPRE 'OTRA' RESPECTO A LA NUESTRA
5.4   JUAN PABLO  I
CONSEJOS PRÁCTICOS A LOS SACERDOTES
5.5    IDENTIDAD SACERDOTAL
6   EL REINADO UNIVERSAL DEL ESPÌRITU SANTO
6.1    EL DON DEL ESPÍRITU SANTO
6.2   EL ESPÍRITU SANTO EN  LOS SACERDOTES
6.3   EL REINADO DEL ESPÍRITU SANTO POR MARÍA Y POR LA CRUZ
6.4   HE AHÍ A TU MADRE
6.5   LA REALEZA DE MARÍA ES SERVICIO A DIOS Y A LA HUMANIDAD
6.6   EL ESPÍRITU SANTO Y MARÍA SALVARÁN AL MUNDO
7      LA CONSAGRACIÓN DEL MUNDO AL ESPÍRITU SANTO
7.1   CONVOCATORIA. Consagración de México al Espíritu Santo. 
7.2  CONSAGRACIÓN DE MÉXICO AL ESPÍRITU SANTO 2009

7.3  LA ERA DEL ESPÍRITU SANTO



EL AÑO DE LA FE
11 de octubre de 2012 - 24 de noviembre de 2013
El Año de la Fe, el recuerdo de la apertura del Concilio Vaticano II hace 50 años, debe ser para nosotros una ocasión para anunciar el mensaje de la fe con un nuevo celo y con una nueva alegría. Naturalmente, este mensaje lo encontramos primaria y fundamentalmente en la Sagrada Escritura, que nunca leeremos y meditaremos suficientemente.
El año de la Fe  tiene el objetivo de invitar a todos los miembros de la Iglesia a comprometerse para que sea una ocasión privilegiada para compartir lo más valioso que tiene el cristiano:  Jesucristo, Redentor del hombre, Rey del Universo, mirando al autor, Iniciador y consumador de nuestra la fe y de nuestra salvación, porque Dios , que es la fuente de todos los bienes, nos ha llamado a participar de su gloria eterna en unión con su Hijo Cristo Jesús a quien habiéndose propuesto el gozo, tomó la Cruz sin hacer caso de la ignominia y como premio, ahora esta sentado a la derecha de Dios.
El Año de la fe ofrecerá a todos los creyentes una buena oportunidad para profundizar en el conocimiento de los principales documentos del Concilio Vaticano II y el estudio del Catecismo de la Iglesia Católica.  Y también de escuchar asiduamente al Papa Catequista. “momento propicio para volver a proponer a todos el don de la fe en Cristo resucitado, la luminosa enseñanza del Concilio Vaticano II y la valiosa síntesis doctrinal ofrecida por el Catecismo de la Iglesia Católica”.
Este año será una ocasión propicia para acoger con mayor atención las homilías, catequesis, discursos y otras intervenciones del Santo Padre. Los pastores, personas consagradas y fieles laicos serán invitados a un renovado compromiso de adhesión eficaz y cordial a la enseñanza del Sucesor de Pedro.
Esto vale particularmente para los candidatos al sacerdocio, en especial durante el año propedéutico o los primeros años de estudios teológicos, para los novicios y novicias de los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, así como para aquellos que se preparan a entrar en una Asociación o Movimiento eclesial.
Será oportuno organizar en cada diócesis una jornada sobre el Catecismo de la Iglesia Católica, invitando a tomar parte en ella sobre todo a sacerdotes, personas consagradas y catequistas.
El Año de la fe desea contribuir a una renovada conversión al Señor Jesús y al redescubrimiento de la fe, de modo que todos los miembros de la Iglesia sean para el mundo actual testigos gozosos y convincentes del Señor resucitado, capaces de señalar la “puerta de la fe” a tantos que están en búsqueda de la verdad:
Dios, que es la fuente de todos los bienes, nos ha llamado a participar de su gloria eterna en unión con Cristo, y después de estos sufrimientos tan breves, los restaurará a ustedes, los afianzará, fortalecerá y hará inconmovibles. Suyos son la gloria y el poder para siempre
Nos llama el Papa a Invocar a la Virgen María, “para que en toda la Iglesia maduren vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales para el servicio de la nueva evangelización”.
Afirmó que “hoy vivimos en una época de nueva evangelización”: “Vastos horizontes se abren al anuncio del
Evangelio, mientras regiones de antigua tradición cristiana están llamadas a redescubrir la belleza de la fe”, constató.
Y especificó quiénes son los agentes de la nueva evangelización, destacando: “Son protagonistas de esta misión hombres y mujeres que, como san Pablo, pueden decir: “Para mí vivir es Cristo”. Personas, familias, comunidades que aceptan trabajar en la viña del Señor, según la imagen del Evangelio de este domingo”.
Según el Pontífice, las personas que deben llevar a cabo la nueva evangelización son “trabajadores humildes y generosos que no piden otra recompensa que la de participar en la misión de Jesús y de la Iglesia”.
Después subrayó que “San Pablo era un hombre que condensaba en sí mismo tres mundos: el judío, el griego y el romano”.
Y añadió: “No por casualidad Dios le confió la misión de llevar el Evangelio desde Asia Menor a Grecia y después a Roma, construyendo un puente que habría proyectado el Cristianismo hasta los extremos confines de la tierra”.
“Él nos ha dado diversos carismas, ha asignado diversas tareas y ha determinado diversos tiempos de su cumplimiento -explicó-. Sin embargo, si asumimos la obra de nuestra vida
con plena dedicación, nos espera la misma pagala alegría de la eterna participación en la bondad del Señor”.
A 50 años del Concilio Vaticano II la humanidad sufre las consecuencias de un orden temporal que algunos han querido organizar prescindiendo de Dios. S.S. Benedicto XVI a la XIII asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos que llevará por tema: “La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana”, y se realizará en el Vaticano del 7 al 12 de octubre de 2012.
Evangelización creativa para un cambio de época, en que los cambio de hoy son mucho más profundos. ?Con qué métodos hay que proclamar el Evangelio para que su poder sea eficaz?.
Se trata de ir a lo más sustancial de la vida cristiana. Ver como lo hacía Jesús y los primeros Cristianos. Actitudes, comportamientos, relaciones, criterios de juicio inspirados en el Evangelio.
Una oportunidad para comprender que los textos dejados por los Padre Conciliares, no pierden su valor ni su esplendor.
Una auténtica y renovada conversión al Señor.
Sentir de nuevo la necesidad de acercarse para escuchar a Jesús. El gusto por alimentarnos de la Palabra de Dios y del Pan de la Vida.
Redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe. Confesar la fe con plenitud, con confianza y esperanza, celebrarla, vivirla, orar . Que el testimonio de los creyentes sea cada vez más creíble. Reconocer el misterio insondable del entrelazarse de la santidad y el pecado. Mantener viva la memoria de Jesus. Mirar al Padre y con el fuego de su Espíritu encendernos en su amor.
Intensificar el testimonio de la Caridad. Testimonio creíble de los que iluminados en la mente y el corazón por la Palabra de Dios, son capaces de abrir la mente y el corazón de muchos al deseo de Dios y de la Vida Verdadera, esa que no tiene fin.



IDENTIDADES
Cristiano “Otro Cristo”.
El Cristiano es “Otro Cristo” porque Jesús, El que es Dios en el Seno del Padre desde la eternidad, haciéndose hombre en el seno de la Santísima Virgen  unió lo humano con lo divino,  por la Encarnación, para comunicarnos lo divino Incorporados a Él, Transformados en El, Consumándonos en El en la unidad de la Trinidad.
“Yo soy la Siempre Virgen María.
Madre del verdadero Dios por quien se vive”. Inmaculada  desde el primer instante de su ser. Llevada al Cielo en cuerpo y alma gloriosos. Verdadera madre de Dios y madre vuestra, medianera universal de todas las gracias y nuestra protectora, auxilio y defensa.
María la madre de Dios.
El primer padre de la Iglesia que escribe sobre María es san Ignacio de Antioquía (+ c. 110), quien contra los docetas, defiende la realidad humana de Cristo al afirmar que pertenece a la estirpe de David, por nacer verdaderamente de María Virgen.
Yo soy el Espíritu Santo.
Que procede del Padre y del Hijo, lazo de amor entre estas
dos Divinas Personas  y de la Trinidad toda con la Iglesia con
sus sacerdotes y la humanidad entera.
Yo soy el Padre Eterno.
De quien toda paternidad procede, por quien fueron hechas todas las cosas del cielo y de la tierra, principio y fin de todas las cosas. A quien todos debemos profunda adoración, amor filial, cumplimiento de su voluntad.
Yo soy la Santísima Trinidad.
El misterio inefable de la vida de DiosLa verdad suprema, la profunda, la fuente de toda verdad el misterio augusto de la santísima Trinidad, que es el principio de nuestra vida espiritual y será su término felicísimo en los cielos.
Yo soy la transformación.
Ha llegado el tiempo de impulsar el reinado del Espíritu Santo y poner una barrera inexpugnable a Satanás, espiritualizando las almas.Más para esto tengo que valerme de los instrumentos que más íntimamente me pertenecen - de los sacerdotes -, que son los indicados para la salvación del mundo; pero transformados en Mi por el Espíritu Santo.
Es una necesidad apremiante en grado sumo la que tiene mi Iglesia de sacerdotes santos; y nadie es santo, si no se transforma en Mi por el Espíritu Santo y por María. No hay que buscar otros medios, no hay que subir al Padre por otra escala, si no es por esa transformación.
Eso de la transformación no es una novedad.
Jesús quiere que todas las almas se unan a Él y que con Él formen todas una sola cosa.
No porque trate de unirse hipostáticamente con la humanidad, sino porque mediante la gracia y el amor, quiere Dios realizar en cada uno de nosotros como un trasunto de lo que realizó en Jesucristo.
Quiere que la unidad que existe entre la Divinidad y la humanidad de Jesucristo, sea imitada muy de cerca por esa otra unidad de gracia y de amor por la cual todos nosotros nos incorporamos a El y nos amamos entre sí.


"Dios ama a sus elegidos y cuida de ellos".

Y en los designios de Dios, todos tenemos que ser Jesús. Y esto no es una exageración, ni se trata de ninguna novedad. Recordemos lo que dice San Pablo: Hijitos míos a quienes engendró de nuevo hasta que se forme Cristo en vosotros. Luego en ellos se iba a formar Cristo y era lo que el Apóstol pretendía.
Antes de formarlo en ellos, el Apóstol lo había formado en si mismo. Vivo yo, ya no yo, ¡es Cristo el que vive en mi!. Por eso con razón se ha dicho que el cristiano es otro Cristo.:” Cristianus alter christus”. Todos seremos transformados por la victoria de Jesucristo, nuestro Señor"-- Benedicto XVI dijo, en la homilía de la celebración, que el significado de esta misteriosa transformación “se nos muestra de forma admirable en la historia personal de san Pablo”. “En la historia de este extraordinario evangelizador, es claro que tal transformación no es el resultado de una larga reflexión interior y menos el resultado de un esfuerzo personal. Es, ante todo, obra de la gracia de Dios que ha actuado conforme a sus inescrutables caminos”
Por otra parte, aunque es indudable que la transformación perfecta es difícil, quiero hacer notar que ya estamos en cierta manera transformados, por el germen de la transformación recibida en el bautismo.
Sobre la fuente Bautismal, se verifica el mismo prodigio que en el Bautismo de Jesús. Ahí estaba Jesús hundiéndose en las aguas, la divina Paloma se cernía sobre Él, y se escuchó la voz del Padre que decía: “Este es mi Hijo muy amado en quien me he complacido”Sobre toda fuente Bautismal se verifica el mismo prodigio, aun cuando no se vea con nuestros ojos mortales como se vio en el Jordán, pero real y verdaderamente ahí nos unimos a Jesús, somos sarmientos introducidos en la Vida para ser partícipes de su savia y de su vida; ahí el Espíritu Santo desciende sobre nosotros, y ahí el Padre dice: Este es mi hijo, mi hijo muy amado.
Si con solo lo que recibimos de Adán pretendiéramos transformarnos en Jesús, no solo sería difícil, sino imposible. Pero no, por el Bautismo ya somos Jesús, sin duda en esbozo, pero Jesús; solo falta hacernos perfectamente Jesús. Nuestro Señor no nos pone un lienzo en blanco y nos dice: dibuja aquí a Jesús; sino que da hace ya un retrato de Jesús y nos dice
!perfecciónalo!.



LA VIDA DE DIOS
El Misterio de la Santísima Trinidad es el misterio de una eterna e inefable mirada de amor
El Verbo no mira sino al Padre, ni debe ser mirado sino por El.
El Padre engendra a su Hijo con una mirada única, infinita y eterna, y el Verbo es el reflejo viviente de la eterna mirada del Padre.
Y en el seno de Dios el Padre y el Hijo se miran y brota de ellos el Espíritu Santo como infinito incendio de amor.


LA MIRADA DE JESÚS.
Toda mirada de Jesús es la Eterna Mirada del Verbo que se esconde y se revela al mismo tiempo en  la luz sensible de sus ojos.
Y del mismo modo, toda mirada que toca al Verbo -  mirada de fe, mirada de amor, mirada de contemplación -  es en el fondo la mirada del Padre que se esconde y se revela en las miradas de las almas.
Toda mirada de amor al Padre es del Verbo que lo ama. Toda
mirada de amor al Verbo es del Padre que lo ama en el Espíritu Santo.
Después de la mirada del Padre, ¿ Cual hay más digna de fundirse con la de Jesús que la de María ?.
En ninguna se revela con tan gran perfección la mirada del Padre como en la de María.
Maravilloso trasunto del eterno misterio de la vida de Dios es la mirada de Jesús al fundirse con la mirada de María en la santa unidad Del Amor.
A través de los ojos de Jesús se asoma lo divino que
esconde Jesús, la eterna e invisible mirada de Dios que se transparenta en la visible humanidad de Cristo. A través de los ojos puros, tiernos y dulcísimos de la Virgen María, se revela con gran perfección la mirada del Padre.
Cuando Jesús abrió sus ojos divinos se encontró con los de María, se lleno de complacencia porque descubrió al Padre que lo miraba a través de María su santísima madre.
El misterio de aquellas dos miradas, único por su perfección, se sigue reproduciendo en los siglos en diferentes grados. Jesús quiere mirar a las almas como miró a María y quiere ser mirado por ellas como lo miró María, la llena de gracia, la esposa inseparable del Espíritu Santo.
Y aquella mirada divina del Verbo se asoma a los ojos de Jesús, ya envuelta en la luz inmaterial de su alma,  ya en el esplendor visible de sus ojos dulcísimos,  para que mirándonos El  y mirándole nosotros, nuestros corazones fueran arrebatados al seno de la Trinidad  y participáramos del misterio de la eterna mirada del Amor.
Y el alma que la recibe, debe corresponder a ella reproduciendo la mirada de María, pura tierna, santísima,  llena del Espíritu Santo, trasunto creado pero exacto de la mirada del Padre.  Con el Espíritu Santo viviendo de su vida. Haciendo de Él tu espíritu, tus sentimientos y cuanto eres. Transformándote por medio de su posesión.


YO SOY LA COMUNIÓN

  Por La Comunión de la divinidad y la humanidad en Cristo.  Una "comunión (κοινωνία) de las dos voluntades.La "comunión entre Dios y el hombre" es la unidad entre las voluntades humana y divina de Cristo.
  Por la Encarnación El Hijo de Dios es también hombre. María es Madre de Dios y Madre nuestra. Los sacerdotes son padres. La Iglesia es Madre. Y Jesús Nace cada día en la Eucaristía y en las almas, por "
La comunión preexistente cristológica que se encuentran en la Encarnación".

  La Encarnación: La voluntad humana de Cristo se hace una con la voluntad divina del LogosY esto es lo que El nos da cuando también nosotros hacemos la Voluntad del Padre.

  Y así la Iglesia es una comunión íntima con Cristo, que crece a partir del don sacramental de su cuerpo en la Eucaristía,  a través del cual nos convertimos en un solo cuerpo  o comunión con y en él.
La comunión sacramental se debe primero entender teológicamente.
La Fe trinitaria y la fe en la Encarnación deben guiar la idea de la comunión sacramental y sólo después la de que una comunión eclesiológica ".
  

El Cardenal Ratzinger sostiene que, en contraste con el rechazo de la posibilidad de la comunión entre Dios y el hombre en el Antiguo Testamento (pues antes de Cristo, no era posible) y la búsqueda de la mítica supuesta unión entre lo divino y lo humano en la antigua filosofía griega, es algo enteramente diferente lo que nos confronta con el kerigma cristiano: El objetivo es recuperar y aclarar el núcleo cristológico de la comunión de Ratzinger.  La comunión preexistente cristológica que se encuentran en la Encarnación.


    Lo llama, "un común acuerdo a un valor compartido." Comunión en el Cristo encarnado es,  en el fondo, una comuniónde una voluntad humana y la divina voluntad unidos por un un acto libre de amor por algo y alguien más: la voluntad del Padre.
"una comunicación liberadora y reconciliadora que se desarrolla en
una comunión entre el Creador y criatura".



 "En otras palabras, la comunión de la humanidad y la divinidad en el Cristo encarnado hace posible significado una mayor comunión de salvífico universal y en la que el ser de el hombre y el ser de Dios se pueden unircriatura y el Creador puede convertirse en uno, en la tierra cuando el hombre renuncia a la tentación de hacer su propia voluntad  y busca en cambio, conjugarse  en la comunión con algo más elevado y más grande que él.


  Que "el cambio fundamental en el hombre que puede solo se consigue  cuando el hombre decide tomar el camino de la imitatio Christi, "Más específicamente, cuando al igual que Cristo se conforma y conjuga su voluntad humana a la de Dios, precisamente esto lo va a  llevar a su plena estatura y transformación.  De hecho, cuando nuestra libertad es una verdadera participación en la libertad propia del Hijo, es decir, cuando se vive como una obediencia filial al Padre. Sólo entonces es encontrado el camino de la verdadera libertad, sólo entonces nuestra auténtica liberación entrará plenamente en su propio camino. En otras palabras, para Ratzinger, es sólo a través de la apropiación personal y a veces dolorosa reconstrucción de "la obediencia del Hijo" que realmente establecer una verdadera la comunión entre Dios y nosotros mismos y encontrar así una verdadera comunión con otro.
  Por otra parte, cuando "el dolor de este cambio" pasa", aquí es que la comunidad ha nacido, aquí Iglesia llega a ser.
"En este momento, Ratzinger da paso a la sacramental y consecuencias eclesiológicas de la comunión que el Cristo encarnado producen:  La "comunión entre Dios y el hombre" en el Cristo encarnado "abre la posibilidad de una nueva comunión de los hombres con los otros."
Más específicamente, "esta comunión entre Dios y el hombre que se realiza en la persona de Jesús. Cristo "se hace comunicable  a nosotros en nuestra participación en el Misterio Pascual que  se efectúa por la Eucaristía una participación que a su vez constituye la Iglesia,  que es nuestra comunión con unos a los otros en Cristo.
  

  El punto cardinal que nos queda es la siguiente: La Iglesia y la vida sacramental crecen desde dentro, desde Cristo, y no viceversa. La Iglesia es la presencia de Cristo es primero palabra es Cristo, y no por sí misma , Ella es saludable en la medida en que se dirige toda su atención hacia Él, porque Cristo es la luz del mundo.

  En la Encarnación del Verbo eterno se produce la comunión entre Dios y el ser del hombre, su criaturaque hasta entonces parecía imposible de conciliar con la trascendencia del Dios único.  Sin embargo, en Jesús se presenta el nuevo evento, el único Divino y humano, de entrar Dios  en la comunión con los hombres, en concreto por encarnarse en la naturaleza humana.


Según Ratzinger, esta nueva idea de la comunión como fundado en la Encarnación "No es el producto de una nueva síntesis del pensamiento, sino que es el fruto de una nueva realidad que antes no era”.
  

  El cristianismo propone un gran avance en la forma de un hecho histórico, una persona: Jesucristo.  Él es la encarnación del Dios-hombre, la persona en quien, como dice Ratzinger en el pasaje anterior, la "divinidad  y lo humanos se entremezclan”.


  En virtud de La comunión preexistente cristológica que se encuentran en la Encarnación. En esta metafísica  de avance, Dios entra en "comunión concreta con los hombres" por primera vez en la historia.  Por lo tanto, el abismo infinito que hasta entonces habían separado desde la eternidad lo divino de lo humano , del tiempo y el universo, no sólo ha sido superada por el acontecimiento de Cristoen realidad es la personalidad humana única de Cristo que ha unido de una vez éstos polos diametralmente opuestos. En esto radica la novedad sin precedentes de la concepción cristiana de la comunión y por lo tanto, dice Ratzinger, "la esencia del cristianismo".




Yo soy la sagrada Eucaristía.
“En la comunión Eucarística sele da a la criatura, mi alma, mi cuerpo, mi Divinidad, y en esa Divinidad indivisible, una con el Padre y el Espíritu Santo, también se recibe a esas Divinas Personas, a la Trinidad en su fecundidad eterna y en la de el Verbo hecho carne”.
Cierto que mi carne purísima, mi cuerpo santísimo alimentan el alma que los recibe, que su contacto divino borra todas las venialidades e imperfecciones; pero la divinidad es la que obra en las almas los santos efectos de la gracia en la Eucaristía; la fecundidad del Padre es la que opera dándome a Mi y transformando en Mi
Yo soy la unificación
Es cierto que soy Dios, pero también soy hombre, y quise cargar las miserias del hombre para expiarlas; quise sentir como el hombre y llorar como el hombre, y estremecerme con las mismas penas y gozos del hombre. Así es que aunque esté en el cielo, se agradecer, se sentir y conmoverme; porque la sensibilidad del hombre, afinada y divinizada, la llevo Yo en mi alma, en mi Corazón, en todo mi ser.
Al tomar la naturaleza humana, tome el amor al hombre, por llevar la sangre del hombre, la fraternidad del hombre; y unidas las dos naturalezas, la divina y la humana, divinice -con el contacto del Verbo- al hombre, elevándolo de lo terreno para que aspirara al cielo. Pero entre todos los hombres distinguí a los que debían ser míos, otros Yo, que continuarían la misión que me trajo a la tierra, y que fue llevar a mi Padre lo que de El salió, almas que lo glorificaran eternamente.
Porque, si todos los dolores de las almas adquieren valor sobrenatural y mérito cuando se unen a los Míos; con más razón. con más fuerza, con más verdad, los de mis sacerdotes transformados en Mi; porque entonces no solo son ellos los que sufren, sino en cierto sentido Yo sufro en ellos y con ellos.
Que esto es lo que pasa en la transformación: desaparece por decirlo así la criatura, absorbida en cierto sentido por el poder divino, y entonces los pensamientos de la criatura son divinos, sus actos divinos, sus dolores divinos, en cuanto esta la criatura en Jesús, en Mi, Dios hombre, que doy vida, mérito 
y valor a los actos del hombre.


1. QUIÉN ES JESÚS
Cristo es para nosotros la ocasión de tener en el mundo a un Dios por completo encarnado en un cuerpo de hombre.  Este hecho sin par se produce, dice San Pablo “en la plenitud de de los tiempos”,  en el mejor instante de la evolución humana.
De Jesús emanan los efluvios divinos que santifican al mundo. Canta San Juan de la Cruz: “pasando por estos sotos con presura, y con solo mirarlos, vestidos los dejó de su hermosura”.
Su alma es una llama, siempre incandescente al rojo vivo por la perpetua combustión del o divino en el altar palpitante de su Corazón.
La vida de Jesús fue una continua participación de la vida de todos y sus relaciones humanos eran muy extensas e intensas, de cuantas cosa bellas discutía. Su espíritu era universal,  nada le fue extraño. Su ser entero vibraba  ante todo lo bello, lo verdadero, lo bueno. Su Mirada penetra los tiempos como veía también las almas, leía las conciencias y atraía los corazones.
Nosotros, los hombres a los que cuesta tanto dominar los briosos corceles de nuestras pasiones,  no podemos ni siquiera  sospechar lo que significa la tersura de un alma y un Corazon jamás tocado por el mal.
En las noches, esas increíbles noches estrelladas del desierto sigue el curso de las estrellas que viajan al infinito. El ahí y ahora en un instante encierra en sí mismo, como en un radiante momento, todo el secreto del cosmos.



1. 1  El Mesías prometido.
JESÚS NO ERA UN MESÍAS QUE ASPIRASE A UN TRONO TERRENAL.
Palabras de Benedicto XVI en el Ángelus
CASTEL GANDOLFO, domingo 19 agosto 2012 (ZENIT.org).- A las 12 horas de hoy, el santo padre Benedicto XVI se asomó al balcón del patio interior del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo y recitó el Ángelus junto a los fieles y peregrinos presentes. Ofrecemos las palabras del papa al introducir la oración mariana.
¡Queridos hermanos y hermanas!
El evangelio de este domingo (cf. Jn 6,51-58) es la parte final y culminante del discurso pronunciado por Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm, después de que el día anterior había dado de comer a miles de personas con solo cinco panes y dos peces. Jesús revela el significado de ese milagro, es decir, que el tiempo de las promesas se ha cumplido: Dios Padre, que con el maná había alimentado a los israelitas en el desierto, ahora lo envió a Él, el Hijo, como verdadero Pan de viday este pan es su carne, su vida, ofrecida en sacrificio por nosotros. Se trata, por lo tanto, de acogerlo con fe, no escandalizándose de su humanidad; y de lo que se trata es de "comer su carne y beber su sangre" (cf. Jn. 6,54), para tener en sí mismo la plenitud de la vida.
Está claro que este discurso no tuvo la intención de atraer consensos. Jesús lo sabe y lo pronuncia intencionalmente; y de hecho aquel fue un momento crítico, un punto de inflexión en su misión pública. Las personas, y los propios discípulos, estaban entusiasmados con él cuando realizaba señales milagrosas; e incluso la multiplicación de los panes y de los peces fue una clara revelación que Él era el Mesíastanto así que después la multitud habría querido aclamar triunfalmente a Jesús y proclamarlo rey de Israel. Pero esta no era la voluntad de Jesús, quien justamente, con ese largo discurso reduce los entusiasmos y causa muchos desacuerdos. Él, de hecho, explicando la imagen del pan, afirma de haber sido enviado a ofrecer su propia vida, y que los que quieran seguirlo, deben unirse a Él en forma personal y profunda, participando en su sacrificio de amor.
Por eso Jesús instituirá en la Última Cena el sacramento de la Eucaristía: para que sus discípulos puedan tener en sí mismos su caridad, --esto es decisivo--, y, como un único cuerpo unido a Él, extender en el mundo su misterio de salvación. Al escuchar este discurso la multitud comprendió que Jesús no era un Mesías como querían, que aspirase a un trono terrenal. No buscaba consensos para conquistar Jerusalén; más bien, quería ir a la Ciudad santa para compartir la suerte de los profetas: dar la vida por Dios y por el puebloAquellos panes, partidos para miles de personas, no querían provocar una marcha triunfal, sino pre-anunciar el sacrificio de la Cruz, en la que Jesús se vuelve Pan, cuerpo y sangre ofrecidos en expiación. Así es que Jesús dio ese discurso para desengañar a las multitudes y, sobre todo, para provocar una decisión en sus discípulos. De hecho, muchos de ellos, desde allí, no lo siguieron más.
Queridos amigos, dejémonos también nosotros sorprender nuevamente por las palabras de Cristo: Él, grano de trigo arrojado en los surcos de la historia, es la primicia de la nueva humanidad, liberada de la corrupción del pecado y de la muerte.
Y redescubramos la belleza del sacramento de la Eucaristía, que expresa toda la humildad y la santidad de Dios: el hacerse pequeño, Dios se hace pequeño, fragmento del universo para reconciliar a todos en su amor.
1.2   El nuevo Moisés
TOMÁNDOLO DE LAS GRANDES FIESTAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO
Las grandes fiestas del pueblo de Israel, le hacen presente lo beneficios inmensos que Dios les concedió por medio de Moisés: La liberación de la esclavitud, la salida de Egipto, la Ley del Sinaí y conducirlos 40 años a través del desierto hasta la tierra prometida.
Jesús viene a cumplir cabalmente tan grandes beneficios: La liberación de la esclavitud del pecado y por el pecado también  del Demonio,  la perfección de la Ley, y el ser Él mismo quien ahora conduce a la humanidad entera para llevarnos al cielo a la verdadera “tierra prometida”, través del desierto de esta vida.

Señor, ayúdame siempre a conocerte mejor. Ayúdame a estar cada vez más unido a tu voluntad. Ayúdame a vivir mi vida, no para mí mismo, sino junto a Ti para los otros. Ayúdame a ser cada vez más tu amigo.

Él me llama amigo. Me acoge en el círculo de aquellos a los que se había dirigido en el Cenáculo. En el grupo de los que Él conoce de modo particular y que, así, llegan a conocerle de manera particular.

La liberación:
Pascua es ante todo la fiesta de la liberación, de la libertad. Ese don por el que el hombre tiene que luchar toda la vida. Inclusive contra sí mismo, porque el hombre, el único ser libre del mundo, es  también el único que se pone cadenas voluntariamente.
Antes de la Cena Pascual hay que purificar toda la casa. Las cortinas se lavan, también los pisos y toda la loza se hierve. Esta es la Única fiesta que se celebra sin bullicio y sin ninguna demostración pública. Es íntima reservada a la familia y a los más íntimos.

Jesús la celebraba en Nazaret desde que tenía uso de razón y como era el pequeñito de la casa a El le tocaba formular las preguntas rituales:
- ¿Por qué esta noche es diferente de las otras noches?.
- ¿Por qué comemos pan sin levadura?.
- ¿Por qué este cordero asado?.
- ¿Por qué mojamos en vinagre nuestra ensalada?.
Y José, acostumbrado como todos los papas a los eternos porqués de los niños, le explicaba, año con año toda la historia.
Después de cantar los salmos y hacer memoria de la diez plagas de Egipto, se comían la hierbas amargas,  levantaban las 4 copas del Pesaj y María presentaba orgullosa el Cordero asado con oliente salsa, cuyo secreto Ella solo sabia.
El jefe de la casa tiene que humedecer un pedazo de Pan Ázimo en la salsa y después dárselo al que más quiere. José estaba entonces en verdadero aprieto. Probablemente se lo daba a María  y Ella se lo pasaba a Jesús. Un día lejano, en una cena como esta Jesús se lo dará a Judas como un último intento  para abrirle el corazón, más que los ojos.
Después se sirve el puré de manzana rallada con pasas y nueces, “el Haroshet” que recuerda la arcilla con que se fabricaban los tabiques en Egipto, sigue la fiesta con cantos, dulces y golosinas.
El precioso canto final es  el gran Hallel, el Salmo 135.
Alabad al Dios que liberó a su Pueblo, lo llevó por el desierto, le dio el Maná, el agua milagrosa  y la Alianza sobre la montaña gloriosa. Y el estribillos se repite sin cansancio:  “Porque su amor no tiene fin”.



El amor:
Pentecostés: El día 50 después de haber salido de Egipto Moisés recibió las Tablas de la Ley, cláusulas de la Alianza entre Dios y su Pueblo.
Sobre el Sinaí, la primera palabra que Dios le dice a Moisés y al Pueblo es la palabra del amor: “AMARÁS AL SEÑOR  TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN”. Nadie mendiga mi amor, si antes no me ama.
La celebración se hace en lugares públicos. Se baila alrededor de  “la Torah” guardada en un estuche de plata, se canta y se alaba al Señor como Esposo de Israel.
La fiesta se prolonga durante toda la noche y por 7 días.  Jesús bailó con su gente, gozó con su pueblo la dicha infinita de sentirse amados,  ¿Qué dicha puede ser mayor?.



EL triunfo:
La festividad de Los tabernáculos:
Se trata de una fiesta Teofanica. Dios se hace sensible en sus signos.
En esta semana se construyen para pasar la noche o parte de ella, unas chozas o tiendas improvisadas  para recordar el tiempo en que el Pueblo de Dios anduvo en el desierto y sobretodo  La Fiesta que se hizo el día en que finalmente salieron de él, para entrar  en la Tierra prometida.
Esta es una fiesta con marcado sabor Mesiánico y Profético. Todos los ritos y cantos de esta fiesta tienen un profundo sabor Escatológico. Es decir, se sabe que están hablando de los tiempos finales.
Siglos atrás Salomón había escogido esta fiesta para consagrar el Templo.  Todos los días se organizaba una procesión  que partía del Templo y se dirigía a la piscina de Siloe  y volvía al Templo llevando un recipiente oro lleno de agua para derramarla sobre el Altar de los Sacrificios.
El ultimo día, mencionado por San Juan en el capítulo 7 de su Evangelio, la procesión era solemnísima. Por delante los niños y las doncellas, después los levitas y los sacerdotes, todos de blanco, llevando en sus manos el “lulot”, o sea las palmas, los ramos de mirto y de laurel. Al final precedía el Sumo Sacerdote con su más preciosos ornamentos. El pectoral de piedras preciosas y la Mitra de oro. La procesión iba y venía con el canto de los Salmos.
Otra costumbre popular  de este tiempo es adornar los muros de la ciudad y los techos de las casas con luminarias en recuerdo de la Nube Luminosa que los condujo a la Tierra prometida. En todas las casas se ofrecen a los paseantes aguas frescas mezcladas con frutas.  Jesús ve en esto el símbolo de la fecundidad que produce el Espíritu Santo: Él será como un manantial que regara la vida de los creyentes. (Jn 7, 37.)



1.3   El Salvador de todos los hombres
“SALIÓ  El sembrador a sembrar su semilla”
Del Seno del  Padre vino al mundo a traernos la Vida de Dios.
“Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron, pero a los que lo recibieron que son los que creen en su Nombre les dio la potestad de llegar a ser hijos de Dios”
El "misterio desconocido" de Dios se ha revelado en Cristo:
Dios nos ha predestinado, nos ha elegido para ser "hijos adoptivos por medio de Jesucristo"a ser incorporados en su Hijo unigénito, para alabar,  glorificar,  dar gracias a Dios Padre como el origen de todos los bienes de creación, de redención, de gracia y de gloria, como a Aquel que "nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo".
Dios nos ama,  y nos ama desde  la eternidad, desde el principio,   y por eso nos ha predestinado en Cristo.
Yo soy La Cruz  de Cristo
En la cruz de Cristo, el hombre ha sido redimido y la experiencia de Adán se ha invertidoAdán, creado a imagen y semejanza de Dios, pretende ser como Dios con sus propias fuerzasponerse en el lugar de Dios, y así pierde la dignidad original que se le había dado. Jesús, al contrario, estaba "en la condición de Dios", pero se ha abajado, se ha sumergido en la condición humana, en la plena fidelidad al Padre, para redimir al Adán que está en nosotros, y para restituir al hombre la dignidad que había perdido.
El sacrificio de la cruz   su vida, ofrecida en sacrificio por nosotros significa que llegamos a ser "propiedad de Dios"porque la sangre de Cristo nos ha rescatado del pecado, nos limpia de todo mal, nos saca de la esclavitud del pecado y de la muerte.
El sacrificio de la cruz de Cristo es el acontecimiento único e irrepetible con el que el Padre ha demostrado irrefutablemente su amor por nosotros, no solo con palabras, sino en términos concretos, dando a su Hijo para crucificarlo. Era necesario un acto de amor así para que La Misericordia triunfara sobre La Justicia.
“EL PRECIO” que pagó el Padre. Lo que le costó a Jesús una
alma. La cruz que lleve al calvario como fruto del amor infinito que les tengo.
Pero no sólo salve al mundo con mi dolorosa pasión, sino también con la pasión interna de mi Corazón producida por mi amor a Mi Padre ofendido y a las almas desgarradas por el pecado. Ese dolor salvador interno de mi Corazón fue la gloria del Padre en el martirio del Hijo, pero martirio que Me enaltecia, Me sublimaba, Me coronaba, Me hacia mas acreedor a las caricias de mi Padre, todo caridad para con su amado y Hijo y para con el hombre.
Naciendo se nos da como nuestro Socio, muriendo como nuestro Precio, resucitando se nos da como nuestro Premio. !Que amor el del Padre al Verbo hecho carne y por El y en Él a la humanidad salvada!
Dios es amor; y Yo soy Dios amor y hombre amor.
Por eso el Verbo en su eternal generación nació por el amor y del amor; y el Verbo tomó en María carne por el amor, y comunico a mi humanidad sacratísima un ser o naturaleza humana de amor, un cuerpo de luz,de pureza y de amor, y un alma y un Corazón de amor.

Y los sacerdotes que se transforman en Mi deben ser lo que Yo soy, luz, pureza, amor; todos caridad para derramarla en el mundo, todos Yo para formar la unidad de la Iglesia en la caridad, y otros Yo para con María, más madre de ellos que de nadie, formado en Mi un solo Jesús para amarla, glorificarla y complacerla.

!Como los sacerdotes deben pagar a María su ser de hijos que los engendró, a la vez que a Mi me engendró, y que en Mi nacieron y que en la Iglesia –imagen de la maternidad de María- se crearon, crecieron, y se hicieron dignos de sustituirme con Ella por su sacerdocio y de representarme en cada acto de su ministerio.
Si tienen Corazón y nobleza de sentimientos, si saben agradecer las fibras maternales, si aman a su Madre María, no pueden obsequiarla con mayor presente que con su transformación en Mi, que les obligue mas y mas por ese secreto que hoy he puesto en su corazón para que lo sepan y se rindan por amor a mi voluntad.
Si no conmueve a mis sacerdotes este secreto de mi alma que he querido que salga a luz, serán hijos desnaturalizados y contristar a María semejante ingratitud.



“El Pan de vida”.
El Sacrificio que da la Vida al mundo, y que se había de perpetuar en la Eucaristía, “El Pan de vida”. El amor del Padre al Hijo y por el a la HumanidadEs La cruz  de Cristo hecha presente para nosotros en cada Eucaristía.
El Señor se da a sí mismo se hace nuestro alimento, para transformarnos en él mismo.  En efecto, no es el alimento eucarístico el que se transforma en nosotros, sino que somos nosotros los que gracias a él acabamos por ser cambiados misteriosamente. Cristo nos alimenta uniéndonos a él; «nos atrae hacia sí»
La invitación es a vivir cada situación unida a Cristo, que carga sobre sí todo el sufrimiento y el pecado del mundo para traer luz, esperanza, redención.

PARTICIPACIÓN DE LA CRUZ
¿ Que es la Cruz ?.
El peso abrumador de todos los pecados del mundo.
Hay 3 maneras de participar de la Cruz de Cristo: Llevando la nuestra, que es parte de la Cruz de Cristo.
Llevando a las almas a la Cruz, guiándose a la perfección más excelsa a orar y sacrificarse principalmente por los sacerdotes.
Participando del dolor del Corazón de Cristo al conocer, venerar, estudiar y sentir sus dolores íntimos.
Los que quieran seguirlo, deben unirse a Él en forma personal y profunda, participando en su sacrificio de amor.



Almas.
Y si los sacerdotes se engendraron Conmigo en su vocación sacerdotal en el Padre y nacieron conmigo de María, deben vivir mi vida y morir como Yo morí, en cualquier cruz, por las almas; deben en mi unión conquistarlas y comprarles con sus dolores el cielo. Pero si ellos son amor, si son Yo amor , no les costara esto y se endulzaran no solo sus continuos sacrificios, sino su muerte, gloriosa en cualquier lugar y del modo que a mi me plazca enviársela, ofrecida al Padre por tan noble fin y consumida por tan digna causa”.
Este mundo necesita regenerarse, espiritualizarse; pero este es el único medio para llegar a este fin: el de la transformación en el eterno, puro, único y santo Sacerdote y Salvador que quiere y promete volver a la tierra en sus sacerdotes, para hacer real y positiva esta nueva era de Salvación y santificación del mundo.
Quiero volver al mundo en mis sacerdotes, quiero renovar el mundo de las almas y presentarme Yo mismo en mis sacerdotes para hacerlo; quiero dar un poderoso impulso a mi Iglesia e infundir, como en nuevo Pentecostés, el Espíritu Santo en mis sacerdotes. Yo en ellos, quiero obrar, hablar, vivir y hacerme sensible a las almas; quiero ofrecer al Padre un triunfo en mi Iglesia y renovar la faz de la tierra por el impulso mundial e irresistible de mis sacerdotes santos. Yo, el Santo de los santos, en mis Obispos y sacerdotes santos.


Pero necesito de la voluntad y de la cooperación de los sacerdotes, porque Yo, con todo y ser Dios, me detengo ante el umbral de la voluntad humana y la respeto sin avasallarla.
En cuantos puntos los sacerdotes debieran parecerseme. En cuantas cosas debieran estudiarme e imitarme.
Si debieran ser otros Yo mismo y con eso simplificarían su vida, y harían de la tierra un cielo.
Y ¿como se simplificará su vida sacerdotal?: Si son otros Yo con mi mismo amor al Padre y para con las almas.


“Para cumplir su elevada tarea, el sacerdote debe tener una sólida estructura espiritual y vivir toda su vida animado por la fe, la esperanza y la caridad. Debe ser, como Jesús, un hombre que busque, a través de la oración, el rostro y la voluntad de Dios, y que cuide también su preparación cultural e intelectual.”
Conocimiento práctico de la vida interior; conocimiento práctico del corazón humano, y mucho Espíritu Santo que se ael intermedio entre el confesor y el penitente, el director y el dirigido.



1.4   La Palabra de Dios.
La Palabra es Cristo. No es algo pasajero, fugaz, sino algo permanente, siempre actual para nosotros: Es ese Jesús, de ayer de Hoy y de siempre.
YO SOY LA PALABRA ETERNA
El Verbo es la palabra, porque es la voz de Dios, la voz del Padre, creadora y santificadora por el Espíritu Santo, quien la comunicó a los Apóstoles en Pentecostés”.
Palabra que unifica, Palabra única, aunque con derivaciones y ecos íntimos infinitos: Yo soy el Verbo sabiduría, el Verbo luz, el Verbo verdad,  el Verbo vida.
“Yo soy palabra y la palabra se comunica. Soy palabra eterna, Palabra de sabiduría que tiene virtud de penetrar y de obrar en las almas, por lo divino que lleva consigo, porque es la misma divinidad con el Padre y con el Espíritu Santo.
Soy la Palabra eterna, la Palabra fecunda del Padre, su “fiat” sin principio, su eterna voluntad por donde se comunica a la Iglesia y a la almas.
Esta palabra es Dios, es el Verbo por el cual se sube al Padre y sele conoce; porque nadie conoce al Padre, si no es por su Verbo y en su Verbo.
Soy Palabra sapientísimafecundísimatoda la sabiduría y la ciencia de la tierra tiene su principio en esta Palabra única en su esencia y fecundidad en la inmutabilidad de sus ser. Y esta Palabra es la que habla sin sonidos; e ilumina porque es luz; y obra porque es eficazsantifica y penetra porque es divina.
Esta Palabra es penetrante y aguda como espada de dos filos que corta las tentaciones; es sublime por la naturaleza de su principio; es santa porque viene de Dios; y es operativa, porque palpita y reside en el Corazón de Dios.
Por eso no quedará estéril esta Palabra para las almas sacerdotales. Todo lo que procede de Dios no es muerte, sino vida, no es estéril sino fecundo. No es pasible esta Palabra, sino activa en su desarrollo, que despierta corazones, y quebranta rebeldías, y arrolla tentaciones, y vigoriza y fortalece con su energía.
La Palabra del hombre pasa y muere; la Palabra de Dios opera y vive, y vuelve a donde salio llena de triunfos, porque es la Palabra salvadoraPalabra de luz de fuego, Palabra única, en donde se encierran creaciones y cuanto existe y existirá, porque esta Palabra es Dios.
También esa Palabra, que es el Verbo, es amory no puede ser otra cosa, ni encerrar otra cosa, ni producir otra cosa, porque su sustancia es el amor.
“Yo el Verbo, aunque soy Palabra, no hablo sino lo que recibo de mi Padre, lo que me dice mi Padre, lo que mi Padre me enseño, lo que aprendí de Él; porque soy su Verbo, su divina Sabiduría; porque aunque Persona distinta, procedo de Él, en cuanto que El es mi Padre y Yo su Hijo.
De suerte que Yo soy  la Palabra divina, pero la Palabra de mi Padre, el conducto por el que mi Padre se comunica al mundo; y también soy la Palabra eterna, sin sonido, sin algo exterior o sensible, que encierra sin embargo todas las armonías, Y CONTIENE TODA LA CIENCIA, TODO SENTIDO DE NATURALEZA Y GRACIA.
Tampoco hay que creer que la Palabra sólo ha de ser hablada.
El Verbo encarnado es el conducto divino y humano de ese Padre amado. Se comunicarme también a las almas sin palabras humanas, con sonidos íntimos, con profundos conocimientos, con luces divinas, con notas suavísimas, con el contacto de lo divino que todo lo dice, que todo lo hace sentir, que todo lo quiere, que todo lo penetra, que todo lo da.
La voz de la Trinidad soy Yo. Enseño lo que mi Padre me
enseñó, comunico lo que de Él recibo; pero esa voz no es sensible, es una inefable fusión de persona a persona, que mas y mas las identifica con la unidad de su ser.
Enseño lo que mi Padre me enseñó. digo lo que El me dice, comunico lo que de El recibo, Y es palabra es amor, su íntimo sonido es amor, y sus efectos, en la Trinidad y en las almas, son de amor.
“Ha llegado el tiempo de hacer brillar la Divinidad de mi Corazón;  de hacer amar mas y mas  al Verbo hecho carne; de elevar a las almas a que vean en Mi, en cualquier paso de mi vida, al Verbo con sus dos naturalezas, la divina y la humana”.



La Palabra de Dios en la vida del sacerdote
Por cuanto se refiere a los sacerdotes, Germen fecundo de la Iglesia que por su ministerio son –como afirma la exhortación apostólica postsinodal Pastores dabo vobis de Juan Pablo II citada en VD 80 – «[ungidos por Dios y enviados] para anunciar a todos el Evangelio del Reinollamando a cada hombre a la obediencia de la fe y conduciendo a los creyentes a un conocimiento y comunión cada vez más profundos del misterio de Dios, revelado y comunicado a nosotros en Cristo». Por esto, el sacerdote «debe ser el primero en cultivar una gran familiaridad personal con la Palabra de Dios: no le basta conocer su aspecto lingüístico o exegético, que es también necesario; necesita acercarse a la Palabra con un corazón dócil y orante, para que ella penetre a fondo en sus pensamientos y sentimientos y engendre dentro de sí una mentalidad nueva: “la mente de Cristo” (1Co 2,16)». Por esto, concluye VD 80, las palabras, decisiones y actitudes del sacerdote «han de ser cada vez más una transparencia, un anuncio y un testimonio del Evangelio; “solamente ‘permaneciendo’ en la Palabra, el sacerdote será perfecto discípulo del Señor; conocerá la verdad y será verdaderamente libre” ». Es necesario por tanto que la Palabra de Dios se encarne en la vida del sacerdote. Solo siendo verdaderamente de Cristo, estando continuamente a su escucha, tratándole con familiaridad especialmente en la Eucaristía, podrá también transmitir Cristo a los demás hombres.
1.5   El Hijo de Dios hecho hombre

Dios nos ama con un amor inmenso, infinito, de otra manera no hubiera dado la vida de su único Hijo por nosotros. En Jesús de Nazaret, Dios se vuelve cercano y carga con nosotros nuestro sufrimiento.  Jesús se hace cargo, hace suya nuestra deuda y la paga, asume la responsabilidad porque somos algo suyo, responde por nosotros porque nos ama a pesar de todo y por eso, hecho uno de nosotros expía con su muerte nuestros pecadosAsí de real es el amor de Dios, que participa no solo en nuestro ser, sino en nuestro sufrir y morir.
La voluntad misericordiosa de Dios, su diseño de amor que en Jesucristo se ha revelado plenamente: Dios nos ha predestinado, nos ha elegido para ser "hijos adoptivos por medio de Jesucristo"a ser incorporados en su Hijo unigénito. "En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia". Ese es el cielo, la eterna unión de la Trinidad de la que participan los hijos de Dios.
1.6   La Segunda Persona de la Santísima Trinidad
El Verbo eterno de Dios hecho carne, único salvador y mediador entre Dios y el hombre, es el fundamento de toda la realidad. El Prólogo de san Juan afirma con relación al Logos divino, que « por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho »
Jn 1,3); en la Carta a los Colosenses, se afirma también con relación a Cristo, «primogénito de toda criatura » (1,15), que «todo fue creado por él y para él » (1,16).
En la Pascua, Dios se revela a sí mismo y la potencia del amor trinitario que aniquila las fuerzas destructoras del mal y de la muerte.
Este anuncio es para nosotros una palabra liberadora. En efecto, las afirmaciones escriturísticas señalan que todo lo que existe no es fruto del azar irracional, sino que ha sido querido por Dios, está en sus planes, en cuyo centro está la invitación a participar en la vida divina en Cristo.



1.7   El centro de la Historia
La creación nace del Logos y lleva la marca imborrable de la Razón creadora que ordena y guía. Los salmos cantan esta gozosa certeza: « La palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos » (Sal 33,6); y de nuevo: « Él lo dijo, y existió, él lo mandó, y surgió » (Sal 33,9). Toda realidad expresa este misterio: « El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos » (Sal 19,2). Por eso, la misma Sagrada Escritura nos invita a conocer al Creador observando la creación
La creación nace del Logos y lleva la marca imborrable de la Razón creadora que ordena y guía. Los salmos cantan esta gozosa certeza: « La palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos » (Sal 33,6); y de nuevo: « Él lo dijo, y existió, él lo mandó, y surgió » (Sal 33,9). Toda realidad expresa este misterio: « El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos » (Sal 19,2). Por eso, la misma Sagrada Escritura nos invita a conocer al Creador observando la creación
Teniendo presente estos elementos esenciales de nuestra fe, podemos contemplar así la profunda unidad en Cristo entre creación y nueva creación, y de toda la historia de la salvación. Por recurrir a una imagen, podemos comparar el cosmos a un « libro » –así decía Galileo Galilei– y considerarlo « como la obra de un Autor que se expresa mediante la “sinfonía” de la creación. Dentro de esta sinfonía se encuentra, en cierto momento, lo que en lenguaje musical se llamaría un “solo”, un tema encomendado a un solo instrumento o a una sola voz, y es tan importante que de él depende el significado de toda la óperaEste “solo” es Jesús... El Hijo del hombre resume en sí la tierra y el cielo, la creación y el Creador, la carne y el EspírituEs el centro del cosmos y de la historiaporque en él se unen sin confundirse el Autor y su obra ».
2. CUÁL ES SU MISIÓN
PORQUE EL VERBO SE HIZO CARNE.
2.1   La gloria del Padre
Al bajar a la tierra no tuve otro fin, sino el de glorificar a mi Padre, a toda la Trinidad, con la esplendidez y magnificencia de mi Iglesia en sus ministros, y el de que por esos mismos medios se salvaran las almas. Quería glorificar a mi Padre en un cuerpo del que Yo fuera la cabeza y en cuyos miembros me viera a Mi, su eterna delicia. Quise perpetuar en la tierra mi imagen , lo que lo extasía, lo que lo reproduce, lo que inefablemente forma su dicha: !su Verbo!. Ese Verbo engendrado por El eternamente ya quien ama con toda la potencia con que un Dios puede amar.

Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo he dado a conocer tu nombre a los que me has dado, y ellos han conocido que tú me has enviado... Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, a ti y a Jesucristo tu enviado... En ellos he sido glorificado... Yo en ellos y tú en mí, porque tú los has amado como me has amado a mí...
San Juan XVII,25-3-23

“Tú, Trinidad eterna, eres el hacedor y yo la creatura, por lo que, iluminada por Ti, conocí que en la recreación que de mi hiciste por medio de la sangre de tu Hijo Unigénito,  estas lleno de amor de la belleza de tu hechura”.

El mismo Jesús, el Verbo de Dios hecho hombre es "el camino, la verdad y la vida."
La adoración, el amor del Padre y hacer su voluntad Santísimo, fue la vida de Jesús y de ser nuestra vida, y debe ser nuestra verdadera devoción al Padre: Adorar al Padre en Espiritu y en Verdad es la mayor participación que se le da al
la criatura al recibir la Vida de Dios.


2.2   La redención de la humanidad

La anunciación.
María en su virginidad perpetua proclama lo que el hombre era antes del pecado. Ella es la imagen divina, pero intacta. No rota y vuelta a armar.
Por eso Ella es la única con quien Dios puede negociar la Redención del Mundo.

La anunciación es el momento del pacto, del arreglo, del concertar. El FIAT  de María tiene toda la trascendencia del primer “Hágase” de Dios. Ahí se esta jugando la Redención del mundo.
Su entrega incondicional no tiene nada de pasiva. Ella lo sabe. No ha habido ni habrá otra colaboración con Dios mas importante en toda la historia. María es para siempre inseparable de Cristo y de todo que a Él atañe.

En el año 431 en Éfeso las multitudes enardecidas atravesaban la noche con innumerables procesiones de antorchas proclamando a María, la TEOTOKOS. la Madre de Dios. El aroma de María flota como un delicado perfume en torno a la Iglesia por todos los siglos. Mil cien años después en el Tepeyac en 1531 la Virgen de Guadalupe se valió de la misma expresión para darnos a conocer L Identidad Divina y nuestra propia Identidad. “Yo soy la madre del Verdadero Dios por quien se vive”, y después refiriéndose a nosotros: “No estoy Yo aquí que soy tu madre”.....  Para después  entregar a los pueblos de América la Fe, El amor, la Esperanza cristianas: La Vida Divina, sobrenatural y eterna que nos trajo Jesús. Por eso es nuestra amorosa Madre: No temas esta enfermedad, ni otro mal alguno, no estoy Yo aquí que soy tu Madre no estas en mi regazo y corres por mi cuenta.
María es Madre de los hombres porque es la Madre de Jesús. El Verbo de Dios se unió Hipostáticamente únicamente con la humanidad sacratísima de Jesús; pero como una consecuencia dichosa de aquella unión únicaquedamos unidos a Jesús con una unión de gracia y de amor.

La historia del mundo será Adviento hasta venida de Cristo para el juicio final. Pero antes de que llegue la plenitud de Cristo, tendremos siempre en la Anunciación a María el resplandor definitivo que procede del “si” de la criatura. La anunciación a María es “La anunciación a toda creatura”, pero representada en María.

A QUIÉN SE DIRIGE
A las ovejas perdidas de Israel
A su Iglesia
A la humanidad entera
2.3   Llevarnos a Dios
DIOS ES EL PASTOR DE LA HUMANIDAD
Palabras de Benedicto XVI en el Ángelus
CASTEL GANDOLFO, domingo 22 julio 2012 (ZENIT.org).- Esta mañana, a las 12 horas, Benedicto XVI se asomó al balcón del patio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo y recitó el Ángelus junto a los fieles y a los peregrinos presentes. Ofrecemos las palabras del papa al introducir la oración mariana.
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¡Queridos hermanos y hermanas!
La Palabra de Dios de este domingo nos vuelve a proponer un tema clave y siempre fascinante de la Biblia: nos recuerda que Dios es el pastor de la humanidad. Esto significa que Dios quiere para nosotros la vida, quiere guiarnos hacia buenos pastos, en el que podemos alimentarnos y reposarno quiere que nos perdamos y que muramos, sino que lleguemos al destino de nuestro camino, que es precisamente la plenitud de la vida. Eso es lo que cada padre y cada madre quiere para sus hijos: el bien, la felicidad, la realización. En el Evangelio, Jesús se presenta como el Pastor de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Su mirada sobre la gente es una mirada "pastoral". Por ejemplo, en el Evangelio de este domingo, se dice que "al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tiene pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas" (Mc. 6, 34). Jesús encarna a Dios Pastor con su forma de predicar y con su obra, cuidando de los enfermos y de los pecadores, de los que están "perdidos" (cf. Lc. 19,10), para traerlos de vuelta a salvo, en la misericordia del Padre.
Entre las "ovejas perdidas" que Jesús ha salvado hay también una mujer llamada María, de la localidad de Magdala, en el lago de Galilea, y por eso llamada Magdalena. Hoy es su memoria litúrgica en el calendario de la Iglesia. Dice el evangelista Lucas que de ella Jesús hizo huir siete demonios (cf. Lc. 8,2), es decir, la rescató de una total esclavitud al mal.
¿En qué consiste esta profunda sanación que Dios obra a
través de Jesús? Se trata de una paz verdadera, completa, fruto de la reconciliación de la persona con sí misma y en todas sus relaciones: con Dios, con los demás, con el mundo. En efecto, el Diablo siempre está tratando de arruinar la obra de Dios, sembrando la división en el corazón humano, entre el cuerpo y el alma, entre el hombre y Dios, en las relaciones interpersonales, sociales, internacionales, e incluso entre el hombre y la creación. El mal siembra la guerra; Dios crea la paz. De hecho, como dice san Pablo: Cristo «es nuestra paz: el que de dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio, la enemistad, a través de su carne" (Ef. 2,14). Para llevar a cabo esta obra de reconciliación radical Jesús, el Buen Pastor, ha debido convertirse en Cordero, "el Cordero de Dios… que quita el pecado del mundo" (Jn. 1,29). Sólo así ha podido llevar a cabo la maravillosa promesa del Salmo: "Bondad y amor me acompañarán todos los días de mi vida, / y habitaré en la casa de Yahvé / un sinfín de días" (22/23, 6).
Queridos amigos, estas palabras nos hacen vibrar el corazón, porque expresan nuestro deseo más profundo, diciendo para lo que hemos sido creados: ¡para la vida, la vida eterna! Son las palabras de aquellos que, como María Magdalena, han experimentado a Dios en sus vidas y conocen su paz. Palabras más que que nunca verdaderas en los labios de la Virgen María, que vive ya para siempre en los pastos del Cielo, donde la ha conducido el Cordero Pastor. ¡María, Madre de Cristo, nuestra paz, ruega por nosotros!
BENEDICTO XVI.
La  Misericordia de Jesús.
Es preciso que en estos días santos miremos al Corazón traspasado de Cristo en la cruz. Es un corazón lleno de amor. La lanza que traspasó este costado nos ha abierto de par en par las puertas de la misericordia de Dios, nos ha declarado hasta dónde llega el amor de Dios por nosotros. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13). El Corazón de Cristo es el lugar donde se han reciclado nuestras miserias en la turbina de un amor más grande, que se llama misericordia. La misericordia de Dios es más fuerte que nuestro pecado y es capaz de hacer de nosotros hombres nuevos.
COMO LA REALIZA
3.1    Haciéndose hombre.
Yo soy Jesús.
El  Verbo de Dios engendrado en el Seno del Padre de toda la eternidad, hecho hombre en las purísimas entrañas de María, muerto en la cruz, pero resucitado y glorioso, sentado a la derecha del Padre para interceder por vosotros y que el último día ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
Fue concebido y engendrado por Santa María; esta concepción fue virginal, y esta virginidad pertenece a uno de esos misterios ocultos en el silencio de Dios.
Desde la Encarnación, desde el momento en que el Verbo se hizo carne, se ha eliminado la distancia insalvable entre lo finito y lo infinito: el Dios eterno e infinito de Dios ha dejado su cielo y ha entrado en el tiempo, se ha sumergido en la finitud humana.
"El hombre --escribe el papa Benedicto XVI--, fue hecho por un Dios infinito que se hizo carne, que asumió nuestra humanidad para atraerla a la altura de su ser divino". Por ello, subrayó, "No debemos tener miedo de lo que Dios nos pide a través de las circunstancias de la vida.(...) El Señor, llamando a algunos a vivir totalmente para Él, convoca a todos a reconocer la esencia de la naturaleza misma del ser humano: hecho para el infinito". Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María porque Él es el nuevo Adán que inaugura la nueva CreaciónLa participación de la vida divina, el nuevo nacimiento de los hijos de adopción en el Espíritu Santo por la fe.
Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre”. Con el credo Niceno-Constantinopolitano respondemos confesando El acontecimiento más grande de la Historia, la Unión de Dios con el hombre.
3.2    Uniéndose a la humanidad

CRISTO UNIDO A TODO HOMBRE.

Mediante la Encarnación, el Hijo de Dios se ha unido en cierta manera a todo hombre.
El cometido fundamental de la Iglesia es lograr que tal unión pueda actuarse y renovarse constantemente.  
A través de la experiencia de la familia humana que aumenta ahora continuamente a ritmo acelerado, comprendemos con mayor claridad la Base de todos estos caminos que la Iglesia debe reunir en un solo camino.
La Iglesia desea servir a este único fin: Que todo hombre pueda encontrar a Cristo, para que Cristo pueda recorrer con cada uno el camino de la vida.
Cristo es el camino principal de la Iglesia. Es nuestro camino hacia la casa del Padre y es también el camino hacia cada hombre. Aquí se trata del hombre en toda su verdad, en su plena dimensión. No se trata del hombre abstracto, sino real, concreto, de cada hombre, porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención. Y con cada uno se ha unido Cristo para siempre por medio de esa Redención de la que todo hombre se ha hecho partícipe desde el momento en que es concebido en el seno de su madre.
La Iglesia no puede abandonar al hombre cuya “suerte” esta tan estrecha e indisolublemente unida a Cristo. Su elección, su llamada, su nacimiento y su muerte,   la salvación o la perdición.

A este hombre en toda la verdad de su vida, en su conciencia, en su continua inclinación al pecado y ala vez en su continua aspiración a la verdad, al bien, a la belleza, a la justicia, al amor. Este hombre es el camino de la Iglesia, camino que conduce la origen de todos aquellos caminos, porque todo hombre, sin excepción alguna, ha sido Redimido por Cristo, se ha unido a Cristo de algún modo, incluso cuando ese hombre no es consciente de ello.

“Cristo muerto y Resucitado por todos, da siempre al hombre – a todo hombre y a todos los hombres – su luz y su fuerza para que pueda responder a su máxima vocación”. (Vat.II- Gaudium et spes). La vocación del hombre en Cristo. El misterio de la Redención donde el problema del hombre esta inscrito con una fuerza especial de verdad y de amor.
No en vano el Apóstol habla del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia y el Concilio Vaticano II enseña que esto significa que “todo hombre esta penetrado por aquel soplo de vida que proviene de Cristo”.
En realidad el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado. Porque Adán el primer hombre era figura del que había de venir. El es la plenitud de la justicia en un corazón humano, solo El ha dado satisfacción al amor eterno del Padre para convertirse en justicia de los corazones de muchos hombres.

3.3     Formando su Iglesia
DIOS CUIDA AL MUNDO
Dios vela por el mundo. No es algo ajeno a Él: El lo creó,  Él lo Redimió.  Es su dueño. Quiere Reinar en él: Así lo demuestra la Antigua Alianza con al Promesa del Salvador; así lo demuestra la Nueva Alianza en Jesús y en su Iglesia. Así lo muestran los grandes santos que han aparecido  en su Iglesia según  sus necesidades Así lo demuestra la intervención de María en los más grandes acontecimientos de la Historia.
Si quieren activar mis sacerdotes Mi reinado en el mundo de las almas, deben parecerse a su Rey, imitar sus virtudes y su amor al Padre. Formar esa vanguardia, y cuidar el trono de su Rey inmortal.
Pero mi divisa es y ha sido siempre el amor, la caridad, la paz, unificando en un solo Pastor el rebaño que debe honrar con su fidelidad a mi Iglesia amada.
QUIERO REINAR
Quiero reinar en el mundo como Rey de paz y de amor, quiero que se proclame por todo el universo mi realeza , mi dominio de caridad y de unión ; quiero dominar pero con el cetro de la paz, pacificando naciones y corazones,  quiero reinar por el Espíritu Santo.
Mas para reinar crucificado y coronado de espinas, necesito vasallos santos que lo sea a mi imitación, que sean dignos de mi servicio; y esos primeros vasallos son y seran siempre mis sacerdotes, esa primera vanguardia que no me haga traición, sino que se desvele y cuide mis sagrados intereses como propios.
Esa legión de honor que constituye el eje de mi Iglesia debe levantar muy alto el estandarte de la paz que he traído a la tierra;
Mi Corazon completara su reinado a medida que tenga sacerdotes como Él, humildes, puros y sacrificados, santos e inmolados por la causa de su Soberano que reinó sobre la Cruz.
Este Reinado será universal y crecerá a medida de la santidad de mis sacerdotes. Y si Yo solo Reine en el mundo por la Cruz, mis sacerdotes también deben tener por trono la Cruz.
El gran ideal del sacerdote debe ser Jesús crucificado, y su único anhelo en la tierra debe ser imitarloparecerse a El interior y exteriormente.
Ningún sacerdote que tome el camino de la Cruz se perderá, y todos los sacerdotes que voluntariamente, que  amorosamente se abracen de la Cruz, se santificaron y alcanzaran eminentes grados de Unión Conmigo. Este es el gran secreto de la santidad de un sacerdote, la Cruz; este es el gran antídoto  contra las tentaciones de todas clases, la Cruz.
3.4   Dejándonos su Doctrina
Mateo distribuye la enseñanza de Jesús en 5 grandes apartados.
La idea general de Mateo es hacer de Jesús un “Nuevo Moisés”. Si Moisés dio la Torah en sus 5 libros, las 5 secciones de su Evangelio pondrán a Jesús en esa línea:
!.-  El Sermón de la Montaña y los diez milagros que le siguen.
2.- El Sermón Apostólico.
3.- El Sermón Parabólico sobre el Reino de Dios
4.- El Sermón Eclesiástico con muchos detalles sobre la Vida de la Iglesia.
5,- El Sermón Escatológico del capitulo 24, sobre el destino final de Jerusalén y del mundo.
Mateo nos presenta a la Iglesia no como sustituyendo a la Sinagoga, sino como su precioso fruto, que ha brotado de Ella y va floreciendo poco a poco.
3.5    Quedándose con nosotros
Yo soy el sacramento de su amor.
Yo soy La Eucaristía prodigio de amor. La redención no es todavía completa --lo escuchamos--, pero encontrará su plena realización cuando aquellos que Dios ha adquirido sean totalmente salvos. Nosotros todavía estamos en el camino de la redención, cuya realidad esencial se ha dado con la muerte y resurrección de Jesús. Estamos en el camino a la redención definitiva, hacia la plena liberación de los hijos de Dios. Y el Espíritu Santo es la certeza de que Dios llevará a cumplimiento su plan de salvación, cuando conduzca "a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra"  –”mi Cuerpo entregado, mi Sangre derramada”– El Señor anticipa de forma sacramental el sacrificio que va a consumar al día siguiente en el Calvario. Y deja la humanidad sacratísima de Jesús y su Persona Divina con nosotros, para nosotros y en nosotros cuando lo hemos recibido. Y ¿quien lo dijera?. Por medio de vosotros, mis amados sacerdotes, transformados en Mi en el momento de la consagración.
La Eucaristía es el mayor tesoro de la Iglesia porque es
el sacramento del sacrificio de Cristo, del que hacemos memoria, y es también su presencia viva entre nosotros. No solo simboliza y comunica la gracia, como hacen los demás sacramentos, sino que contiene al Autor de la gracia. De por sí la Misa es el acto de adoración más grande de la Iglesia, pero la adoración fuera de la Misa prolonga e intensifica lo que ha tenido lugar en la celebración y hace posible una verdadera y profunda acogida de Cristo.
Tu Hijo único, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el sacrificio nuevo y eterno, sacramento de su amor. Es entonces cuanto enuncia el Mandamiento Nuevo, proclamado, por otra parte, en cada página del Evangelio. Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amadoLlega la
hora del “amor (ágape) hasta el final.
Cada uno de nosotros es amado por Jesús “hasta el final”, o sea hasta la donación total de Sí mismo en la cruz, cuando gritó “¡Todo está cumplido!” (Jn. 19,30). Dejémonos alcanzar por este amor, dejémonos transformar, para que realmente se realice en nosotros la resurrección. ¡Los invito por lo tanto a vivir con intensidad el triduo pascual y les deseo a todos una santa Pascua! Gracias. “Para que el amor con que Tu me amaste esté en ellos y Yo en ellos”.



3.6    Dejándonos los sacramentos
Todos los sacramentos purifican, porque llevan algo divino: llevan Mi Sangre, llevan nada ,menos que la influencia viva y palpitante de la Trinidad; en todos campe muy principalmente el Espíritu Santo.
El Padre Fecundando; el Hijo Redimiendo; el Espíritu Santo santificando.
Y los sacerdotes que apliquen estos sacramentos, deben estar sin mancha, porque imparten tesoros del cielo sobre los cuerpos y sobre las lamas; ponen Mi Sello Divino en los corazones; lavan con Mi Sangre y dan eficaces auxilios de gracias a quienes los reciben.



3.7    Incorporándonos a Él como cuerpo suyo


Yo soy el Bautismo.
Por la participación en la muerte y Resurrección de Cristo, hemos sido hechos miembros de la Iglesia, la familia de Dios, pueblo que, como dice el Concilio Vaticano II, aparece «unido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo»
El apóstol Pablo nos ha recordado que en el bautismo hemos recibido el Espíritu Santo, que nos une a Cristo como hermanos y como hijos nos relaciona con el Padre, de tal manera que podemos gritar: «¡Abba, Padre!» (cf. Rm 8, 15.17). En aquel momento se nos dio un germen de vida nueva, divina, que hay que desarrollar hasta su cumplimiento definitivo en la gloria celestial. La solemnidad litúrgica de la Santísima Trinidad, que celebramos hoy, nos invita a contemplar ese misterio, pero nos impulsa también al compromiso de vivir la comunión con Dios y entre nosotros según el modelo de la Trinidad.
Por último, la bendición divina se cierra con una referencia al Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones; el Paráclito que hemos recibido como un sello prometido: "Él --dice Pablo--, es prenda de nuestra herencia, para redención del Pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria"
Tenemos que aceptar que el camino de la redención es también nuestro camino, porque Dios quiere criaturas libres, que digan libremente que sí; ahora es pero es sobre todo y primero, Su camino, Estamos en sus manos  nuestra libertad  es el ir en el camino abierto por Él. Vamos por este camino de la redención, junto con Cristo, y sentimos que la redención se realiza.
Esta certeza --Dios está por nosotros, y ninguna criatura podrá separarnos de Él, - porque su amor es más fuerte-, tenemos que insertarla en nuestro ser, en nuestra conciencia de cristianos. "Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas?.
La visión que nos presenta san Pablo en esta gran oración de bendición, nos ha llevado a contemplar la acción de las tres Personas de la Santísima Trinidad: el Padre que nos ha elegido antes de la fundación del mundo, ha pensado en nosotros y nos ha creado; el Hijo que nos ha redimido por su sangre, y la promesa del Espíritu Santo, prenda de nuestra redención y de la gloria futura.



3.8    Muriendo y Resucitando
SU PLENITUD EN EL NUEVO TESTAMENTO.
La Pascua de Cristo.
A los grandes acontecimientos divinos se sigue Siempre el fruto de que se derrame la Voluntad del Padre en favor nuestro: A La pasión, muerte y Resurrección de Cristo, la Eucaristía adelantada y continuada y actualizada por siempre en cada Misa. Y que Celebramos especialmente en Semana Santa.
Al Domingo de Pascua le sigue le sigue la Fiesta de la Divina  Misericordia El Segundo domingo de Pascua. A La efusión del Espíritu Santo en Pentecostés, se sigue EL triunfo definitivo. La fiesta de Cristo Rey, que celebramos al final  del año Litúrgico. Después de la Fiesta de Cristo Rey, viene la de los fieles difuntos y un día después la todos los santos  
SUS COROLARIOS.
De el hecho de darnos a su Hijo hecho hombre, se sigue también que existiera la Santísima, Virgen María como Madre suya, pero también  como Madre nuestra..
De La decisión del Espíritu Santo de llevar el Evangelio a todos los hombres, hizo que existiera la Iglesia.
El deseo del Hijo de quedarse con nosotros en la Eucaristía, hizo que hubiera Sacerdotes.
EL Amor de toda la Santísima Trinidad por la humanidad pecadora, hizo que existiera la Cruz.
A la Ascensión del Señor que culmina el triunfo Pascual, le sigue la Asunción de María primicia de nuestra propia resurrección y nuestra futura llegada a Dios.



3.9    Participándonos su pureza
No comprenden, no, los sacerdotes, la ternura y la inmensidad de mi amor hacia ellos!... Como el Padre  no ama mas que a su Verbo que lo refleja y que es una cosa con Él, por la Divinidad; así Yo amo mas que a nadie a mis sacerdotes que me reflejan a Mi, que me representan y que deben ser otros Yo mismo.
La santísima Virgen María nos envuelve con su pureza y su amor en cada Misa. El Espíritu Santo fuente de toda pureza nos la comunica por la Cruz. “Mi luz los limpia, mi cercanía los purifica, mi amor los transforma y une”.
La pureza positiva es UNA PARTICIPACIÓN de Dios, es algo
divino que llevamos en el alma. Y eso divino no es otra cosa que la gracia con el cortejo de virtudes y de dones, que purifica el alma de las manchas del pecado y la diviniza. Viene de Dios su principio y no tiene fin. Solo en el cielo se comprenderá la pureza, porque solo en el cielo se contemplara sin velos a Dios.
Notemos muy bien que la pureza positiva hace dos cosas:
purifica y diviniza. No solamente quitando las manchas del pecado, sino que también y sobretodo diviniza, es decir, hermosea, engrandece y pone algo divino en le alma y en todas las facultades.
Acaso en la Comunión no recibe el alma, a través del cuerpo, la pureza del Padre, la fecundidad Virginal del Padre para que reproduzca a Jesús y se angeliza. Con la pureza se ve a Dios, se siente a Dios y se comunica a Dios. Y este es el deber del sacerdote, ver a Dios, sentir a Dios, comunicar a Dios, por Mi, Jesús.

Es una propiedad sólo de Dios producirlo todo con su virginal fecundidad. Teniendo el sacerdote que ser de padre de las almas dándoles el cielo. Depositarios de la inefable Fecundidad del Padre para formar a Jesús en la Eucaristía, en nuestra pobre alma y en la de los demás. tiene que ser puro. Ser un trasunto de la virginal pureza de Jesus.


El sacerdote que corresponde a su vocación, de ser todo amor y toda pureza que sele comunicaron al engendrar en Jesucristo, Sacerdote eterno, su vocación sacerdotal.
Nace y crece en el amor y la pureza y aunque quiera sustraerse a su influencia -y aunque lo haga- siempre aquella santa inclinación se impone y le grite que nació para el cielo y no para la tierra que no se manche con el fango del mundo y que sea amante y puro.
Se da la pureza en la medida del amor y se enciende el amor con la vida interior, las virtudes y la oración.
Y ¿como se borra en mis sacerdotes lo machado?. Se borra con la fecundidad de pureza en Mi hecho hombre, al transformarse en otro Jesús. Esta transformación cubre ante mi Padre, y aun borra con la intensidad de mi virginal pureza, toda mancha, toda sombra, y les comunica mis substancia de luz y de pureza, infinitas en Mi  Si se convierten, se arrepienten y se humillan los lavo con mi sangre.
El Espíritu Santo es el dador de toda gracia cuyo origen esta en la divina Fecundidad del Padre. Siente el impulso del Espíritu Santo que lo llama, que lo atrae, que no lo deja hasta restaurar en su alma el santo sello de su consagración sacerdotal.
Todo aquel que se enamore de la pureza y que la posea entrar en esos grados fecundos y ascendentes de la transformación en Jesús.



3.10   Dejándonos una Madre
Antes de su muerte, Jesús había adelantado a sus Discípulos         “Que era necesario, que el Hijo del Hombre, fuere entregado en manos de los hombres”, que padeciera y fuera muerto, pero al tercer día resucitare.
Clavado en la Cruz, Cristo establece el contacto entre María y Juan, entre la Virgen y la Iglesia: “Mujer, he ahí a tu hijo”, ahora en Juan tienes tu a Tu Hijo. “ He ahí a tu Madre”. No te dejaré huérfano, una madre te cuida en tu nacimiento.
Ella fue solidaria en el amor por el fruto de sus entrañas y se hace también solidaria de los hijos que con su muerte a alcanzado Jesús.



3.11   Transformándonos en El por el Espíritu  
Es tiempo de gracia, es tiempo de misericordia.
“Quiero espiritualizar a las almas que viven ahora materializadas. La fe se hunde, solo reina la vida animal, y la generalidad de las almas olvidan su origen y su fin, Más para espiritualizar al mundo, necesito almas interiores de sacerdotes, poseídas del Divino Espíritu; almas como mi Alma, cuerpos como mi Cuerpo, corazones como mi Corazón, sacerdotes como el Sumo y eterno Sacerdote”.
Ha llegado el tiempo de impulsar el Reinado del Espíritu Santo y de poner una barrera inexpugnable a Satanás, espiritualizando las almas. Para esto tengo que valerme de los instrumentos que más íntimamente me pertenecen _de mis sacerdotes, que son los indicados para salvar al mundo; pero transformados en Mi por el
Espíritu Santo.



3.12  Volviendo glorioso El último día.
La Venida gloriosa de Cristo para Juicio final es la armonía perfecta entre La Justicia y La Misericordia.
El Hijo de Dios es también hijo del Hombre y por eso el ha tomado sobre Sí mismo las consecuencias del pecado del hombre.
Hacía falta un acto de amor supremo, total de entrega absoluta para que el Padre mire a la historia restaurada en Jesús que destruye el pecado del hombre y abre la posibilidad del encuentro con la Misericordia de Dios.
La Cruz La muerte y la vida lucharon entre sí de una manera admirable.
Sin Cruz no hay Fe, no hay REINO, no hay paz. Por eso no hay nada más allá del crucificado. No hay nada más que dar. No hay nada más que exigir. Dios está escondido en Jesús tomando sobre Sí el peso de la Justicia para que triunfe la Misericordia. Y desde esa hora la misericordia que hemos usado con los demás se convertirá en premio de Vida Eterna.
La Cruz no es el cumplimiento de un programa, es la manera de hacer transparente el sentido definitivo del Amor. Dios derrama su Misericordia sobre todos, porque más allá de su Justicia esta su Misericordia.



Palabras de Benedicto XVI en la Audiencia General
CASTEL GANDOLFO, miércoles 12 septiembre 2012 (ZENIT.org).- La audiencia general de esta mañana se realizó a las 10,30 horas en el Aula Pablo VI, en donde el santo padre Benedicto XVI --proveniente en helicóptero desde la residencia de Castel Gandolfo- ha encontrado grupos de peregrinos y fieles llegados desde Italia y de todas las partes del mundo.
En su discurso en idioma italiano el papa, siguió el ciclo de catequesis sobre la oración, y centró su meditación en el Libro del Apocalipsis.
Queridos hermanos y hermanas:
El miércoles pasado hablé sobre la plegaria en la primera parte del Apocalipsis, hoy pasamos a la segunda parte del libro, y mientras en la primera parte la oración está orientada hacia el interno de la vida eclesial, la atención en la segunda está dirigida al mundo enteroLa Iglesia de hecho, camina en la historia, es parte del proyecto de Dios.
La asamblea tiene entonces que saber leer en profundidad la historia que está viviendo, aprendiendo a discernir con su fe los acontecimientos para colaborar con el Reino de Dios. Y esta obra de lectura y de discernimiento, como también de acción, está relacionada con la oración.
Hoy quisiera hablar de la oración en el libro del Apocalipsis, que, como ustedes saben, es el último del Nuevo Testamento. Es un libro difícil, pero que contiene una gran riqueza. Este nos pone en contacto con la oración viva y palpitante de la asamblea cristianareunida "en el día del Señor" (Ap. 1,10); es esta, en efecto, la traza de fondo en el que se mueve el texto.
Queridos amigos, el Apocalipsis nos presenta una comunidad reunida en oración, porque es justamente en la oración donde experimentamos siempre en aumentola presencia de Jesús con nosotros y en nosotros. Cuanto más y mejor oremos con constancia, con intensidad, tanto más nos asemejamos a Él, y Él realmente entra en nuestra vida y la guía, dándole alegría y pazY cuanto más conocemos, amamos y seguimos a Jesús, más sentimos la necesidad de permanecer en oración con Él, recibiendo serenidad, esperanza y fuerza en nuestra vida. Gracias por su atención.
¿De qué manera el Señor guía a la comunidad cristiana a una lectura más profunda de la historia? Antes de todo invitándonos a considerar con realismo el presente que estamos viviendo. El Cordero abre entonces los cuatro primeros sellos del libro, y la Iglesia ve el mundo en el cual está insertada, un mundo en el que existen varios elementos negativos. Existen los males que realiza el hombre, como la violencia, que nace del deseo de poseer, de prevalecer unos sobre los otros, al punto de llegar a asesinarse (segundo sello); o la injusticia, porque los hombres no respetan las leyes que se han dado (tercer sello).
A estos se agregan los males que el hombre tiene que sufrir, como la muerte, el hambre, la enfermedad (cuarto sello). A estas realidades, muchas veces dramáticas, la comunidad eclesial viene invitada a no perder nunca la esperanza, a creer firmemente que la aparente omnipotencia del maligno choca con la verdadera omnipotencia que es la de Dios.
Para nosotros seria muy cómodo que Dios quitara los males, sobretodo los que nos causan los demás. Pero su Amor no puede arrancar la cizaña antes de tiempo, “no sea que los segadores al arrancar la cizaña arranquen también el trigo”.
El Juicio final es la armonía perfecta entre La Justicia y La Misericordia. “Venid benditos de mi Padre a poseer el Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo: “porque tuve hambre y me diste de comer”, “estuve desnudo y me vestiste... enfermo y me visitaste”.
Querría concluir con alguna alusión al diálogo final (cfr Ap 22,6-21). Jesús repite varias veces: "He aquí que vuelvo pronto" (Ap 22,7.12). Esta afirmación no indica sólo la perspectiva futura del fin de los tiempos, sino también la presente: Jesús viene, pone su morada en quien cree en Él y lo acoge. La asamblea, entonces, guiada por el Espíritu Santo, repite a Jesús la invitación urgente a hacerse cada vez más cercano: "Ven" (Ap 22,17a). Es como la "esposa" (22,17) que aspira ardientemente a la plenitud de la nupcialidad. Por tercera vez hace la invocación: "Amén. Ven, Señor Jesús" (22,20b); y el lector concluye con una expresión que manifiesta el sentido de esta presencia: "La gracia del Señor Jesús esté con todos" (22,21).



CUAL ES EL PAPEL DE JESÚS

Dios ha querido, de verdad, ser nuestro hermano, pertenecer a la especie humana Dios ha querido ser uno de los nuestros y ya no puede dejar de amar y de preocuparse por esta humanidad en la que se ha encarnado y a la que El mismo pertenece.

Para nosotros, éste es el acontecimiento decisivo de toda la historia. El nacimiento del Salvador de los hombres. No ha sucedido ni podrá suceder en el mundo nada más importante. Y con la particularidad de salvarlos de sus propios errores.
Por la Encarnación del Verbo María trajo de nuevo al mundo el amor y la pureza, dejando en el amor y pureza, pureza y amor.

Para conocer el misterio de Cristo, para conocer la caridad de su Corazón, es preciso vislumbrar siquiera sus dolores internos; para eso se necesita estar corroborados en el hombre interior, que Cristo habite por la fe en nuestros corazones, que estemos arraigados y fundamentados en la caridad.

Si la sangre de los mártires ha dado vida a la Iglesia y ha hecho germinar cristianos; la sangre de las almas, los ocultos martirios, la prolongación del Verbo hecho carne y mártir de amor en otras almas, ha dado y dará sacerdotes santos en la Iglesia de Dios.

“Yo - el Verbo – y el Espíritu Santo, estamos empeñados en esta última etapa del mundo en levantar a la Iglesia con sacerdotes santos; y por este medio divino del Verbo y del Espíritu Santo con María, se hará esa reacción universal”.

4.1    El papel de María
Se expresa En Una frase del Vaticano II, densa y rigurosa:  “Así María, hija de Adán, aceptando la palabra divina, fue hecha Madre de Jesús y abrazando la Voluntad Salvífica de Dios, con generoso corazón y sin impedimento de pecado alguno, se consagró totalmente a si misma, cual esclava del Señor, a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo al misterio de la Redención con Él y bajo Él, por la gracia de Dios  omnipotente.
!Que hermoso texto!. que pone de manifiesto la actitud de María:
Aceptando la palabra de Dios: actitud de fe y confianza.
Abrazando la voluntad salvífica de Dios: Actitud de disposición y de amor.
Sirviendo al misterio de la Redención: actitud de obediencia y humildad.
La anunciación es el momento del pacto, del arreglo, del concertar. El FIAT  de María tiene toda la trascendencia del primer “Hágase” de Dios. Ahí se esta jugando la Redención del
mundo.
Su entrega incondicional no tiene nada de pasiva. Ella lo sabe. No ha habido ni habrá otra colaboración con Dios mas importante en toda la historia. María es para siempre inseparable de Cristo y de todo que a Él atañe.
En el año 431 en Éfeso las multitudes enardecidas atravesaban la noche con innumerables procesiones de antorchas proclamando a María, la TEOTOKOS. la Madre de Dios. El aroma de María flota como un delicado perfume en torno a la Iglesia por todos los siglos. Mil cien años después en el Tepeyac en 1531 la Virgen de Guadalupe se valió de la misma expresión para darnos a conocer La Identidad Divina y nuestra propia Identidad. “Yo soy la madre del Verdadero Dios por quien se vive”, y después refiriéndose a nosotros: “No estoy Yo aquí que soy tua madre”.....  para después  entregar a los pueblos de América la Fe, El amor, la Esperanza cristianas, La Vida Divina, sobrenatural y eterna que nos trajo Jesús. Por eso es nuestra amorosa Madre :No temas esta enfermedad, ni otro mal alguno, no estoy Yo aquí que soy tu Madre no estas en mi regazo y corres por mi cuenta.
María es Madre de los hombres porque es la Madre de Jesús. El Verbo de Dios se unió Hipostáticamente únicamente con la humanidad sacratísima de Jesús; pero como una consecuencia dichosa de aquella unión única, quedamos unidos a Jesús con una unión de gracia y de amor.
La historia del mundo será Adviento hasta venida de Cristo para el juicio final. Pero antes de que llegue la plenitud de Cristo, tendremos siempre en la Anunciación a María el resplandor definitivo que procede del “si” de la criatura. La anunciación a María es “La anunciación a toda creatura”, pero representada en María.
4.2    El papel del Espíritu Santo
Pide  esta reacción,  este  " nuevo Pentecostés ",  que  mi  Iglesia  necesita: sacerdotes  santos  por  el  Espíritu  Santo.  El  mundo  se  hunde  porque  fallan sacerdotes de fe que lo saquen del abismo en que se encuentra; sacerdotes de luz para iluminar los caminos del bien: sacerdotes puros para sacar del fango a tantos corazones: sacerdotes de fuego que llenen de amor divino al universo entero.
Vendrá una nueva redención, no por mi pasión humana, sino por mi pasión en las almas crucificadas; y un nuevo Pentecostés por el impulso vivo y ardiente del Espíritu Santo, para honra del Padre, que es el fin que nos proponemos el Espíritu Santo y Yo”.
El Espíritu de Jesús debe Reinar en el mundo y aunque actualmente por todas partes reina en el mundo el espíritu del mal, este Reinado de Jesús en su Santo Espíritu llegara al mundo y llegará pronto por medio de María. Su primer paso es el Pleno Reinado del Espíritu Santo en los sacerdotes, por medio del cual Jesús “se hará presente de nuevo” para salvarlo, luego reinará en las almas, en las naciones y en el mundo entero,  para gloria del Padre, honor de su Iglesia, espiritualización del mundo materializado, regreso a Dios de muchas almas que Satanás tiene en sus garras, santificación universal de sus sacerdotes, una nueva resurrección superior a la resurrección de Lázaro, la de todos sus sacerdotes  a favor de toda la Iglesia.



4.4    El  papel de los sacerdotes
El Verbo, Yo hecho hombre, he regalado mi sangre y mi vida en una cruz, y mi cuerpo y mi alma y Divinidad en la Eucaristía, y me doy y regalo en todos los sacramentos.
Y el Espíritu Santo se da también a todas las almas por la gracia, se derrama a torrentes en favores y carismas, en dones y frutos y se convierte Él mismo en Don.
El Padre da nada menos que a su Hijo divino, se lo regala al hombre de mil maneras, para su servicio, su imitación, su consuelo, su salvación eterna.
Mi Iglesia regala cuanto tiene, Ella da siempre, aunque no reciba, Regala cuanto tiene,  hasta el cielo y no quiere tener en su seno a almas egoístas, almas tacañas que se cuidan mucho de dar y menos de darse como debieran, en su sagrado ministerio, a las almas.
“Ellos son, como el Espíritu Santo, como mi Padre, padres de los pobres y no solo deben dar, con toda buena voluntad, los auxilios espirituales, pero aun es de su obligación dar, y aun buscar auxilios materiales hasta donde sus fuerzas y haberes se lo permita”.
SACERDOTES SANTOS
Quiero en mis sacerdotes la perfecta transformación en Mí para que su vida entera sea un acto de amor continuado a mi Padre Celestial, porque esa fue mi vida en la tierra y la que ellos deben continuar.

Transformarse en Jesús es llevar grabada en el alma, con rasgos de luz divina la imagen de Jesús, Sabiduría Increada.

Estar unido a Jesús, identificado con El para poder El fin de la santificación de las almas es la gloria del Padre, la
esencia de esa obra maravillosa es la transformación en Jesús.

Continuar su dulce misión de Salvador, pero más que todo, imitar su vida interior.: Amar, venerar, dar gusto al Padre y tener una sola voluntad con la suya. Aqui esta lo mas alto de la transformación. Un sacerdote necesita ser santo para santificar, estar poseído, compenetrado de mi Santo Espíritu. Y Cual es mi Espíritu sino el Espíritu Santo.

Pidan y ofrezcan todos sus sacrificios y dolores en Mi unión por el esplendor de mi Iglesia, en sus sacerdotes santos. Vendrá una reacción más fecunda en ella, por la transformación de sus sacerdotes en Mi, que abrirá nuevos horizontes de perfección a las almas por el Espíritu Santo.

Mi Padre entonces derramara muy abundantes bendiciones sobre la Iglesia, al contemplarme a Mí en los sacerdotes;  entonces se realizará aquel ideal preconcebido en mi mente divina eternamente, de la extensión del Verbo divino hecho hombre en su Iglesia, para la gloria de la Trinidad. Entonces los sacerdotes unificados en Mi, su Cabeza suprema, formaremos un solo sacerdote y seremos uno en la unidad de la Trinidad.

Mi eterna mirada sobre los sacerdotes, mirada purísima de amor, de elección, los envolvió eternamente y abarcó no sólo
a su alma predilecta, sino a miles de almas también, pues que cada sacerdote es cabeza de otras muchas almas.
Yo al mirar eternamente a un sacerdote vi en el un escuadrón
de almas por él engendradas con la fecundación del Padre, por el redimidas en unión de mis méritos, por el formadas santificadas y salvadas, que me darían gloria eternamente.
Esa mirada de la Trinidad, al engendrar en su mente un alma de sacerdote, producida en Mí por el Padre y el Espíritu Santo, ya abarcaba en el tiempo -por el concurso del sacerdote-, un mundo de otras almas que a su tiempo engendraría él espiritualmente en mi Iglesia para darme gloria.
Cada sacerdote, eternamente concebido en el Padre, tiene una especie de eterna generación unida al Verbo. No es cualquier cosa la vida de un sacerdote, tiene un origen espiritual y divino; tiene un germen del cielo, tiene concurso de la Trinidad; tiene algo de infinito procedente del Padre y de su fecundidad que comunica al sacerdote para que le de almas. Por eso es tan sublime tan santa, tan sobrehumana la vocación de un sacerdote y su misión en la tierra.
No hay idea en el mundo material ni en el intelectual de la
grandeza de un sacerdote. Yo fui y soy el Sacerdote eterno, y como Yo vengo del Padre, los sacerdotes -hermanos míos- vienen también de ese Padre amado, y por el Espíritu Santo (que procede del Padre y del Hijo) son sublimados.
Toda la Trinidad concurre en la formación de un sacerdote, y no hay altura en el cielo y en la tierra, después de la Trinidad y de María, comparable con la del sacerdote.
Ya se verá si tiene por derecho, por consanguinidad -si cabe decirlo- con la Trinidad por sus inmensas prerrogativas, si tiene que ser santo.
4.5    El papel de su Iglesia
Yo soy la Iglesia esposa de Cristo.
Depositaria de los tesoros de su redención, nacida del costado herido de Jesús en la cruz, vivificada y regida por el Espíritu Santo que la conduce hacia el Padre hasta consumarla el último día, en Jesús, en la unidad de la Trinidad.

“Yo vine al mundo para salvarlo por el divino medio de mi Iglesia, Esposa muy amada del Cordero; y por eso les deje mi doctrina en relación con mis ejemplos y le di mi sangre y mi vida y mi Madre y cuanto era y tenía un Dios hombre, un hombre Dios. Deje trazado el camino con mis ejemplos y mi cruz. Y para consolar a esa Iglesia amada, envié al Espíritu Santo para completar mi obra redentora y salvadora; y El es la luz y el alma de la Iglesia amada, obsequio para mi Padre, que viene a prepararle en la tierra, con el fin de darle adoración, almas, sacerdotes, ¡gloria!.”

“En mi Iglesia tengo mi asiento en la tierra; en la Iglesia tiene sus delicias un Dios humanado; en la Iglesia se veneran los misterios de su vida, pasión y muerte. Ella tiene mis Evangelios que son mi palabra latente y con vida. En los sagrarios estoy Yo; en los sacramentos estoy Yo que doy, que me derramo e infiltró en los corazones puros. Nada existe para Mi mas bello que mi Iglesia, que baja al purgatorio y se remonta al cielo. Mi Padre la mira complacido por lo que tiene de MI, por lo divino que contiene, por ser obra mía y del Espirita Santo”.

En la Iglesia mora la Trinidad beatísima y el Espíritu Santo es su alma y su vida. Posee a la Trinidad que la rige y le da vida.
¿Que otra cosa es el soplo del Espíritu Santo sino la fecundidad del Padre?.
Todo lo divino que encierra la Iglesia se debe a la santa fecundidad del Padre, fecundidad asombrosa que El ama y que, comunicándola a los sacerdotes, no quiere verla inactiva y olvidada; antes bien, por la virtud  quiere que me reproduzca a Mi, el Verbo Encarnado, en las almas, en los grados de transformación ascendente que las asemeje a Mi

“María recibió directamente del Padre, por el Espíritu Santo, esta sublime y santísima fecundidadnada menos que dándole a su Verbo, a la segunda Persona de la Santísima trinidad, para hacerlo hombre en su purísimo seno”.
Esta gracia estupenda y singular en la tierra fue solo para María, la sin mancha, escogida desde la eternidad para la maternidad divina.
Por eso María fue tan pura, tan inmaculada, tan limpia de toda sombra e mal, porque fue preconcebida en el seno del Padre, Virgen y Luz; porque el Espíritu Santo la cubrió con su sombra de Luz, pero de Luz fecunda, de aquella Luz eterna e increada, propia de la fecundidad del Padre, cuya esencia es la Luz, es la Virginidad, es la Pureza.
Ahora bien, si el Padre comunica a los sacerdotes su fecundidad para que ejerzan en el mundo  la paternidad en las almas, dándoles vida para el cielo, ellos también, por la virtud de esta fecundidad divina, deben ser luz, porque han recibido, en el germen divino de la fecundidad del Padre, su ser de luz, de virginidad, de limpidez, de pureza que los hará verdaderos padres que tienen que engendrar en la Iglesia almas de luz, de claridad de pureza.
4.6    El de los fieles.
BENEDICTO XVI.
La participación de los laicos en la misión sacerdotal de Cristo.
“Los laicos, consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu Santo, están maravillosamente llamados y preparados para producir siempre los frutos más abundantes del Espíritu. En efecto, todas sus obras, oraciones, tareas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el trabajo diario, el descanso espiritual y corporal, si se realizan en el Espíritu, e incluso las molestias de la vida, si se llevan con paciencia, se convierten todos en sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo, que ellos (los laicos) ofrecen  con toda piedad a Dios Padre en la celebración de la Eucaristía, uniéndolos a la ofrenda del cuerpo del Señor. De esta manera, también los laicos, como adoradores que en todas partes llevan una conducta sana, consagran el mundo mismo a Dios” (LG 34).
De manera particular, los padres participan de la misión de santificación “impregnando de espíritu cristiano la vida conyugal y procurando la educación cristiana de los hijos.



5.   IDENTIDAD SACERDOTAL

Mons. Leopoldo Ruiz y Flores, en el mensaje que escribió como prólogo al libro  ¨A mis sacerdotes¨ en su primer edición dice: Llegó a creer, sin vacilar que “Habéis bendecido a Dios con toda vuestra alma” al descubrir en este opúsculo una prueba patente de la Bondad y Misericordia de Dios que ha si ha querido confortarnos en esta prueba y suplir de manera admirable los medios de santificación de que carecéis en la actualidad.
Estas  confidencias por su contexto general tienen un sentido clarísimo de amor de predilección  para los sacerdotes... amados, elegidos, socios de Jesús en su obra redentora y salvadora.

“El Sacerdote y la Encarnación tienen entre sí mutuas y misteriosas relaciones”.
En el altar, el sacerdote unido al Dios hombre, opera el misterio de la transustanciación. Entonces el Dios hecho carne, al servirse del sacerdote para la transustanciación como se sirvió de su propia humanidad para instituir la Eucaristía refleja en el místicamente y en cierto grado el misterio de la Encarnación.
Lo que no debe extrañar, pues en realidad todos los misterios se reflejan en el corazón del sacerdote a la hora de la consagración. El misterio de unidad muy especialmente, porque, al transformarse en Mi en aquella hora solemne del sacrificio, viene a ser uno conmigo, en la unidad de la Trinidad.
También se refleja en el el misterio de la Eucaristía, porque al transformarse en Mi, participa en la unidad de la Eucaristía, cuya sustancia es una, aunque se multipliquen las especies.
Y si todos los cristianos desde el Bautismo son templo del Espíritu Santo, los sacerdotes no sólo son su templo, sino su posesión. Porque el Padre se los dedico eternamente al Espíritu Santo; porque Yo, el Hijo, los conquiste por mis infinitos méritos;  porque el mismo Espíritu Santo cuando obro la Encarnación del Verbo en María virgen se gozó también en divinizar la vocación sacerdotal con el contacto del Verbo y puso en esa vocación una fibra de la fecundación del Padre y un reflejo de su Inmaculada Esposa, imagen de la Iglesia.
Y aquí hemos llegado al punto final de la transformación en Mi, a lo más elevado de ella, a la perfecta unidad en la Trinidad. Aquí está también el secreto de la atracción del sacerdote respeto de las almas, de la fecundidad de su apostolado, de la comunicación de pureza, de unión, de luz, de virtudes, de lo divino; porque no es el sacerdote el que vivesino Yo en él con todas mis virtudes, carismas y dones, y aun con la comunicación de los esplendores eternos de la Trinidad.
Hasta este punto final de la fusión de las almas sacerdotales con Dios y en Dios, quiero que lleguen mis sacerdotes. Este es el punto final de la mas elevada unión y del ideal bellísimo de mi Padre al engendrar la Iglesia eternamente en su entendimiento, con todos, los miembros que la formarían, hasta endiosarlos por medio de su transformación en Mi, Dios hombre. Este fue también el hermoso ideal del Padre al engendrar en María el Verbo, por medio del Espíritu Santo, este fue su fin: no hacer muchos dioses, sino un solo Dios y a todos los sacerdotes en Él, por su unidad perfecta en la Trinidad.
Esa unidad en la Trinidad que he pedido a mi Padre, y que en un arranque de amor infinito hacia el Hijo, hacia Mi, Dios-hombre, me ha concedido: El que sean uno Conmigo y con El, por medio de su transformación en MYo en ellos, el Padre y el Espíritu Santo en Míformando todos una sola unidad.
¿Se ve ahora claro porque tiendo en estas Confidencias a esa unidad eterna?, ¿porque quiero a mis sacerdotes unos conmigo y tan hechos Yo en Mi, que nos perdamos todos en la Trinidad, volviendo al seno santísimo y divino del Padre, en donde fuimos - ellos y Yo, con la Iglesia - eternamente engendrados?
¿No es de justicia  que Yo anhele y pida en estos últimos tiempos la reacción por fin  de mis sacerdotes en Mi, por puro amor y con el objeto de devolver al Padre lo del Padre, lo suyo a su Jesús ya no solo, sino a todos los sacerdotes en Él, formando un Salvador único - los sacerdotes en Mi -, con todos los sacerdotes transformados?
“ Y es un hecho que hasta allá puede llegar un sacerdote transformado en Mi, hasta ese grado de elevación, hasta fundirse en la Trinidad, pasando por Mi, Jesucristo, Dios y hombre; porque nadie sube al Padre ni lo conoce, si Yo no se lo doy a conocer ”.
Porque no fueron ellos los que me eligieron, mi amor se
adelantó a su amor,  y aun antes de darles el ser y con él la vocación al sacerdocio para que sirvieran a mi Iglesia, ya mi Padre de toda la eternidad los había engendrado en su mente con singular elección, con mirada eterna de amor de Padre. Desde aquel principio, ya el Padre me miraba a Mi en los sacerdotes ya los sacerdotes en Mi.


Y al sacerdote le pide la inmensa gratitud por el DON recibido.  
Configurarse a Jesús en quien ha sido injertado, y corresponder a ese amor ganando almas para Dios. Ser signo visible, palpable, vivo de Cristo. El gran ideal del sacerdote debe ser Jesús crucificado.

5.1  EL SECRETO PARA ATRAER A LAS ALMAS
En el Evangelio, Jesús se presenta como el Pastor de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Su mirada sobre la gente es una mirada "pastoral". Por ejemplo, en el Evangelio de este domingo, se dice que "al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tiene pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas" (Mc. 6, 34). Jesús encarna a Dios Pastor con su forma de predicar y con su obra, cuidando de los enfermos y de los pecadores, de los que están "perdidos" (cf. Lc. 19,10), para traerlos de vuelta a salvo, en la misericordia del Padre.
¿Y como atraer los sacerdotes al mundo de las almas que se pierden, arrebatadas por la corriente de la impureza, de la vanidad, de la soberbia y de las malas pasiones? Solo siendo otro Yosolo transformándose plenamente en Mí, para tener esa virtud divina de atracción divina que sólo Yo poseo por haberla recibido del Padre, una sola Divinidad Conmigo.
Solo Yo tengo ese atractivo santo que santifica, ese imán divino que atrae a lo puro, a lo recto, a lo elevado a lo santo.
Solo Yo comunico el alejamiento de la tierra y se elevar a las almas a regiones superiores.
Solo Yo tengo el poder de transformar a las almas y de trazarles el camino que soy Yo mismo, para que entrando por e camino que conduce al cielo se salven.
Solo Yo tengo influjo divino para subyugar a los corazones.
Solo Yo tengo medios y riquezas desconocidas para atraer, para convencer, para convertir, para transformar.
Pero si los sacerdotes son otros Yo, si se transforman en Mí, también ellos tendrán todas las prerrogativas que Yo tengo; y sin salir de Mi, unificados en Mi y por lo mismo en la Trinidad, obraran cosas estupendas, milagros verdaderos de conversiones; y su palabra tendrá eficacia, porque sera Mi palabra; y sus obras serán mis obras, todas sobrenaturales y divinas; y su querer sera el mío; y su voluntad, mi voluntad y la de mi Padre.
!Oh! !y que grandes tesoros, muchos que se ven y otros que la inteligencia humana no alcanza a comprender en la tierra, sele ofrecen al sacerdote transformado en Mi!
Entonces sele comunicará esa virtud de atracción, ese atractivo santo que, cautivando a las almas por lo que es mío, las santifique y las salve, Volveré entonces a la tierra en mis sacerdotes, como tanto lo anhelo y cambiará la faz del mundo y de los corazones.
Y es necesario que esto sea un hecho; es de todo punto
indispensable que yo no solo me refleje en mis sacerdotes, sino que ellos sean Yo mismo, unos Conmigo, para evangelizar de nuevo a las multitudes, pero que exhalen ellos el perfume de su divino Maestro.
!Quiero apóstoles, quiero mártires, no tan solo de sangre, sino por el cumplimiento de sus deberes; martirios de amor, martirios de paciencia y de abnegación en mi servicio! Vendrán legiones de sacerdotes santos que santifiquen, de sacerdotes otros Yo, todos impregnados del Espíritu Santo!
Sin duda que ya los hay, de lo contrario, se hubiera hundido el mundo, puesto que son los pararrayos de mi justicia y los que compensan -en lo posible- las faltas, los pecados, las miseria e ingratitudes de la tierra. ¿No he dicho que ya los siente mi pecho, que ya recibo el incienso de sus sacrificios y el aroma de su fervor?
Unos sacerdotes suplen lo que a otros les falta; pero no me satisface, sino que quiero a todos mis sacerdotes puros, santos y perfectos.
Quiero a todos mis sacerdotes transformados en un solo Sacerdote, en Mi; quiero hacer de todas sus almas una sola alma con la mía, un solo corazón con el mío, un mismo espíritu de atracción que es el mío; porque es el Espíritu Santo, todo amor, el que atrae y el que suavísimamente subyuga, el que derrama un ambiente de unción divina, de virtud sobrenatural que fascina a las almas y las convierte.
5.2   Juan Pablo II a  los Sacerdotes.
Quisiera añadir unas elevadas consideraciones que el Beato Juan Pablo II formuló en una numerosa ordenación en Brasil sobre la actuación de Cristo en el sacerdote, en sus palabras y gestos, destacando la íntima e inseparable unión que entonces se realiza entre el sacerdocio de Cristo y el sacerdocio ministerial: «Jesús –decía el Beato Pontífice– nos identifica de tal modo consigo en el ejercicio de los poderes que nos confirió, que nuestra personalidad es como si desapareciese delante de la suya, ya que es Él quien actúa por medio de nosotros.

“Por el sacramento del orden —dijo alguien acertadamente (el Papa cita a san JoseMaría)—, el sacerdote se capacita efectivamente para prestar a Nuestro Señor la voz, las manos, todo su serEs Jesucristo quien, en la Santa Misa, con las palabras de la Consagración, cambia la sustancia del pan y del vino en su Cuerpo y en su Sangre” . Y podemos añadir: Es el propio Jesús quien, en el sacramento de la penitencia, pronuncia la palabra autorizada y paterna: “Tus pecados te son perdonados” (Mt 9,2; Lc 5,20; 7,48; cf. Jn 20,23). Y es Él quien habla, cuando el sacerdote, ejerciendo su ministerio en nombre y en el espíritu de la Iglesia, anuncia la Palabra de Dios. Es el propio Cristo quien cuida a los enfermos, los niños y los pecadores, cuando les envuelve el amor y la solicitud pastoral de los ministros sagrado.
Su único anhelo en la tierra debe ser imitarlo, parecerse a El
interior y exteriormente.
Ningún sacerdote que tome el camino de la Cruz se perderá, y todos los sacerdotes que voluntariamente, que  amorosamente se abracen de la Cruz, se santificaron y alcanzaran eminentes grados de Unión Conmigo. Este es el gran secreto de la santidad de un sacerdote, la Cruz; este es el gran antídoto  contra las tentaciones de todas clase, la Cruz.




5.3   Benedicto XVI. LA LÓGICA DE DIOS ES SIEMPRE 'OTRA' RESPECTO A LA NUESTRA
Palabras del santo padre en el rezo del Ángelus
CASTEL GANDOLFO, domingo 23 septiembre 2012 (ZENIT.org).- Al mediodía de hoy, el santo padre Benedicto XVI se asomó al balcón del patio interior del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, para rezar el Ángelus con los fieles y peregrinos presentes. Estas son las palabras del papa al introducir la oración mariana.
¡Queridos hermanos y hermanas!
En nuestro camino a través del evangelio de san Marcos, el domingo pasado entramos en la segunda parte, es decir, el último viaje a Jerusalén y hacia la cumbre de la misión de Jesús. Después de que Pedro, en nombre de los discípulos, ha profesado la fe en Él, reconociéndolo como el Mesías (cf. Mc. 8,29), Jesús comenzó a hablar abiertamente sobre lo que le pasaría al final.
El evangelista muestra tres predicciones sucesivas de la muerte y la resurrección, en los capítulos 8, 9 y 10: en ellos Jesús proclama cada vez más claro, el destino que le espera y su necesidad intrínseca. El pasaje de este domingo contiene el segundo de estos anuncios. Jesús dice: "El Hijo del hombre --una expresión con que se designa a sí mismo--, será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará" (Mc. 9,31). Los discípulos "no entendían lo que les decía y temían preguntarle" (v. 32).
De hecho, leyendo esta parte del relato de Marcos, está claro
que entre Jesús y los discípulos hay una profunda distancia interior; están, por así decirlo, en dos longitudes de onda diferentes, por lo que los discursos del Maestro no son comprendidos, o lo son solo de modo superficial. El apóstol Pedro, inmediatamente después de haber manifestado su fe en Jesús, se permite regañarlo porque predijo que deberá ser rechazado y asesinado. Después del segundo anuncio de la pasión, los discípulos discutían sobre quién era el más grande entre ellos (cf. Mc. 9,34); y después, en el tercero, Santiago y Juan le piden a Jesús, el poder sentarse a su derecha y a su izquierda, cuando esté en la gloria (cf. Mc. 10,35-40).
Pero hay otras diversas señales de esta distancia: por ejemplo, los discípulos no logran curar a un muchacho epiléptico, que después Jesús sana con el poder de la oración (cf. Mc. 9,14-29); o cuando le presentan los niños a Jesús, los discípulos le reprochan, y al contrario Jesús, indignado, les hace quedarse, y afirma que solo los que son como ellos pueden entrar en el Reino de Dios (cf. Mc. 10,13-16).
¿Qué nos dice esto? Nos recuerda que la lógica de Dios es siempre "otra" respecto a la nuestra, según lo revelado por Dios a través del profeta Isaías: "Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros proyectos son mis proyectos" (Is. 55,8). Por ello, seguir al Señor le exige siempre al hombre una profunda conversión, de todos nosotros, un cambio en el modo de pensar y de vivir, le obliga a abrir el corazón a la escucha para dejarse iluminar y transformar interiormente.
Un punto-clave en el que Dios y el hombre se diferencian es el orgullo: en Dios no hay orgullo, porque Él es toda la plenitud y está siempre dispuesto a amar y a dar vida; en nosotros los hombres, sin embargo, el orgullo está profundamente arraigado y requiere una vigilancia constante y una purificación.
Nosotros, que somos pequeños, aspiramos a vernos grandes, a ser los primeros, mientras que Dios que es realmente grande, no teme de abajarse y ser el último.
Solo la Virgen María está perfectamente "sintonizada" con Dios: invoquémosla con confianza, a fin de que nos enseñe a seguir fielmente a Jesús en el camino del amor y de la humildad.



5.4   JUAN PABLO  I
CONSEJOS PRÁCTICOS A LOS SACERDOTES
ROMA, Domingo 26 agosto 2012 (ZENIT.org).-
El verano de 1978 no fue un verano cualquiera para la Iglesia católica. El 6 de agosto, después de quince años de pontificado, falleció Pablo VI. El 26 de agosto, después de un rapidísimo cónclave —dos días y cuatro votaciones— fue elegido Papa el patriarca de Venecia, que tomó el nombre de Juan Pablo I: Albino Luciani, «el Papa de la sonrisa», «el Papa humilde», «el Papa catequista», «el Papa párroco del mundo», «la sonrisa de Dios».
Amablemente se dirigió a todos los hombres, viendo en ellos «únicamente» a amigos y hermanos «sedientos de vida y de amor».
Su discurso se articuló en seis puntos programáticos, presentados con una palabra cargada de fuerza e inusual en el lenguaje de un Papa: «Queremos». Salta a la vista una programación de ideas originales: fe y cultura encuentran una feliz síntesis.
Teniendo nuestra mano asida a la de Cristo, apoyándonos en Él, hemos tomado también Nos el timón de esta nave, que es la Iglesia, para gobernarla; ella se mantiene estable y segura, aun en medio de las tempestades, porque en ella está presente el Hijo de Dios como fuente y origen de consolación y victoria.
Nos disponemos a asumir esta tremenda misión consciente de que la Iglesia católica es insustituible, de que su inmensa fuerza espiritual es garantía de paz y de orden, como tal está presente en el mundo, y como tal la reconocen los hombres esparcidos por todo el orbe.
Y mientras camina a través de peligros y tribulaciones, es confortada por la fuerza de la gracia divina que el Señor le prometió, para que a pesar de la debilidad humana no falte a su fidelidad absoluta, antes bien, se mantenga esposa digna de su Señor y no cese de renovarse a sí misma, bajo la acción del Espíritu Santo, hasta que por la cruz llegue a la luz sin ocaso » (Lumen gentium, 9)
La Iglesia, llena de admiración y simpatía hacia las conquistas del ingenio humana, pretende además salvar al mundo, sediento de vida y de amor, de los peligros que le acechan.
La tentación de sustituir a Dios con la decisión autónoma que prescinde de las leyes morales, lleva al hombre moderno al riesgo de reducir la tierra a un desierto, la persona a un autómata, y la convivencia fraterna a una colectivización planificada, introduciendo no raramente la muerte allí donde en cambio Dios quiere la vida.

Y abrazamos con amor también a todos los sacerdotes, especialmente a los párrocos y a cuantos se dedican a la cura directa de las almas, en condiciones muchas veces de penuria o de auténtica pobreza, pero sostenidos al mismo tiempo luminosamente por la gracia de la vocación y por el seguimiento heroico de Cristo, «pastor y guardián de vuestras almas» (1 Pe 2, 25).

-Pero queremos enviar un saludo particular a cuantos sufren en el momento presente; a los enfermos, a los prisioneros, a los emigrantes, a los perseguidos, a cuantos no logran tener un trabajo o carecen de lo necesario en la dura lucha por la vida; a cuantos sufren por la coacción a que está reducida su fe católica, que no pueden profesar libremente sino a costa de sus derechos primordiales de hombres libres y de ciudadanos solícitos y leales. Pensamos de modo particular en la atormentada región del Líbano, en la situación de la Tierra de Jesús, en la faja del Sahel, en la India tan probada, y en todos aquellos hijos y hermanos que sufren dolorosas privaciones, sea por las condiciones sociales y políticas, sea a consecuencia de desastres naturales.
« Pedro, por su naturaleza, era simplemente un hombre; por la gracia, un cristiano; por una gracia todavía más abundante, uno y a la vez el primero de los Apóstoles »
« No deja de presidir su sede San Pedro, y está vinculado al Sacerdote eterno en una unidad que nunca falla... Y por eso todas las demostraciones de afecto que, por complacencia fraterna o piedad filial, habéis dirigido a Nos, reconoced con mayor devoción y verdad que las habéis dirigido conmigo a aquel cuya sede nos gozamos no tanto en presidir, como en servir » (S. LEÓN MAGNO, Sermo V, 4-5; PL 54, 155-156).
El Papa comienza su ministerio apostólico invocando a la Virgen y con la atención centrada en Cristo Rodeado de vuestro amor y sostenido por vuestra oración, comenzamos nuestro servicio apostólico invocando, cual espléndida estrella de nuestro camino, a la Madre de Dios, María, Salus Populi Romani y Mater Ecclesiae, que la liturgia venera de manera particular en este mes de septiembre.


Quizá hayáis advertido que ya cuando hablé a los cardenales en la Capilla Sixtina, aludí a la « gran disciplina de la Iglesia » que debía «mantenerse en la vida de los sacerdotes y de los fieles». Sobre este tema habló con frecuencia mi venerado Predecesor, y sobre lo mismo me permito hablaros brevísimamente con confianza de hermano en este primer encuentro.

Fomentar el recogimiento interior
Hay una disciplina « pequeña », que se limita a la observancia puramente externa y formal de normas jurídicas. Pero yo quisiera hablar de la disciplina « grande ». Esta existe sólo cuando la observancia externa es fruto de convicciones profundas y proyección libre y gozosa de una vida vivida íntimamente con Dios. Se trata --escribe el abad Chautard-- de la acción de un alma, que reacciona continuamente para dominar sus malos inclinaciones y para ir adquiriendo poco a poco la costumbre de juzgar y de comportarse en todas las circunstancias de la vidasegún las máximas del Evangelio y los ejemplos de Jesús. « Dominar las inclinaciones » es disciplina. La frase « poco a poco » indica disciplina, que requiere esfuerzo constante, prolongado, nada fácil. Incluso los ángeles que vio Jacob en sueños no volaban, sino que subían los escalones uno a uno; ¡figurémonos nosotros, que somos pobres hombres sin alas! La « gran » disciplina requiere un clima adecuado. Ante todo, el recogimiento. Una vez sucedió en la estación de Milán que vi a un maletero durmiendo pacíficamente junta a una columna y apoyada la cabeza en un saco de carbón... los trenes partían silbando y llegaban chirriando con las ruedas; los altavoces daban sin cesar avisos que aturdían; la gente iba y venía con ruido y jaleo, pero el hombre seguía durmiendo y parecía decir: « Haced lo que os plazca, porque yo tengo necesidad de quietud ». Algo parecido deberíamos hacer los sacerdotes: a nuestro alrededor hay movimiento incesante y las personas, los periódicos, las radios, las televisiones no paran de hablar. Con mesura y disciplina sacerdotal debemos decir: « Más allá de ciertos límites, para mí, que soy sacerdote del Señor, vosotros no existís; yo tengo que reservarme un poco de silencio para mi alma; me alejo de vosotros para unirme a mi Dios ».

Dialogar con Dios y dialogar con los hombres.
Comprobar que su sacerdote está habitualmente unido a Dios es hoy el deseo de muchos fieles buenos. Estos razonan como el abogado de Lión, cuando volvía de visitar al Cura de Ars. « ¿Qué ha vista usted en Ars? », le preguntaron. Respuesta: « He visto a Dios en un hombre ». Análogos son los razonamientos de San Gregorio Magno. Este desea que el pastor de almas dialogue con Dios sin olvidar a los hombres, y dialogue con los hombres sin olvidar a Dios. Y dice: « Huya el pastor de la tentación de querer ser amado por los fieles en vez de por Dios, o de ser demasiado débil por miedo a perder el afecto de los hombres; no sea que corra el riesgo de que Dios le reprenda así: '¡Ay de los que se hacen cintajos para todas las articulaciones de las manos!' (Ez 13,18). El pastor --termina diciendo-- debe procurare ser amado, claro está, pero a fin de ser escuchado, no buscando este afecto para provecho propio » (cf. Regula pastoralis 1, II, c. VIII).


Ejercer el gobierno pastoral como servicio
Los sacerdotes son todos guías y pastores en un cierto grado; pero ¿tienen todos concepto cabal de lo que supone ser verdaderamente pastor de una Iglesia particular, es decir, obispo? Jesús, Pastor supremo, dijo de sí mismo por una parte: « Me ha sido dada todo poder en el cielo y en la tierra » (Mt 28,18), y por otra añadió: « He venido a servir » (cf. Mt 20, 28), y lavó los pies a sus Apóstoles. Por tanto, en él iban unidos a la vez poder y servicio. Algo parecido se dice de los Apóstoles y de los obispos: Praesumas --decía Agustín--si prossumus (Miscellanea Augustiniana, Romae 1930, t. I, pág. 565).

Nosotros los obispos gobernamos sólo si servimos: nuestro gobierno es cabal si se concreta en servicio o se ejerce con miras al servicio, con espíritu y estilo de servicio. Sin embargo, este servicio episcopal fallaría si el obispo no quisiera ejercer los poderes recibidos. Sigue diciendo San Agustín: « el obispo que no sirve a la gente (predicando, guiando) es sólo un foeneus custos, un espantapájaros colocado en los viñedos para que los pájaros no piquen las uvas » (ib. 568). Por ello está escrito en la Lumen Gentium: « los obispos gobiernan... con los consejos, las exhortaciones, los ejemplos, pero también con la autoridad y la sacra potestad » (Lumen Gentium, 27).


Cumplir la voluntad de Dios
Otro elemento de la disciplina sacerdotal es el amor al propio puesto. Lo sé, no es fácil amar el puesto y seguir en él cuando las cosas no van bien, cuando se tiene la impresión de no ser comprendido ni alentado, cuando la inevitable confrontación con el puesto asignado a otros nos llevaría a sentirnos tristes y desanimados. Pero ¿es que no trabajamos por el Señor? La ascética nos enseña: no mires a quién obedeces, sino por Quién obedeces.


El reflexionar también ayuda.
Yo soy obispo desde hace veinte años: muchas veces he sufrido por no poder premiar a alguno, que lo merecía de verdad; pero o no había puesto-premio, o no sabía cómo sustituir a la persona, o sobrevenían circunstancias adversas. Por otra parte, San Francisco de Sales ha escrito: « No hay ninguna vocación que no tenga sus contratiempos, sus amarguras y sus disgustos. Aparte de los que están plenamente resignados a la voluntad de Dios, cada uno desearía cambiar la propia condición por la de los otros. Los que son obispos no querrían serlo; los que están casados querrían no estarlo, y los que no lo están desearían casarse. ¿De dónde nace esta inquietud generalizada de los espíritus, sino de una cierta alergia a lo que es obligación y de un espíritu no bueno que nos lleva a suponer que los otros están mejor que nosotros? » (SAN FRANCISCO DE SALES, Oeuvres, edic. Annecy, t. XII, 348-9). He hablado a la llana y os pido disculpas por ello. Pero os puedo asegurar que desde que he llegado a ser Obispo vuestro os amo mucho. Y con el corazón lleno de amor os imparto la bendición apostólica.

IDENTIDAD SACERDOTAL
“Hace mucho tiempo que vengo insinuando este mi deseo de que se consagre el universo al Espíritu  Santo, para que se derrame en la tierra como un nuevo Pentecostés”.
        “Entonces, cuando esto llegue, el mundo se espiritualizara con la unción santa de pureza y de amor con que lo bañara el Soplo vivificante y puro, el Purísimo Espíritu. Barrera este santo Soplo todas las impurezas en los corazones, y todos los errores en las inteligencias que correspondan a su influjo. La faz del mundo se renovará y todas las cosas se restaurarán en Mi. Pero sobre todo, mis sacerdotes serán los primeros en esa restauración universal.
        No siempre mi Iglesia ha de estar postergada. Tendrá siempre enemigos y guerras y persecuciones hasta el fin de los siglos, pero tendrá treguas también, tendrá honrosos triunfos. Yo lo aseguro. Pero he vinculado estos triunfos a un sola cosa: a la consumación transformante en la tierra de sus sacerdotes en Mí.
Con esto vendrá el Reinado del Espíritu Santo,  en las almas de mis sacerdotes y en las almas después y en las naciones y traerá la paz por medio de la unidad en el amor, en la Caridad.
   Quiero en mis sacerdotes la perfecta transformación en Mí para que su vida entera sea un acto de amor continuado a mi Padre Celestial, porque esa fue mi vida en la tierra y la que ellos deben continuar. Todos sus pensamientos sus palabras, sus obras, sus anhelos, sus ilusiones, sus trabajos exteriores, su vida interior, etc. , etc., deben tener en ellos un solo fin, el de glorificar a mi Padre.
        Que pidan los fieles para que se apresure, para mi mayor gloria, esta santificación de los sacerdotes en el Santificador único, esa evolución santa por el amor, ese ser todos de María, y todos  para las almas en Mí Para que Yo en ellos, en la tierra, alivie, edifique, perdone y salve.
        ¡Como mi Corazón palpita y ansia esta época de transformación en Mi y de triunfo para mi Iglesia!. ¡Como mis ojos se empañan con lágrimas de emoción, de dicha, de triunfo, de gratitud para con mis amados sacerdotes!.
        Que no piensen en lo que fueron, si desgraciadamente me han sido infieles. ¡Los amo tanto!. Fue, después de mi Madre, lo que mas ame en la tierra, a mis apóstoles; y en ellos vi ya a todos mis sacerdotes futuros y en ellos los ame, y en Mi mismo los amo porque son parte de mi mismo ser.
       

¿No saben que mi Padre los ve como a Mi mismo y que los siento Yo como cosa mía; como si fueran Conmigo un mismo cuerpo, una misma alma, un mismo corazón?.
        Este es mi Corazón para el Sacerdote; su principio amoroso en el seno del Padre, un mar doloroso desde el seno de María y su ocaso glorioso en la bienaventuranza eterna.

Si los sacerdotes transformados en Mi aman con el amor infinito con que Yo amo a mi Padre, con el amor mismo con que El se ama a sí mismo, es decir con el Espíritu Santo; serán perfectos y participaran de la sola y única fecundidad del Padre con más intensidad, con más plenitud,  y serán padres en el Padre, por el Verbo hecho hombre y Sacerdote eterno, y enlazaran esa celestial unión transformante con el infinito y eterno amor, el Espíritu Santo.


La perfección Cristiana es obra por excelencia del Espíritu Santo.

La devoción al  Espíritu Santo está hecha de luz, de confianza y de amor. Como no ha de ser luz, si por ella nos  transformamos en Jesús. Como no ha de ser confianza si nos hace hijos del Padre. Como no ha de ser amor, si el Espíritu Santo Amor produce en nosotros una imagen de su propio Amor. Si lo que busca es establecer en las almas el dichoso reinado del Amor.
     El Espíritu Santo  se da a las almas, produce en ellas la gracia Santificante que nos hace participar de la misma naturaleza divinainfunde la Caridad sobrenatural, imagen suya, y derrama en las almas todas las Virtudes sobrenaturales y todos los Dones de Espíritu Santo.
       
   
Por las virtudes primero,  el Espíritu Santo purifica a las almas para que pueda desarrollarse en ellas la Caridad. Cuando el alma ha sido purificada por las virtudes, el Espíritu Santo la purifica más hondamente por los Dones, armonizando todo en ella de manera admirable, hasta que el alma perfectamente pacificada, penetrada por la Caridad y poseída plenamente por el Espíritu Santo, se transforma en Jesús por la plenitud del Don de Sabiduría.
       
El Ideal, el Principio Ejemplar de la obra del Espíritu Santo, es El Padre, de cuyo Seno viene el Espíritu Santo trayéndonos la divina fecundidad. La luz del cielo se difundirá en el alma purificada e irán apareciendo en ella rasgos dispersos, pálidos esbozos del Ideal. Después se va armonizando todo: todas las luces dispersas se unifican en un solo tema divino. Todos los anhelos se funden en la unidad de un amor que avasalla.
      
        La obra va a aparecer en su magnífica belleza :La imagen del Padre, la reproducción creada de aquella imagen única, infinita y substancial del Padre que es su Verbo, que al venir con nosotros a tomar nuestra carne se llama Jesús.
        Esta transformación que es fruto del Amor es esencialmente una transformación de Luz.  La cumbre de esta divina ascensión es la Unión Transformante  que se caracteriza por una unión muy íntima con el Verbo de Dios.
 El fin de la santificación de las almas es la gloria del Padre, la esencia de esa obra maravillosa es la transformación en Jesús. Transformarse en Jesús es llevar grabada en el alma, con rasgos de luz divina la imagen de Jesús, Sabiduría Increada.
        La transformación en Jesús es una obra de luz, de sabiduría, porque el Verbo de Dios es la Sabiduría del Padre.   Transformarse en Jesús es participar plenamente del Don de  Sabiduría. Por el Don de Sabiduría el alma se hace semejante al Verbo y lo posee, pues por ese don hay una misión del  Hijo de Dios alma feliz que se hace su dueña.
Pero ese Don tiene sus raíces en la Caridad: es luz que brota del amor, luz que crece cuando se acrecienta el amor y que llega a su plenitud cuando la Caridad a llegado a su pleno desarrollo.
La sabiduría que es don tiene ciertamente su causa en la voluntad, esto es, en la Caridad, pero tiene su esencia en el entendimiento. La Caridad, semejanza creada por el Espíritu Santo a su imagen, nos conduce a la sabiduría. Nos da la imagen, la posesión y la intimidad del Verbo de Dios. El Espíritu Santo nos lleva a Jesús, nos hace Jesús transformándonos en El.  
Para transformarse en Jesús es preciso amar, amar sin medida. Amar por la Caridad que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones.
        Este es el ciclo divino de la santificación de las almas: Nadie puede ir al Padre sino por Jesús, nadie puede ir a Jesús sino por el Espíritu Santo. Por Jesús, con Jesús, en Jesús, las almas glorifican al Padre en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
       
Esta vida de Jesús en las almas es como una prolongación mística de su vida mortal. El alma transformada en Jesús puede realizar la obra de Jesús, la que glorifica al Padre, y así Jesús lleva las almas al Padre, donde toda perfección se consuma.
        Dios es una verdad que nunca se abarca. Un bien que nunca se agota. Una hermosura que es siempre nueva. Un "no se que" que es majestad infinita y ternura inefable. Y el homenaje que le rinde nuestra alma es  al mismo tiempo respeto y confianza, adoración y amor.
        Para Comprender su lenguaje divino es necesario el alejamiento de lo terreno y la adquisición del  "sentido de lo divino" que corresponde a los limpios de corazón. Saberlo mirar por la pureza, Dejarse arrastrar por el soplo de su Espíritu. No poner resistencia, darse, entregarse a las divinas exigencias. Unión de voluntades, fusión de afectos, identidad de tendencias. Abandono a las disposiciones y a la acción del amado.
        Borrarse, anonadarse, desaparecer para fundirse en el amado.   Este dulce abandono a todos los movimientos del Amor es el rasgo característico de nuestra devoción al Espíritu Santo. Amar al Espíritu Santo es dejarnos arrastrar por Él como una pluma ligera se deja arrastrar por el viento. Dejarnos poseer por El como la rama seca se deja poseer por el fuego. Dejarse animar por El, como las cuerdas de una Lira maravillosamente sensible, parecen tomar vida por la inspiración del artista que las hace vibrar.
       
Los grados de abandono, no solo son los grados de amor, sino los grados de la Perfección Cristiana.  La cumbre de ella, se caracteriza precisamente por la extensión y la constancia de las mociones del Espíritu Santo sobre el alma que El posee.
El Entendimiento de esta alma es entendimiento de Dios; la voluntad suya es voluntad de Dios; su memoria, memoria de Dios y; su deleite, deleite de Dios. Y la substancia del alma aunque no es substancia de Dios porque no puede sustancialmente convertirse en El,  pero estando unida como esta con Él, y absorta en Él, es Dios por participación de Dios. Sin ser Dios esta de tal modo fundida en El, que participa de todas las características de Dios.

Nosotros  somos los sacerdotes.
Continuadores del sacerdocio de Jesús y de su obra redentora y salvadora. Partícipes de su misión y de su suerte. Si no hubiera sacerdotes en la tierra, no habría en el mundo Eucaristía. Pero nosotros somos también su cruz, la más pesada, la más amarga cuando no somos lo que debemos. “Su Cruz Interna”.
Nuestro origen y nuestro glorioso ocaso esta en el divino y eterno -en cuanto es divino- Corazón de Jesús.

El día de su ordenación el Espíritu Santo grabó con su fuego la Imagen de Jesús. Los hizo hijos en el Hijo Sumo y Eterno Sacerdote y además nos hizo padres, comunicándonos la divina Fecundidad del Padre para con los demás.
Son mis vasos de elección, mis escogidos, mis apóstoles, mis mártires en muchas formas,. Son los lirios que deben perfumar los altares, son las cruces vivas en donde mi Corazón descansa, son el consuelo de mi Padre en la tierra, porque en ellos me contempla a Mi, su Hijo muy amado en quien se complace. Son los verdaderos nidos del Espíritu santo, como Yo, y quienes lo poseen en forma especial.
Un sacerdote no esta solo sino asistido por el Espíritu Santo, envuelto en la Trinidad, que atraída hacia el sacerdote por la fibra de la fecundación del Padre - al hacerlo padre de las almas - vive en él y lo acompaña en todos sus ministerios sagrados.
Porque no fueron ellos los que me eligieron, mi amor se adelantó a su amor,  y aun antes de darles el ser y con él la vocación al sacerdocio para que sirvieran a mi Iglesia, ya mi Padre de toda la eternidad los había engendrado en su mente con singular elección, con mirada eterna de amor de Padre. Desde aquel principio, ya el Padre me miraba a Mi en los sacerdotes ya los sacerdotes en Mi
Y al sacerdote le pide la inmensa gratitud por el DON recibido, configurarse a Jesús en quien ha sido injertado, y corresponder a ese amor ganando almas para Dios. Ser signo visible, palpable, vivo de Cristo. Hacerlo presente.

! Sacerdotes del Señor Bendecid al Señor!

Ser Jesús crucificado.
El gran ideal del sacerdote debe ser Jesús crucificado, y su único anhelo en la tierra debe ser imitarlo, parecerse a El interior y exteriormente.
Ningún sacerdote que tome el camino de la Cruz se perderá, y todos los sacerdotes que voluntariamente, que  amorosamente se abracen de la Cruz, se santificaron y alcanzaran eminentes grados de Unión Conmigo . ESte es el gran secreto de la santidad de un sacerdote, la Cruz; este es el gran antídoto  contra las tentaciones de todas clase, la Cruz.
El amor a mis sacerdotes va más allá de lo que puede concebir la mente humana, porque es divino. Los amo desde la eternidad, en el seno de mi Padre, con amor entrañable, con delicadeza inconcebible, con toda la potencia de un Dios  salvador.
Son míos por doble donación de mi Padre y del Espíritu Santo, que me ungieron con el Sacerdocio eterno, y todos dependen de Mí y todos son uno en Mi, su Cabeza, su Corazón, su principio de acción y de vida, y Yo debiera ser su vida misma.
Todo eso y mas son para Mi y para toda la Trinidad: para el Padre, para el Verbo hecho carne, que soy Yo, y para el Espíritu Santo alma de la Iglesia, que ansía poseer a sus  sacerdotes mas y mas plenamente, porque de manera muy especial le pertenecen.
No se aprecia el infinito valor de la vocación sacerdotal, no se estudia su origen, no se valora su precio. Se le ve como una gracia grande, pero no en su verdadera santidad, se le aprecia superficialmente y se le desprecia y sele mancha con facilidad. Tantas almas desertoras, cuantas otras prófugas de su divina vocación y cuanta infieles a ella.
!Oh si comprendieran mis sacerdotes a fondo, con seriedad, con luz divina el valor de su vocación sacerdotal y que me costó a mi dolores y sangre en la cruz, pero sobretodo crueldades y desgarradoras amarguras en lo íntimo de lo íntimo, en la cruz interna de mi Corazón, de que distinto modo se portarían muchos!.
Con que ya ven la profunda intimidad de esta confidencia. Ahora ayúdenme a alcanzar con sus penas, sacrificios y oraciones lo que tanto anhelo y he pedido en mil formas, la transformación plena y consumada de los sacerdotes en Mi

Quiero que haya almas dedicadas a pedir por los 
sacerdotes”.
¿Qué son los sacerdotes?
¿No son acaso las almas de elección, tus almas predilectas, en las que tiene la Trinidad su asiento y su esperanza en la tierra para salvar a las almas?
Son otros Yo mismo y más perfectamente lo son los sacerdotes transformados en Mi
Son los conductos por donde se derrama en las almas la misma Trinidad, son la imagen de Dios en la tierra, son la fecundación del Padre en las almas.
Son mas de María que los demás hombres, son mis representantes en la tierra  para con las almas, y los que perdonan, y los que salvan, los que evangelizan y los que forman a Jesús en los corazones.
Son mis vasos de elección, mis escogidos, mis apóstoles, mis mártires en muchas formas,. Son los lirios que deben perfumar los altares, son las cruces vivas en donde mi Corazón descansa, son el consuelo de mi Padre en la tierra, porque en ellos me contempla a Mi, su Hijo muy amado en quien se complace.
Son los verdaderos nidos del Espíritu santo, como Yo, y quienes lo poseen en forma especial.
El amor a mis sacerdotes va más allá de lo que puede concebir la mente humana, porque es divino. Los amo desde la eternidad, en el seno de mi Padre, con amor entrañable, con delicadeza inconcebible, con toda la potencia de un Dios  salvador.
Son míos por doble donación de mi Padre y del Espíritu Santo, que me ungieron con el Sacerdocio eterno, y todos dependen de Mi y todos son uno en Mi, su Cabeza, su Corazón, su principio de acción y de vida, y Yo debiera ser su vida misma.
Todo eso y mas son para Mi y para toda la Trinidad: para el Padre, para el Verbo hecho carne, que soy Yo, y para el Espíritu Santo alma de la Iglesia, que ansía poseer a sus  sacerdotes mas y mas plenamente, porque de manera muy especial le pertenecen.



Gracias divinas para el sacerdote.
“El Sacerdote y la Encarnación tienen entre sí mutuas y misteriosas relaciones”.
En el altar, el sacerdote unido al Dios hombre, opera el misterio de la transubstanciación. Entonces el Dios hecho carne, al servirse del sacerdote para la transubstanciación como se sirvió de su propia humanidad para instituir la Eucaristía refleja en el místicamente y en cierto grado el misterio de la Encarnación.
Ahora bien, si el Padre comunica a los sacerdotes su fecundidad para que ejerzan en el mundo  la paternidad en las almas, dándoles vida para el cieloellos también, por la virtud de esta fecundidad divina, deben ser luz, porque han recibido, en el germen divino de la fecundidad del Padre, su ser de luz, de virginidad, de limpidez, de pureza que los hará verdaderos padres que tienen que engendrar en la Iglesia almas de luz, de claridad de pureza.
En su alocución previa al rezo de la oración mariana, el Papa  Benedicto XVI, afirmó que “el Evangelio ha transformado el mundo, y todavía lo está transformando, como un río que
riega un inmenso campo”.
Explicando la primera lectura de este domingo, de la Carta a los Filipenses de san Pablo, destacó que esta carta contiene “un himno a Cristo que ya presenta una síntesis completa de su misterio: encarnación, kénosis, es decir, humillación hasta la muerte de cruz, y glorificación”.
Indicó que “este mismo misterio se hace una unidad con la vida del apóstol Pablo, que escribe esta carta mientras se encuentra en la cárcel, a la espera de una sentencia de vida o de muerte”.
“Él afirma: “Para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia” -recuerda el Papa-. Es un nuevo sentido de la vida, de la existencia humana, que consiste en la comunión con Jesucristo vivo; no sólo con un personaje histórico, un maestro de sabiduría, un líder religioso, sino con un hombre en el que habita personalmente Dios”.
“Su muerte y resurrección es la Buena Noticia que, partiendo de Jerusalén, está destinada a llegar a todos los hombres y a todos los pueblos, y a transformar desde el interior todas las culturas, abriéndolas a la verdad fundamental: Dios es amor, se ha hecho hombre en Jesús y con su sacrificio ha rescatado a la humanidad de la esclavitud del mal dándole una esperanza fiable”, explicó.

Nuestra participación, como ministros de Dios en el Misterio de la Encarnación, de la Cruz y de la Eucaristía tiene puntos de gran semejanza con la participación de la Virgen Santísima en estos tres grandes Misterios.
Como la Santa Virgen, así el sacerdote es llamado por vocación a estar activamente presente en el Sacrificio de la Santa Misa, perpetuación del Santo Sacrificio de la Cruz.

Está presente en unión con Cristo en el ofrecimiento de sí mismo; está listo para aceptar, sufrir y ofrecer dificultades e incomprensiones, insultos y ofensas, el sufrimiento en general como Jesús ha hecho. Sin este ofrecimiento, la participación del Sacerdote resulta tan sólo exterior, material y por lo tanto infecunda.

El sacerdote, con las palabras de la Consagración, renueva el prodigio de la Encarnación: provoca, como la Virgen con su Fiat[1], la real Encarnación del Verbo en sus manos.
Amándolo, como María lo ha amado en su seno, recibiéndolo en la Santa Comunión con la pureza de alma y de cuerpo con la que la Virgen lo concibió, con el ofrecimiento hecho en unión con Jesús al Padre, el Sacerdote se vuelve, como la Virgen, verdaderamente corredentor.

Si el sacerdote celebrante no está animado por esta fe y por estos sentimientos y propósitos, su Misa es estéril para él; no ha cumplido su misión de corredentor, no ha sido más que un protagonista material del más grande Misterio.
“Para cumplir su elevada tarea, el sacerdote debe tener una sólida estructura espiritual y vivir toda su vida animado por la fe, la esperanza y la caridad. Debe ser, como Jesús, un hombre que busque, a través de la oración, el rostro y la voluntad de Dios, y que cuide también su preparación cultural e intelectual.”
Unificación en la Voluntad Divina
“Para dar fruto en las almas, los sacerdotes tienen que estar injertados en Mi; mas aun, ser otro Yo mismo, unos en Mi en la unidad de la Trinidad, Sin lo cual, serán vanos sus esfuerzos, infecundos sus trabajos propios, porque les faltara la savia, santa y fecunda del Espíritu Santo”.
No tan solo quiero y he pedido en estas confidencias lo mas grande que tiene el hombre, lo único suyo y que persigo: su voluntad; sino que quiero llegar al límite, que esa voluntad se pierda en la Voluntad de mi Padre, como se perdió la mía, en cuanto hombre, siendo una sola voluntad en la Voluntad divina de la Trinidad.
Eso deben hacer mis sacerdotes, cabezas de mi Iglesia santa y de las almas: imitarme en ese punto capital, el mas santo y perfecto de su transformación en Mi: el identificarse plenamente con la voluntad santísima de mi Padre con el amor y el abandono, y el vivo deseo de hacer siempre y en cualquier circunstancia la divina voluntad de mi Padre hasta el heroísmo, hasta la muerte.
Si los fieles me aman, si quieren glorificarme, como es su deber de amor, nada más grande pueden hacer por Mi que lo que hagan por mis sacerdotes; pues ya saben que lo que a ellos les hacen, a Mi me lo hacen; aunque ahora en le sentido del bien. Y nada más grande pueden hacer por ellos que pedir esa unificación de sus voluntades en la de mi Padre, que es la Mía, que es la unidad en la Trinidad.
Que difícil es el papel del sacerdote! Los sacerdotes Germen fecundo de la Iglesia, engendrados por la divina fecundidad de la Trinidad Virgen, en el seno purísimo de la Virgen sin mancha. Creados expresamente a Mi imitación para salvar y santificar a las almas.
Deben ser santos para santificar. Debe ser amable sin rebajarse; dulce con energía; atractivo con límites; paciente con discreción; suave con limitación y prudente siempre. Pero Yo les ayudo en todos sus ministerios.
Invocad a La Virgen María, para que en toda la Iglesia maduren vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales para el servicio de la nueva evangelización”, exhortó.
Afirmó que “hoy vivimos en una época de nueva evangelización”: “Vastos horizontes se abren al anuncio del Evangelio, mientras regiones de antigua tradición cristiana están llamadas a redescubrir la belleza de la fe”, constató.
Y especificó quiénes son los agentes de la nueva evangelización, destacando: “Son protagonistas de esta misión hombres y mujeres que, como san Pablo, pueden decir: “Para mí vivir es Cristo”. Personas, familias, comunidades que aceptan trabajar en la viña del Señor, según la imagen del Evangelio de este domingo”.
Según el Pontífice, las personas que deben llevar a cabo la nueva evangelización son “trabajadores humildes y generosos que no piden otra recompensa que la de participar en la misión de Jesús y de la Iglesia”.



Secreto.
Voy a revelar un secreto: Y es que al engendrar el Padre en el seno de María por obra del Espíritu Santo, engendró Conmigo en Ella,  el germen de los sacerdotes en el Sacerdote Eterno.  El divino Espíritu  comunicó a María una fibra divina de la fecundación de los sacerdotes futuros, engendrados en el seno del Padre, de toda la eternidad.
Por eso María es más madre de los sacerdotes, por estar conmigo, en su seno inmaculado, aquella fibra sacerdotal unida a mi naturaleza humana divinizada.
Y por eso María tiene mucho de sacerdote; y por eso María busca  por justicia a su Jesús en cada sacerdote,  concebido Conmigo en su virginal seno, al encarnar el Verbo en sus  entrañas purísimas. Por eso se les exige a los sacerdotes la pureza, por descender de la luz del Padre y de María virgen, Reina de la Iglesia y Madre del Sacerdote Eterno, en el Verbo encarnado, y de los sacerdotes, - germen fecundo de la Iglesia, engendrados por la divina fecundidad del Trinidad Virgen, en el seno purísimo de la Virgen sin mancha -.
Y si los hijos deben parecerse a las madres y gozar de sus prerrogativas, ¿ no comprenden que los sacerdotes deben ser como un reflejo de María, deben también ser madres, y llevar en sus almas la “encarnación mística” del Verbo en su Madre; y por esto, el más estricto deber de parecerse a Mi, o mas bien, de tras formarse en Mi?.
!Hasta donde hemos llegado!, !hasta donde nadie se lo figuraba! Que reales y certísimas consecuencias hemos sacado a la vista y que Yo llevaba en el fondo del alma para hacerlo patente hoy,en estos tiempos en que más que nunca necesita la Iglesia de sacerdotes Yo, transformados en Mi.
En el Calvario proclame a María Madre universal de todos los hombres; el privilegio particular del Padre para con mis sacerdotes, en su asombrosa fecundación divina,  data del día en que el Verbo encarnó en Maríaaunque este designio del Padre en la Trinidad, que tuvo en cuenta eternamente a su Iglesia, no tiene principio. Fueron concebidos, como lo fue el Verbo en María, la vocación y el ser espiritual y divino de mis sacerdotes, por la fecunda profusión del Padre, por el amor purísimo del Espíritu Santo.
Unión de voluntades.
“Yo vine al mundo con el fin de hacerme amar del hombre, de orientar su amor a lo divino; porque el hombre se puede decir que es amor, nacio del amor y lleva en su ser el amor”.
Pero ese amor lo falsifica, lo vulgariza, lo mancha, cuando el amor es lo más noble del hombre y del alma del hombre.
Y en realidad el amor que pido al hombre y el que el hombre me pude dar es derivación del Amor eterno, del divino amor. Pero lo que busco en ese amor es lo mas hermoso de él: la voluntad de amarme.
Esa voluntad libre del alma es la que persigo, la que vine a buscar a la tierra, la que quiero poseer plenamente, la que me satisface. Y unir esa voluntad con la mía en todos sus grados, en toda su plenitud, esta el punto culminante de su transformación en Mí
Necesito la voluntad del sacerdote, porque sin ella nada
puedo hacer en su favor ni en bien de las almas; necesito esa voluntad de seguir mis huellas, de imitarme, de pertenecerme absoluta y plenamente, y de amarme, para tomarlo como mio, para su transformación en Mí
Quiero la voluntad del sacerdote, y ¿saben porque?, porque su voluntad es amor, es la esencia del amor.
Y aquí voy a descubrirles una cosa: que la falta de esa voluntad es la causa más poderosa que impide su transformación en Mi.
Ya he señalado en estas Coincidencias muchos obstáculos, pero hoy he puesto a su vista el principal para mi unión con esos sacerdotes amados: !su voluntad! Quiero esa voluntad pura, firme, generosa, absoluta, fiel y amante.
Con esas cualidades, el Espíritu Santo procederá al trabajo dulce y ansiado de la transformación de los sacerdotes en Mi.
Ofrecer a Cristo.
Ofrecer a Jesús es nuestra tarea. En la Misa y en las almas. Y ofrecernos a nosotros mismos y ofrecer a las almas en unión con El.
En la Eucaristia, el sacrificio de Cristo es también el sacrificio de los miembros de su cuerpo. La vida de los fieles,  su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo y a su total ofrenda, y adquieren así un valor nuevo.
Toda la Iglesia se une a la ofrenda y la intersección de Cristo por medio del ministerio de los Presbíteros y se realiza a la perfección el sacrificio espiritual de los fieles en unión con el sacrificio de Cristo, único Mediador. Este, en nombre de toda la Iglesia, por manos de los presbíteros, se ofrece incruenta y sacramentalmente en la Eucaristia, hasta que el Señor venga.
“Les deje mi Cuerpo para que se hicieran con él un mismo cuerpo, les deje mi Sangre para que formaran con ella una misma Sangre,  mi sacrificio incruento, que se repetirá hasta el fin de los siglos, para que se unieran mis sacerdotes a él en un solo sacrificio y oblación”.
Que el Espíritu Santo tomé plena procesión de nosotros, que nuestras almas se pierdan en el océano de pureza y de Amor que es el Espíritu Santo y así transfigurados nos ofrezca a Dios como ofreció a Jesús.
Que oren por mis sacerdotes, que se sacrifiquen por ellos
en mi unión; y por este medio, con María, se apresurara la realización de mis deseos en mis sacerdotes y en mi Iglesia.
CONSUMACIÓN EN LA UNIDAD
“A las almas sacerdotales  son a las que mas amo en la tierra
por el reflejo que en sí llevan de la fecundación de Mi Padre: en El los amo y por El los salvo. Esas almas llevan en si el germen comunicado del cielo para producirme a Mi en las almas; y por mi las virtudes que deben santificarlas y salvarlas de mil peligros que Yo se.
Pero las almas sacerdotales imprescindiblemente tienen que ser victimas; tienen que convertirse en don, renunciando se y ofreciéndose  puras a mi Padre en Mi unión, y entregándose también en donación a las almas, como Yo, dentro de mi Iglesia y doctrina.
Pero el alma del sacerdote que abraza y cultiva con su correspondencia a la gracia este Don de Dios, es el más dispuesto a recibir y ensanchar la gracia sin precio de la “encarnación mística” en el alma, que es gracia sacerdotal en todas sus partes, gracia por excelencia de donación mutua , gracia insigne transformante y unitiva que atrae a la Trinidad; porque el Verbo no puede apartarse en su divinidad ni del Padre ni del Espíritu Santo, una sola esencia con El.
Y si esa alma llega a la transformación - y mas por el rápido camino de la encarnación mística-  llega naturalmente a la unidad en la Trinidad, que es lo que pido, lo que anhelo, lo que ofrezco hoy a mis sacerdotes.
Las almas sacerdotales son las más aptas y a propósito para recibir esta gracia en toda su plenitud . Pero claro esta que necesitan retener este reflejo que en las Misas reciben; y con el concurso de sus virtudes, y con el esfuerzo de su santidad, preparar el terreno para recibir esta incomparable gracia en toda su perfección,
Ya se puede ver si en un sacerdote estará permitida la ociosidad cuando tiene que llenar estos deberes ineludibles de su vocación: la salvación de las almas.
Si el sacerdote alcanza fruto en las almas, no es por él, sino por lo divino y sobrenatural que hay en el de Mi; y tanto más moverá y tantas más almas salvara y perfeccionará, cuanto as perfecta y elevada sea su transformación en Mi, Dios hombre.
Es evidente que los tesoros celestiales de mi doctrina y de mis sacramentos les pertenecen y por ellos salvan a las almas; más la fuente de esos tesoros esta en Mi, como Dios. Yo los escogí para el altar, para difundir mi doctrina y para continuar mi dulce misión de salvar a las almas. Pero Yo quiero ir mas adelante y no me conformo con que sus manos sacerdotales repartan mis riquezas, sino que quiero poseer sus almas, su voluntad, sus facultades íntimas, los latidos de su corazón, esa unión  absoluta y compenetrante de todo el sacerdote en Mipara transfundir, por decirlo así, todo mi Ser en el.
Al transformarse el sacerdote en Mi, no solamente se transforma en el Jesús hombre, sino que - como Yo soy Dios y hombre y el hombre en Mi no puede separarse de lo divino -, se transforma también en el Jesús divino; porque aunque en Mi hay dos naturalezas, solo hay una Persona Divina que envuelve a esas dos naturalezas, que las penetra, que hace de Mi un Ser divino humano.
Los sacerdotes pueden completar al Dios-hombre, no en el sentido de que a Mi me falte algo, sino en le sentido de  continuar en la tierra al Salvador, de transformarse en Mi; y si ellos no son Dios, si se divinizan, y entran en poseción más o menos íntima - aunque velada- de la Divinidad.



UNIÓN DE JESÚS CON LOS SACERDOTES
“Al ofrecerme Yo al Padre en la Misa, al inmolarme en el altar, al honrar con mi sacrificio a mi amado Padre, desde que lo
establecí en mi Iglesia en la última Cena, no me ofrecí, no me ofrezco en las Misas solosino que Conmigo ofrezco a todos los sacerdotes de el mundo, porque todos están en Mi, Único Sacerdote, por razón de mi unidad”.
Aquella plegaria de la consumación de la unidad en mi Padre y en Mi, no quedo estéril, sino que vinieron sus frutos a la tierra especialmente SOBRE MIS SACERDOTES, y por eso ELLOS SON
OTROS YO.
Y más aún; desde que encarne en María; desde que me puse a la disposición amorosa de mi Padre, diciéndole: Aquí estoyno me puse a su disposición solo, sino con todos los sacerdotes en Mi, creados por mi Padre, por obra del Espíritu Santo en María. Y diré más: a mi paso por la tierra, tenía presente el porvenir y representaba ante mi Padre el presente y el futuro; y viendo a todos los sacerdotes en Mi, con ellos nací en Belén, trabaje en Nazaret, convertí en Galilea, sufrí en Jerusalén, morí en el Calvario y resucite.
Siempre he llevado en mi Corazón esa fibra santa y fecunda de mi Padre, mis sacerdotes.
Eternamente ya estaban conmigo; en María no se apartaron de Mí; y en mi vida, y en mi muerte, y en mi resurrección, y
en mi Iglesia, y en el cielo, siempre los he llevado adheridos a mi alma; son como partes de mi ser humano divinizado y los tengo como otros Yo; como carne de mi carne y almas de mi alma y espíritus de mi Espíritu.
Nunca esta solo el sacerdote, sino que la Trinidad misma lo acompaña a todas partes de una manera especial, lo proteje a todas horas y lo ama siempre.

Y en la primera Misa que se celebro en el mundo, en el arranque más grandioso del amor de un Dios a sus criaturas, se obró la perfecta transformación del sacerdote en Mi, haciéndolo otro Yo, por las palabras divinas y operativas de la consagración; y me quede Yo en ellos y ellos en Mi, en momentos tan elevados y sublimes, que, aun después de tantos siglos, hacen temblar de adoración al cielo y conmueven terriblemente al infierno.

Este es el secreto: En Mi están los sacerdotes místicamente transformados desde que mi Padre ideo la Iglesia, que fue eternamente. El poso en Mi una mirada de infinita ternura; y en esa mirada eterna, que Yo vi y sentí, germinaron los sacerdotes en el Sacerdote Eterno, y !ay! desde entonces los amo en Mi mismo, como Dios; y al venir Conmigo, como he explicado, en la Encarnación, los ame y los amo como Dios-hombre.
Tienen el germen de la unidad todas las almas salidas de las manos de Dios; pero en escala muy superior, los sacerdotes; y a todos ellos principalmente quiero consumarlos en la unidad. Esta es mi plegaria al Padre desde que me hice hombre y que he continuado en el cielo.
Es necesario que los sacerdotes e penetren de esa unión, íntima profunda,  indisoluble por parte de Dios, que tiene conmigo; que entiendan y se penetren y se impregnen bien de este secreto que he llevado en mi alma; el secreto de que no van a ser transformados en Mi, sino que en la mente del Padre ya lo están, lo han estado siempre, porque Él, no ve muchos sacerdotes en todas las jerarquías de la Iglesia, no ve en ellos más que a Mi, Sacerdote único, y a todos los sacerdotes en Mi, por razón de su unidad.
!Si la unión ya se obró, repito, si la transformación viene de muy atrás!!Si ya lo están, pero no lo comprenden, no ayudan con todas las energías de su alma a consumar esa transformación cuyo germen bendito ya han recibido!. ¿como había Yo a pedirles una cosa imposible y que no fuera para su mayor bien?
Pero debo aclarar un punto importante: la transformación, o sea la unificación de ellos en Miesta hecha en cuanto a los designios de mi Padre, que los eligió eternamente para servicio de mi Iglesia; pero la transformación no se realiza ni se consuma sin la voluntad, el trabajo, el sacrificio y el amor de mis sacerdotes.
Pero esta consumación necesita la ayuda eficaz, generosa y constante del sacerdote, repito, su voluntad, sus sacrificios, su amor, un inmenso amor que los transforme en Mi todo amor, para perderse Conmigo uno, en la unidad pura y divina de la Trinidad.



Incorporación.
Somos Jesús ¡ Admiraos ! , los sacerdote somos ya continuadores de Jesús aquí en la tierra y en el cielo todos vamos a convertirnos en Cristo.
“La incorporación en Mi es el cielo, que comienza en la tierra por mi Iglesia en sus sacramentos, que continúa en la transformación y que tiene su plenitud en el cielo. Allá todas las almas y aún los cuerpos serán una sola cosa conmigo, y la complacencia de mi Padre se extenderá hacia ellos, solo porque en ellos ve mi imagen sacratísima”.
“En todo lo que he dicho no he tenido más fin que conmover 
 el corazón del sacerdote para su transformación en Mi. Siempre mis planes y mis fines son de amor, y mas, mucho 
mas cuando se trata de lo que mas amo en la tierra, de mis sacerdotes. A las almas que más amo, después de ellos, son a las que por misión o por gracia especial reflejan algo del sacerdocio.
Pues bien, estas Confidencias han tenido por objeto unir a todos los sacerdotes en la unidad de la Trinidad, pero transformados en Mi; llevan el fin de hacer de todos ellos un solo Jesús, Yo en ellos; no muchos Jesús , sino uno solo, en donde estaré y me mostraré Yo para volver al mundo desorientado, hacia la divina brújula que conducirá las almas al cielo; para iluminar con la luz del cielo las sombras y nieblas en las que están envueltas.
Volveré a la tierra más visiblemente, más sensiblemente, en 
mis sacerdotes que se presten a esta reacción espiritual, y el mundo recibirá el impulso divino y mi Iglesia dará sus frutos de vida eterna, y glorificar con esto a la Trinidad.

Pero voy a decirles una cosa muy importante. A muchos de mis sacerdotes tentará Satanás de diversos modos: a unos con escrúpulos, a otros con desalientos, a otros con humildades falsas, a otros haciéndoles ver un enorme peso en su augusta y santa vocación, etc. Que no hagan caso al enemigo; porque este al sentir la divina reacción, bramara, esgrimirá todas sus armas, pondrá en juego todas sus baterías, y Yo necesito esforzados campeones, almas valientes que triunfen de sus astucias y tentaciones infernales.
Ha llegado el tiempo de que los sacerdotes sacudan de sí mismos toda pusilanimidad; con aire guerrero y sin miedo a los combates, levanten la frente pura y peleen y venzan al infierno; que si se transforman en Mi. no serán ellos solos los que venzan, sino Yo en ellos el que triunfe y enarbole la victoria en mi Iglesia, en mi Religión santa y en las almas.
Con el  Espíritu Santo y con María, con mi Corazón y con la Cruz, ¿que temer? Valor y confianza, y una entrega total y absoluta de la voluntad de los sacerdotes a la Mía: eso es lo que Yo necesito para que el  Espíritu Santo obre en los corazones
“Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed de mí a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia (esto incluye la Gracia Santificante; amor, afecto, favores) que esto me basta”.



UNIDAD DE LOS SACERDOTES
Y adviértase que un solo sacerdote transformado en Mi detendrá en su carrera  no solo a un demonio, sino al infierno junto. Y es que no sera el sacerdote solo, sino todos los sacerdotes en Mi
Porque aquí se encierra un misterio: YO no puedo dividirme, y puesto que los sacerdotes en su principio y en su fondo no son sino un solo sacerdote en Mi, por eso un solo sacerdote transformado repreguntaría, ante mi Padre, a todos los sacerdotes en Mi.
De igual manera pasa cuando un sacerdote peca; no todos los sacerdotes pecan en el, personalmente, pero si todos cargan, en cierta manera, la macha y el crimen, para expiarlo.
Y ¿como?. Como se expía todo: Conmigo, por Mi en ellos, como hostia de expiación, de perdón, de redención, de impetración.
!Cuántos misterios se encierran en el misterio de la UNIDAD de los sacerdotes entre ellos y ellos en Mi. Lo bueno y lo malo lo cargan ellos en Mi; porque soy Yo en ellos el glorificado y el ofendido; el injuriado como Dios, y el que perdona como Dios; el único Sacerdote que lleva en si mismo a todos los sacerdotes.
Así es que cuando un sacerdote peca, me ofende, no como cosa extraña a Mi, sino como dentro de Mi, Dios hombre, en razón de la transformación en Mí que trae desde la eternidad y desde su ordenación sacerdotal.
Claro esta que las ofensas que se me hacen siempre son dentro de Mi, en cuanto que estoy presente en todas partes; pero esas ofensas de mis sacerdotes son aparte; porque están injertados en Mi, Sacerdote único; en Mi que formo con ellos ante mi Padre un solo Sacerdote en el que ve a todos los sacerdotes.
Y de este secreto de mi Corazón, que aumenta la gravedad de sus crímenes, de su indiferencia y de su poco amor, no se dan cuenta los sacerdotes; y esta es una de las espinas más dolorosas de mi Corazón. Porque no me ofenden de lejos o aparte, como los demás hombres, en cierto sentido, sino que me ofenden a Mi dentro de Mi, ofenden a Dios dentro de Dios, !y esto es terrible!.
Esta sola consideración debería detenerlos y trocar sus pecados, deslealtades e ingratitudes, en amor, en desagravios, en ternura. Me ofenden a Mi y se ofenden a si mismos en Mi, por la transformación de ellos, sacerdotes, en el eterno Sacerdote, porque somos todos uno, Yo en ellos, en la unidad de la Trinidad.
Que los sacerdotes mediten y difundan estas verdades para que cesen sus ofensas, sus debilidades culpables y sus múltiples ingratitudes.
!Como mi Corazón palpita y ansia esta época de transformación en Mi y de triunfo de mi Iglesia! !Como mis ojos se empañan con lágrimas de emoción, de dicha, de triunfo, de gratitud para con mis amados sacerdotes!.
Fue después de mi madre lo que mas ame en la tierra, a mis Apóstoles;  y en ellos vi ya a todos mis sacerdotes futuros, y en ellos los ame, y en Mi mismo los amo, porque son como parte de mi mismo ser.
¿No saben que mi Padre los ve como a Mi mismo y que los siento Yo como cosa mía; como si fueran conmigo un mismo cuerpo, una misma alma, un solo corazón?.
Si ahondaran mis sacerdotes en este pensamiento que es una feliz realidad, si siquiera se percataran de ella, !ay! jamás me ofenderían, y respetarían su cuerpo y su ser como si fuera el Mio, por esa unión íntima y amorosa con que mi Padre los vínculo, como sacerdotes en el único Sacerdote, en el Sumo y Eterno y Verdadero Sacerdote.
No se dan cuenta muchos de mis sacerdotes que son otros Yo, y por esto no se preocupan de no lastimarme. No piensan que me ofenden y ofenden a mi Padre dentro de Mi, y hacen que Yo en ellos contriste al Espíritu Santo todo amor, que formó y asiste en todas sus palpitaciones a mi Corazón de amor.
Todo esto lo quiero establecer e iluminar, lo quiero traer a la memoria y !ay! reformar trayendo a las almas a la verdad, para bien de mis sacerdotes y de la Iglesia.
Hasta lo más hondo, hasta lo mas intimo, quiero hacer la luz en le corazón de mis sacerdotes, para que reparen, para que espíen lo propio y lo de sus hermanos sacerdotespara poder acercarme a ellos sin intermediarios, sin nada que estorbe a la perfecta unión de amor y de dolor, de completa y consumada transformación en Mi.
“Ya quiero pulir esas almas que me pertenecen; y no por no sufrir Yo, sino por ellos, porque no acumulen, cuando menos, purgatorio; porque las miradas con que mi Padre los mira a ellos en Mi, no encuentren mancha, sino que todos luz, todos limpieza, todos otros Yo, atraigan esas miradas de mi Padre, y Él se complazca contemplándolos”.
“Quiero en mis sacerdotes la perfecta transformación en Mi, para que su vida entera sea un acto de amor continuado, de gratitud continuada a mi Padre Celestial. Que honren al Padre en todos sus actos, que lo glorifiquen con una intensa vida interior y que se esfuercen por hacer que todos lo conozcan, lo amen y sometan su voluntad a la suya, como lo pedimos en el Padre Nuestro al decir: “santificado sea tu nombre, venga tu reino, hagase tu voluntad en la tierra como en el cielo”,  porque esa fue mi vida en la tierra, y la que ellos deben continuar.
Todos sus pensamientos, sus palabras, sus obras, sus anhelos, sus ilusiones, sus trabajos exteriores, su vida interior, etc., debe tener en ellos un solo fin, el de glorificar a mi Padre.
Nada deben hacer mis sacerdotes, como Yo en la tierra, sin levantar antes su alma hacia mi amado Padre ofreciéndome y ofreciéndose en cada acción, sobretodo del sagrado ministerio.
Así, Yo en ellos y ellos en Mi, glorificaremos al Padre en una sola alabanza, y con las almas formaremos una sola unidad perfecta en la Iglesia que debe honrar a la Trinidad.
Ya toda la Trinidad se goza viendo presente esta unidad, esa transformación de los sacerdotes en el Sacerdote por excelencia, único digno de ofrecerse al Padre, de glorificar al Padre; pero todos los sacerdotes en Él deben formar ese UNO con El que es el fin del cristianismo, del Evangelio, de la misión divina que me trajo al mundo: unificar todas las cosas en el UNO  en esencia; traer lo divino de las almas a lo divino; volver a Dios lo que es de Dios; todo lo demás es secundario, es medio para llegar a este fin.
Yo soy El cielo.
Ese es el cielo, la eterna unión de la Trinidad de la que participan los hijos de Dios.
Y para eso gozo, para ese cielo del Padre que formo Yo mismo, creé mi Iglesia; la funde en al tierra, para que sus hijos, incorporados con el Hijo único EN QUIEN TODOS LOS BIENAVENTURADOS SE UNIFICAN, GOCEN DEL GOZO DE MI PADRE, QUE SOY YO MISMO: Y Transformados en Mi, su Cabeza, FORMEN ESE UNO CONMIGO  y consigan su eterno fin: La perfecta unión por medio del Espíritu Santo en la Unidad de la Trinidad.
Como  lo dice San Juan de la Cruz en su La noche oscura Canción del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual.

¡Oh noche que me guiaste!,
¡oh noche amable más que el alborada!,
¡oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!              

Vivir en el cielo es “estar con Cristo”Tomar plena posesión de los frutos de la Redención realizada por Cristo. Los elegidos “viven en Él”,  encuentran ahí su verdadera identidad, su propio nombre. Son para siempre semejantes a Dios, porque lo ven “tal cual es”. Esta vida perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con Ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados sobrepasa toda comprensión y toda representación. La escritura nos habla de ella en imágenes: vida, luz, paz, banquete de bodas, vino del Reino, casa del Padre, Jerusalén celeste, paraíso“Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman”. CIC 1027
El sacerdote transformado refleja al Padre
“He aquí otra prerrogativa insigne que llevan en sí mismos mis sacerdotes, sin que piensen en ella”.
Si Yo estoy en el Padre y el Padre esta en Mi, si verme a Mi es ver al Padre, si solo Yo lo puedo dar a conocersi el que me conoce a Mi lo conoce a El; se deduce que, si los sacerdotes son otros Yo, , por su transformación en Mi, ellos, en cierto sentido, también representan a mi amado Padre.
Y no es que mis sacerdotes sean el Padre, pero sí que siendo Yo, pareciéndose a Mi, se parezcan al Padre y den a conocer la hermosura del Padre, la Divinidad del Padre, y los rasgos de su unidad con el Hijo, por el Amor que une, por el Espíritu Santo que difunde esa única fisonomía divina, la misma del Padre en el Hijo, la misma del Hijo en el Padre.
Pues este altísimo fin quiero y pretendo al ansiar esa consumación transformante de mis sacerdotes en Mi; que reflejen la imagen sacrosanta y bendita de mi Padre, al parecerse a MI.
Por tanto, ya se comprende más el porque los quiero perfectos como mi Padre celestial es perfecto; para que no desvirtúen esa Belleza, esa hermosura divina, para que no la manchen ni con el menor soplo de tierra. !Como deben protegerla, cuanto deben cuidarla, como deben evitar que esta  santísima fisonomía de mi Padre Celestial se desvirtúe por su culpa en las almas!.
Por esto mismo, ya se puede comprender lo que me duelen las faltas de mis sacerdotes, sus pecados e ingratitudes, su indiferencia y frialdad, que me causan mil heridas en mi alma; !porque al despreciarme a Mi, desprecian a mi Padre, y evitan el conocimiento de mi Padre, la honra de mi Padre, el amor a mi Padre. Por su falta de transformación en Mi, por no ser otros Yo para dar a conocer al Padre en Mi y en ellos; porque el que me conoce a Mi, conoce a mi Padre; y el que conoce a un sacerdote transformado en Mi, igualmente conoce a mi Padre.
Y allá en el cielo, cuando un alma de sacerdote sale del purgatorio, mi Corazón late con más violencia, y los recibo y los contemplo con inefable amor, y hago que el cielo se estremezca de alegría. Y mi Padre ve en ellos algo Mío, muy Mío, a Mi mismo reproducido en ello, y en ellos a su Imagen amada, en la que eternamente se complace y es feliz mi Padre amado.
Y este es otro secreto: el que se transforma en Mi, no solo lleva la fisonomía de mi Padre en lo divino, sino que recibe una luz superior, una luz sobrenatural, con la que me ve más perfectamente a Mi, me conoce más, y al conocerme conoce a mi Padresele abren las puertas de su conocimiento,y lo enajena su hermosura y lo absorbe su Divinidad.
Porque nadie puede acercarse a Dios sin sentir la atracción de Dios que lo aspira, que lo pierde en El, y en esa feliz pérdida del alma en Dios, ahí ve y conoce, ahí palpa y siente el alma con mayor o menor intensidad lo divino.
Aquí esta el secreto atractivo de los santos; en su parecido conmigo, en el conocimiento de mi Padre, en su amor a la Trinidad.
Solo el que me conoce a Mi puede darme a conocer a las almas; solo el que conoce a mi Padre, puede darle honra y gloria en las almas.
Pues bien, que vengan a Mi todos los sacerdotes, que me conozcan como hombre y como Dios que soy. Que se enamoren de Mi y pasen por Mi al conocimiento que les traerá la felicidad en la tierra y les asegurara el cielo. Mi Padre, no tan solo me verá a Mi en ellos, sino que se verá a Él en ellos y cuando esto llegue a suceder, cada corazón sacerdotal será un cielo porque estará absorbido por la Divinidad y endiosado en el mismo Dios.; que hasta esta altura tienen que estar por derecho y por justicia mis sacerdotes que son otros Yo, que reflejan en si mismos el parecido del Padre, a la misma Divinidad.



Oración.
“Tu oración es un coloquio con Dios. Cuando lees, Dios te habla; cuando oras, hablas tú a Dios” . Orígenes, uno de los maestros en este modo de leer la Biblia, sostiene que entender las Escrituras requiere, más incluso que el estudio, la intimidad con Cristo y la oración. En efecto, está convencido de que la vía privilegiada para conocer a Dios es el amor, y que no se da una auténtica scientia Christi sin enamorarse de Él» (VD 86).
Esta lectura orante adquiere un especial relieve en la liturgia, la «acción» del «Cristo total» (Christus totus), que llevando al hombre más allá de los signos le hace participar de la liturgia del cielo, «donde la celebración es enteramente Comunión y Fiesta»
Nuestra oración debe ser, ante todo, escucha de Dios que nos habla. Inundados de tantas palabras, no estamos acostumbrados a escuchar, sobre todo ponernos en la disposición del silencio interior y exterior para estar atentos a lo que Dios nos quiere decir. Estos versículos nos enseñan también que nuestra oración, a menudo solo de súplica, debe ser ante todo de alabanza a Dios por su amor, por el don de Jesucristo, que nos ha traído la fuerza, la esperanza y la salvación.
La oración constante despierta en nosotros un sentido de la presencia del Señor en nuestra vida y en la historia
Es el camino para saber leer los hechos de la historia y de nuestra misma vidaLevantando los ojos al Cielo de Dios, en la relación constante con Cristo, abriéndole a Él nuestro corazón y nuestra mente con la oración personal y comunitaria, aprendemos a ver las cosas de una manera nueva y a aferrarnos el sentido más verdadero. La oración es como una ventana abierta que nos permite tener la mirada vuelta hacia Dios, no solamente para recordarnos la meta hacia la cual nos dirigimos, sino también para dejar que la voluntad de Dios ilumine nuestro camino terreno y nos ayude a vivirlo con intensidad y empeño.
Nuestra oración llega a Dios: En el Apocalipsis un ángel tiene en la mano un incensario de oro en el que mete continuamente los granos de incienso, es decir nuestras oraciones, cuyo suave olor es ofrecido junto a las oraciones que suben a la presencia de Dios (cfr Ap 8,1-



4). Es un simbolismo que nos dice que todas nuestras oraciones --con todos los límites, la fatiga, la pobreza, la aridez, las imperfecciones que puedan tener- son casi purificadas y llegan al corazón de Dios.
Debemos estar seguros de que no hay oraciones superfluas, inútiles; ninguna se pierde. Y encuentran respuesta, aunque a veces sea misteriosaporque Dios es Amor y Misericordia infinita. A menudo, frente al mal, se tiene la sensación de no poder hacer nada, pero es justamente nuestra oración la primera respuesta y más eficaz que podemos dar y que hace más fuerte nuestro cotidiano compromiso por defender el bien. La potencia de Dios hace fecunda nuestra debilidad (cfr Rm 8,26-27).
6.  EL REINADO UNIVERSAL DEL ESPÍRITU SANTO   
Hemos hablado de la Santísima Trinidad, de Jesús y su Santísima Madre, de la extensión de Jesús en su Iglesia, de nuestra Comunión en Cristo  con Dios y con los demás, del Perdón de los pecados, la Resurrección de los muertos y la Vida Eterna. Estos son los Contenidos fundamentales de nuestra Fe.
La fe es acoger este mensaje transformante en nuestra vida. Conocer a Dios, encontrarle, explorar los rasgos de su rostro ponen en juego nuestra vida, porque Él entra en la dinámica profunda del ser humano. es acoger la revelación de Dios, que nos hace saber quién es Él, cómo actúa, cuáles son sus planes para nosotros
Ahora nos toca Abrirnos al Espíritu y hacerlos vida en el Mundo de Hoy y primero en nosotros mismos. 



6.1   EL DON DEL ESPÍRITU SANTO
        Al formar eternamente el Plan de la Redención, el
Espíritu Santo tuvo parte activisima, obrando a su tiempo la 
Encarnación, después de haber iluminado a los  profetas anunciándolo.  Durante mi vida, me sostenía en cuanto hombre, ofreciendo al Padre mi expiación infinita, tocando y atrayendo a las almas a la Verdad que soy Yo.
     Ofrecí enviarlo y lo hice, teniendo el Espíritu Santo el primer puesto en mi Iglesia en todos sus actos, sacramentos y acción inefable. Todos los movimientos de mi alma en cuanto hombre, fueron inspirados y movidos por el Espíritu Santo. El movía mis potencias, sentidos y voluntad, poseyéndolos para glorificar al Padre a quien Yo todo lo refería.
      El Espíritu Santo me inspiró la muerte de Cruz que fue obra del infinito amor a mi Padre y hacia las almas, pero con el noble fin de asociar muy especialmente a mi Cruz, a una vida de sacrificio, a todos mis sacerdotes futuros, que siendo otros Yo, unos en Mi, perpetuaran mis sacrificio en si mismos y en los altares, y todo para honra de mi Padre, ofreciéndome y ofreciéndose transformados en mi como una sola Víctima santa y pura que lo glorificara.
      Yo merecí para dar al mundo este Santo Espíritu, me costo, en cuanto hombre, el valor inapreciable de mis dolores a favor de mi Iglesia amada; y hasta que fui glorificado, hasta que entre en el cielo triunfante y victorioso, tuve como derecho para enviarlo a la Iglesia para que con la fecundidad del Padre ese divino Espíritu la hiciera fecunda.
      
        No, hija mía, no séle da el culto que séle debiera dar, en cada corazón y en la Iglesia entera, y la mayor parte de los males que se lloran en la iglesia y en al campo de las almas es por eso. Séle ama con tibieza, se le invoca sin fervor, y en muchos corazones aun de los míos, ni siquiera séle recuerda, hija mía, y esto lastima muy hondamente mi Corazón.
En muchos corazones se tiene relegado al Espíritu Santo, siendo que es la Persona divina sin la cual la criatura no sería capaz de moverse en el orden sobrenatural de la gracia. Y aun para muchos de mis sacerdotes es como secundario su recuerdo, siendo que El es la acción divina del sacerdote, como la sangre de sus venas; debe impregnar sus pensamientos, palabras y obras. Debe ser su mismo Espíritu como lo fue Mío.
     
¿Quién los ungió para el sacerdocio?. ¿Quién les dio la virtud a sus palabras en la consagración?  ¿Quién opera EN ELLOS ese reflejo de la Encarnación del Verbo que se renueva en cada Misa con mi pasión y muerte?.¿Quién LOS OFRENDA  constantemente a mi Padre desde la tierra en mi unión, envolviendo este presente en Amor, transformándolos en Mí?
      
Si, Concha, si dame a los sacerdotes, regalándome a ellos, crucifícame e inmólame en el altar de tu alma, que mucho necesitan de Mi. Quiero volver al mundo para salvarlo como te dije pero en mis sacerdotes, haciéndolos otros Yo, otro Jesús en donde el Padre se refleje, y opere la salvación de las almas. Sacrifica tu corazón, sacrifícame en su favor, martiriza tu corazón de madre dándome a los culpables, para conmoverlos renovando mi pasión por el dolor, lavando sus crímenes. Ámame tu también con la fuerza, la luz, la pureza, el amor de mi mismo Santo Espíritu.







6.2   EL ESPÍRITU SANTO EN  LOS SACERDOTES

“Allá eternamente sonrío el Padre en su mente divina al contemplar, extasiado en Sí mismo y en sus perfecciones infinitas, un rasgo de Él mismo en la tierra; unos seres predilectos que lo prolongarían, creados expresamente para su gloria ".
 Al formar en su mente - hablando en lenguaje humano - esa visi
ón de amor, su Iglesia amada, atrajo hacia Si, al Amor mismo, al Espíritu Santo para que la formara; esta Persona Divina reflejo en si misma el designio del Padre y en aquel reflejo de ambas Personas en un solo amor, afocado a la Iglesia futura, pero presente para Dios, el Verbo se hizo Carne en aquella eternidad de pensamiento. Y esa encarnación se realizó de hecho en María en el tiempo fijado por Dios.
  En esa Virgen se afocó aquel Amor eterno y sin principio, procedente del Padre y del Hijo, para formar un cuerpo santísimo, un corazón de carne en el seno purísimo de María, para que de este saliera en el tiempo, lo que había tenido principio en la eternidad.
   
Por eso muy principalmente El Verbo se hizo Carne, como para formar en la tierra esa legión santa de los sacerdotes ideal de mi Padre, engendrados en su mente. Frutos del Espíritu Santo en su fruto Jesús. Yo  primer sacerdote, formados y crecidos y "envueltos en mi corazón de Hombre-Dios”.
Ahí esta su cuna, repito: engendrados en la mente del Padre, formados en Mi, en el seno de María - con la fibra sacerdotal del Padre en sus vocaciones - por el Espíritu Santo.

Ellos mis sacerdotes presentes, pasados y futuros están preconcebidos en la mente del Padre, y acariciados en el amor sustancial del Espíritu Santo en el Hijo.  Nacen en la tierra, pero no para la tierra, sino con un destino sublime, celestial, divino: para representarme a Mi, para ser otros Yo, para honrar a mi Iglesia, y hacer que continúe la sonrisa divina en mi Padre, que en cada sacerdote se proyecta y que no debe quedar estéril, sino que debe reproducirme a Mi en ellos y en las almas, para hacer de la Iglesia una Imagen de la Trinidad, palpitante y perpetua, que como manantial divino riegue el campo espiritual y salve almas.
      Engendrados en la mente del Padre, frutos del Espíritu en su fruto Jesús, con mi propia sangre compre su vocación y solo con ella se las puedo recuperar.
    Acariciados por el amor sustancial del Espíritu en el Hijo, les comunica su Santidad, una fibra de la fecundidad del Padre para reproducirme a Mi en ellos y en las almas. Representarme a Mi, ser otros Yo. Da virtud a sus palabras,  los hace dignos por la ordenación de transformarse en Mi, Opera ese reflejo de la Encarnación del Verbo que se opera en cada Misa con mi pasión y muerte. Hace que continúe la sonrisa divina en mi Padre al prolongarme a Mi, honrar a la Iglesia, salvar a las almas.
   Como Hombre los amo, venero y cuido el reflejo de la Santísima Trinidad que el Espíritu Santo a puesto en ustedes. Son míos, me pertenece su alma, sus sentidos, sus potencias, todo. Mi amor no depende de su cambiante fragilidad de su miseria, sino de mi Bondad divina, infinita, eterna. Los amo con amor abrasador, infinito, divino.
       
Los amo con El Espíritu Santo, ¿con que otro amor podría amarlos, si no tengo otro?. Y otro de los fines que Yo tengo en las almas al amarlas así, es que ellas también me amen con el mismo amor con el que Yo amo a mi Padre y con el que mi Padre me ama a Mi, es decir, con el mismo Espíritu Santo.


6.3    EL REINADO DEL ESPÍRITU SANTO POR MARÍA Y POR LA CRUZ

La Cruz es el camino para  La unión con Cristo.  El abandono a la Voluntad e Padre. La fidelidad a las inspiraciones del Espíritu  Santo. María es el camino para llegar a Jesús.
    La obra de la Encarnación es obra de amor y solo de amor. Por eso el Espíritu Santo la produce. El no produce al Verbo que es Persona Divina, distinta de El, Produce el amor en el Verbo que lo inclina a amar al hombre, a unirse a el, a dar su vida por el y salvarlo, y aun a encarnar, vivir y crecer en su alma, no porque el Verbo pueda crecer, siempre es, sino en gracias, en estrechez, en transformación en el Espíritu Santo, en amor...
    El amor de Dios al hombre, se deriva del que me tiene a Mi; y el amor del hombre a mi Padre debe derivarse del que Yo le tengo a El. Un Dios feliz,  tiende a darse, a comunicar su felicidad, a hacer feliz a todo cuanto toca, y como toca todo, a todo purifica, santifica con su mirada y comunica su propia fecundidad. Se complace, se recrea en las almas transformadas, porque Dios ama a Dios y a todo lo que lo refleja con mayor o menor intensidad.
       
El Padre se complace en el Hijo y en el Espíritu Santo que son con El, un solo pensamiento, una sola voluntad, un solo ser en la unidad de Dios. Por eso el Verbo se hizo carne, trayendo el fin primordial de la extensión de El mismo en sus sacerdotes, y por medio de sus sacerdotes, ser engendrado, alimentado y crecido en las almas.
  ¿Que deben ser los cristianos en la Iglesia sino Cristos incorporados en Mí por la gracia y el dolor?. Y que representa Jesús crucificado, sino sufrimiento, odio de los hombres, y hasta el abandono -aparente- de Dios.
      
        “Quiero que seas la Imagen de Jesús crucificado para que la mirada del Padre descanse en ti "- Dijo Jesús a su sierva M. Concepción- “Y si esto deben ser los fieles, ¿que deberán ser los sacerdotes cabezas de los fieles y representantes de Mí en la tierra, otros Yo en los altares y en todos sus actos ministeriales y ordinarios?”.
       
Ya veras si la Iglesia tendrá un sublime y santísimo fin en sus sacerdotes; nada menos que la extensión de un Dios hecho Hombre en ellos, y por ellos, usando la misma fecundación divina en las almas. El fin principal del establecimiento de la Iglesia es esa glorificación del Padre en sus sacerdotes transformados en su Hijo único, formando, con El y en El, aquella unidad que lo entusiasma, diré, y lo enamora.
 Que me amen, que se inmolen en mi unión, que se transformen en Mi tal cual soy: Todo amor, todo dolor. Comenzar con todo ardor, generosidad y perseverancia a hacer lo que Yo hice: Amarlo como Verbo;  servirlo, amarlo, invocarlo y adorarlo como hombre.  Honrar, servir glorificar a mi Padre, rendirle el vasallaje debido. Todo lo refería a El y solo me preocupaba porque las almas lo conocieran y lo glorificaran

    Que hagan habitual el pensamiento de mi Padre, el honor de mi Padre, ofreciéndome y ofreciéndose en mi unión en todo momento y ocasión. Glorificarlo con una intensa Vida Interior. Convertir toda su vida en un acto de amor al Padre. Hacer que las almas lo adoren y hagan de su santa voluntad su ser y su vida.

HE AHÍ A TU MADRE
La página inmortal del Evangelio donde Jesús clavado en la Cruz nos da a María por madre en la persona de Juan, encuentra en el Tepeyac su más extensa aplicación  a las necesidades inmensas de un pueblo que nacía a la fe.
Hijo, mio a quien amo tiernamente, !María, nos ama!. Nos ama tiernamente, como a pequeños y delicados. La Madre del Verdadero Dios por quien se vive, la Siempre Virgen María madre de Dios y madre nuestra, la más bella, la más pura, la más santa de todas las creaturas, nos ama porque es nuestra madre.
¨No te aflija ni esta enfermedad, ni cosa alguna, ¿No estoy Yo aquí que soy tu madre? ¿No estas en mi regazo y corres por mi cuenta ? ¿No soy Yo tu salud?.
Yo soy vuestra madre, luego Jesús es vuestro hermano, el Padre nuestro Dios , y en Cristo todos somos hermanos y nuestro Padre es Dios.
Todo en las obras de Dios es unidad y armonía, porque el Señor pone en ellas el vestigio de su Ser inefable, que es unidad simplisima e infinita plenitud.
Y en el inefable misterio de la Encarnación se enlazan todos los misterio cristianos; el cuerpo que por nosotros fue inmolado en la cruz es carne de nuestra carne y hueso de nuestros huesos, porque fue formado de la sustancia purísima  de María, que es de nuestro linaje. Y su inmolación tiene valor infinito porque se inmoló  el Verbo de Dios hipostáticamente unido a ese Cuerpo santísimo. La sangre derramada por nosotros tuvo su origen en María, pero es sangre divina por su unión con el Verbo.
Si María es la Madre de Dios, el misterio de Cristo, el sacramento escondido durante los siglos en el Seno de Dios, se ilumina con la luz de los cielos. Si el Verbo no hubiera tomado un cuerpo real, María no hubiera sido madre de Dios, pero si en Jesús hay una sola persona, la del Verbo, y esta divina Persona tomó en el tiempo una naturaleza humana, verdadera e íntegra en el Seno de María, esta dulce Virgen es verdadera Madre de Dios, porque Ella dio a Jesús lo que toda madre da a su hijo, y el hijo no es la naturaleza, sino la persona.
La doctrina sobre Jesús tiene un prodigioso corolario, la doctrina sobre María. Una misma luz ilumina al Hijo y a la Madre y una misma gloria los envuelve; porque los dos, como lo enseña su Santidad Pío IX en la bula “Ineffabilis”, fueron concebidos en el mismo decreto eterno; los dos nacieron de la misma mirada del Padre, del mismo latido de su corazón, de la misma efusión de su misericordia.
Como no puede separarse la aurora y el dia, Jesus y Maria no se puede separar jamás.
Juntos están eternamente en la mirada de Dios; unidos aparecieron en la plenitud de los tiempos; enlazados están en la fe y el amor de la Iglesia, y bañados en el cielo por la misma gloria.
6.4   LA REALEZA DE MARÍA ES SERVICIO A DIOS Y A LA HUMANIDAD
Palabras de Benedicto XVI en la Audiencia General
CASTEL GANDOLFO, jueves 23 agosto 2012 (ZENIT.org).- A las 10,30 de este miércoles, en el patio interior del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, el santo padre Benedicto XVI se encontró con los fieles y peregrinos llegados para la Audiencia General del miércoles. En el discurso en lengua italiana, el papa centró su meditación en la memoria litúrgica del día, dedicada a Santa María “Reina”. Ofrecemos el texto íntegro de las palabras del papa.
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy es la fiesta de la Santísima Virgen invocada con el título de "Reina". Es una celebración de reciente creación, aunque sea antiguo el origen y la devoción: fue establecida por el Venerable Pío XII, en 1954, al final del Año Mariano, fijando la fecha en el 31 de mayo (cf. Carta Encíclica Ad caeli Reginam, 11 octubre 1954: AAS 46 [1954], 625-640). En esta ocasión, el papa dijo que María es Reina más que cualquier otra criatura por la elevación de su alma y por la excelencia de los dones recibidos. Ella nunca deja de otorgar todos los tesoros de su amor y su preocupación por la humanidad (cf. Discurso en honor a María Reina, 1 de noviembre 1954).
Ahora, después de la reforma postconciliar del calendario litúrgico, se colocó a ocho días de la solemnidad de la Asunción para hacer hincapié en la estrecha relación entre la realeza de María y su glorificación en cuerpo y alma junto a su Hijo. En la Constitución sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II, leemos lo siguiente : "María fue asunta a la gloria celestial y fue ensalzada por el Señor como Reina universal, con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo" (Lumen Gentium, 59).
Es esta es la raíz de la fiesta de hoy: María es Reina porque está asociada de modo único a su Hijo, tanto en el camino terreno, como en la gloria del cielo. El gran santo de Siria, Efrén el Sirio, dice, acerca de la realeza de María, que viene de su maternidad: ella es la Madre del Señor, el Rey de reyes (cf. Is. 9,1-6) y nos muestra a Jesús como vida, salvación y esperanza nuestra. El Siervo de Dios Pablo VI recordaba en la Exhortación apostólica Marialis Cultus"En la Virgen María todo es referido a Cristo y todo depende de El: en vistas a El, Dios Padre la eligió desde toda la eternidad como Madre toda santa y la adornó con dones del Espíritu Santo que no fueron concedidos a ningún otro." (n. 25).
Pero ahora nos preguntamos: ¿qué significa María Reina? ¿Es solo un título junto a los otros?, la corona, ¿un ornamento como los demás? ¿Qué quiere decir? ¿Qué es esa realeza? Como ya se ha indicado, es una consecuencia de su ser unida al Hijo, de su estar en el cielo, es decir, en comunión con Dios; Ella participa en la responsabilidad de Dios por el mundo y del amor de Dios por el mundo.
Hay una idea corriente, común, sobre el rey o la reina: que sería una persona con poder y riqueza. Pero este no es el tipo de la realeza de Jesús y de María. Pensemos en el Señor: la realeza y el ser rey en Cristo, está tejido de humildad, de servicio, de amor: es sobre todo servir, ayudar, amar. Recordemos que Jesús fue proclamado rey en la cruz con la siguiente inscripción escrita por Pilato: "rey de los Judíos" (cf. Mc. 15,26). En ese momento sobre la cruz se demuestra que Él es rey; ¿y cómo es rey?, sufriendo con nosotros, por nosotros, amando hasta el final, y así gobierna y genera verdad, amor, justicia. O pensemos también en otro momento: en la Última Cena se inclina para lavar los pies de los suyos.
Por lo tanto, el reino de Jesús no tiene nada que ver con el de los poderosos de la tierra. Es un rey que sirve a sus siervos; así lo ha demostrado en toda su vida. Y lo mismo vale para María: es reina en el servicio a Dios, a la humanidades la reina del amor que vive el don de sí misma a Dios para entrar en el plan de salvación del hombre. Al Ángel le dice: He aquí la esclava del Señor (cf. Lc. 1,38), y canta en el Magnificat: Dios ha puesto los ojos en la humildad de su sierva (cf. Lc. 1,48). Nos ayuda. Es reina justamente amándonos, ayudándonos en nuestras necesidades; es nuestra hermana, sierva humilde.
Y así hemos llegado al punto: ¿cómo ejercita María esta realeza de servicio y de amor?. Velando por nosotros, sus hijos: los hijos que se dirigen a Ella en la oración, para agradecerle o para pedirle su maternal protección y su ayuda celestial, tal vez después de haber perdido el camino, oprimidos por el dolor o la angustia por las tristes y agitadas vicisitudes de la vida.
En la serenidad o en la oscuridad de la existencia, nos dirigimos a María, encomendándonos a su continua intercesión, para que podamos obtener toda la gracia y misericordia necesarias para realizar nuestra peregrinación por los caminos del mundo.
A Aquel que gobierna el mundo y que tiene el destino del universo en sus manosnos dirigimos con confianza, por medio de la Virgen María. A Ella, desde siglos, se le invoca como celestial Reina de los cielos; ocho veces, después de la oración del santo Rosario, es implorada en las Letanías lauretanas como Reina de los Ángeles, de los Patriarcas, de los Profetas, de los Apóstoles, de los Mártires, de los Confesores, de las Vírgenes, de todos los Santos y de las Familias. El ritmo de estas antiguas invocaciones y oraciones diarias como la Salve Regina, nos ayudan a comprender que la Virgen Santísima, cual Madre nuestra al lado de su Hijo Jesús en la gloria del cielo, está siempre con nosotros,
en el devenir diario de nuestra vida.
El título de reina entonces, es título de confianza, de alegría, de amor. Y sabemos que aquella que tiene en sus manos en parte, el destino del mundo, es buena, nos ama y nos ayuda en nuestras dificultades.
Queridos amigos, la devoción a la
Virgen es un elemento importante de la vida espiritual. En nuestra oración no dejemos de acudir confiados a Ella. María no dejará de interceder por nosotros ante su Hijo. Contemplándola a Ella, imitemos la fe, la plena disponibilidad al amoroso plan de Dios, la generosa acogida a Jesús. Aprendemos a vivir de María. María es la Reina del cielo cerca de Dios, pero es también la madre cercana a cada uno de nosotros, que nos ama y escucha nuestra voz. Gracias por su atención.



6.5   EL ESPÍRITU SANTO Y MARÍA SALVARAN AL MUNDO
Sólo el Espíritu Santo, sólo Él, únicamente Él, puede renovar la faz de la tierra y unir los corazones con el Verbo.
El Amor es el motor de la Iglesia y de los sacramentos; es el Amor el que engendró en el PADRE a los Sacerdotes.
El Amor forma a los sacerdotes, que sí fueron engendrados desde la eternidad en el entendimiento del Padre, nacieron a impulsos de los latidos amoroso y dolorosos de mi Corazón en la Cruz, y consumados en su fin y en su principio por el Amor.
Sólo el Espíritu Santo transforma, regenera, hermosea y llena de gracia a las almas, pero naturalmente para esta forma y reforme necesita la voluntad plena del sacerdote, el abandono amoroso y confiado en sus manos; y en su voluntad misma, el deseo vivo y ardiente de transformarse en Mi
Necesita el  Espíritu Santo, Espíritu delicadísimo y santísimo, la cooperación del alma y la ejecución de sus santas inspiraciones.
Por derecho pues le pertenecen al Espíritu Santo, que desde la eternidad le deben favores inauditos y gracias  estupendas que muy pocos le agradecen.
¿Quien cuido de su vocación, hasta conducirlos al altar?
¿Quien los ha sostenido antes y después en sus luchas internas que solo Yo veo, y quien los ha elevado a la altura de su vocación y les ha dado la victoria?.
No siempre la Iglesia ha de estar postergada. Tendra siempre enemigos y guerras y persecuciones hasta el fin de los siglos; pero tendrá treguas también, tendrá honrosos triunfos. Yo lo aseguro.
Pero he vinculado estos triunfos en una sola cosa: la consumación transformante de sus sacerdotes en Mi.
Con esto vendrá el reinado del Espíritu Santo en las almas de mis sacerdotes, que es mi mismo Espíritu, y en las almas después y en las naciones y traerá la paz, por medio de la unidad en el amor, en la caridad.
Que pidan los files para que se apresure, para mi mayor gloria, esta santificacion de los sacerdotes en el Santificador único, esa evolución santa por el amor, ese ser todos de María, y todos para las almas en Mi para que YO EN ELLOS, EN LA TIERRA, alivie, edifique, perdone y salve. Solo Cristo enseña. Los demás en cuanto son portavoces suyos.
El sacerdote ignora toda la acción salvadora, reconfortante y glorificadora que le debe al Espíritu Santo y las luchas que este Santo Espíritu ha tenido y tiene con Satanás, para cuidar sus cuerpos y sus almas expuestas a ser desgarradas por el espíritu del mal.
Y sólo cuando la voluntad humana se ha revelado contra Él, el Espíritu Santo ha tenido que ceder el campo al enemigo, con gemidos inenarrables, pero pronto a volver a tomar posesión de lo suyo en el memento en que humildemente lo invoquen por el arrepentimiento.
El sacerdote por sus virtudes, por su fraternidad conmigo, debe transformarse en Mi, imitándome como hombre (lo que con mi cooperación alcanzara); y entonces no solo alcanzará a convertirse en Mi, hombre, sino en Mi, Dios hombre, participando más que nadie de lo divino que hay en Mi; y por esto solo, solo por esto, agradará a mi Padre, glorificara a mi Padre, por lo divino que ha recibido de Mi ( recibiéndolo Yo antes de mi Padre).
Si el sacerdote tiene tan alto origen - nada menos que en el seno amoroso de la Trinidad - tiene el deber ineludible de asemejarse a la Trinidad, muy principalmente en la unidad.
Y como la Iglesia ha sido creada para el, por la Trinidad, en ella debe aspirar y beber la unidad, simplificándose en mi voluntad manifestada por los superiores, es decir, por el Papa y los Obispos de quienes el sacerdote depende.
Al Padre debe el sacerdote imitarlo siendo padre, en su purísima fecundidad y caridad con las almas, con todas las cualidades de un padre, y del Padre que esta en los cielos, en cuyo entendimiento fue engendrado.
Debe imitar al Hijo que soy Yo, el Verbo hecho hombre y transformarse en Mi, que es más que imitarme: siendo otro Yo en la tierra, sólo para glorificar al Padre en cada acto de su vida y darle almas para el cielo.
LA CONSAGRACIÓN DEL MUNDO AL ESPÍRITU SANTO
En cierto sentido puede decirse que el Verbo recibió el ser del Padre por el amor; que el amor es la substancia del Verbo por ser la substancia del Padre; que el Padre engendró al Hijo y con El a su Iglesia, a los sacerdotes y a las almas por el amor.
Y debe imitar al Espíritu Santo siendo amorenamorando a las almas del amor; fundido en la caridad, endiosado en el amor, debe dar testimonio  del Verbo por amor y unificar a todas las almas en la Trinidad, que es amor en todos sus aspectos, en todas las infinitas consecuencias.
El amor salvará al mundo y la personificación del Amor es el Espíritu Santo. Vendrá el reinado universal del Espíritu Santo, porque es el dulcisimo nudo eterno; el que concilia, el que une, identifica y salva.
El Espíritu Santo con María, repito, harán que todo  se restaure en Mi, que soy su centro; harán que reine Yo como Rey Universal en el orbe entero; harán que mi corazón sea honrado en sus últimas fibras y dolores internos, y completaran las prerrogativas de María, Esposa del Espíritu Santo.
“El Espíritu Santo rige el mundo de la gracia”. Este divino Espíritu con su luz destruirá muchos errores en le mundo , espiritualizara los corazones, hará que el mudo se incline ante el estandarte salvador de la Cruz, y sobre todo, exaltará a su Iglesia con sacerdotes transformados en Mi, y así hará que vuelva Yo al mundo en ellos, como único Sacerdote, único digno de glorificar a mi Padre, con todos los sacerdotes en Mi, y toda la humanidad en ellos, formando por fin, no miembros dispersos y dislocados, sino un solo pastor, el Papa; y todos en Mi, en la Unidad de la Trinidad.


Consagración de México al Espíritu Santo. CONVOCATORIA

ANTECEDENTES
Hace 84 años, es uno de los actos del Congreso Eucarístico Nacional de 1924, los Obispos consagraron nuestra patria al Espíritu Santo. Aunque la petición de esa consagración estuvo respaldada por más de doscientos mil católicos mexicanos adultos. El hecho pasó relativamente desapercibido entre las grandes solemnidades del Congreso Eucarístico. Por eso los Obispos resolvieron ratificar la consagración, rodeado cada uno de su pueblo en sus respectivas diócesis, el día de Pentecostés, 31 de mayo de 1925, día consagrado a la Santísima Virgen María Mediadora de todas las gracias.
Las vicisitudes históricas y políticas por las que México atravesó casi en seguida, lo llevaron a una seria persecución religiosa en la que muchos de nuestros hermanos derramaron su sangre por la confesión de la fe y por el amor a Cristo Rey y Señor. Y, ¿de quién, sino del espíritu Santo, recibieron la fuerza de lo alto para ser testigos de Cristo, aún a costa de sus bienes y de su vida?
“ Hace mucho tiempo que vengo insinuando este mi deseo, de que se consagre el universo al Espíritu Santo, para que se derrame en la tierra como un nuevo PentecostésEntonces, cuando esto llegue, el mundo se espiritualizara con la unción santa de pureza y de amor con que lo bañara el 
Soplo vivificante y puro, el Purísimo Espíritu”


SITUACIÓN HOY
Ante el grave momento que vivimos, marcado por la crisis económica, la violencia generalizada, la invasión del narcotráfico, los secuestros, la pérdida de los valores humanos, etc., el Episcopado Mexicano ha decidido renovar la consagración de nuestra patria al Espíritu Santo. Apreciamos como una verdadera gracia de Dios el hecho de que nuestra patria se haya consagrado entonces al Espíritu Santo y nos parece necesario renovar esa consagración en nuestros días.
Por lo mismo, deseamos vivamente que todos nuestros sacerdotes y fieles se hagan conscientes de la gracia que México recibió hace 84 años, que con nosotros den gracias a Dios y que, en la oración, el estudio y la reflexión personal y comunitaria, se dispongan a renovar, a nivel nacional, su Consagración al Espíritu Santo para que todos seamos verdaderos hijos de Dios, hermanos en Cristo de todos los hombres y actuemos con poder en la proclamación del Evangelio y en la salvación integral de México y el mundo.
Esta Consagración es un acto de fe y esperanza con el que manifestamos nuestra firme confianza en Jesucristo, el señor de la historia, que guía nuestros pasos con la sabiduría y fuerza de su Espíritu, en estos momentos de duras pruebas. Pues creemos, es imposible esperar de los solos esfuerzos humanos la solución  a tan grandes problemas; los creyentes estamos anclados en la esperanza que nos produce la Palabra del Señor: “Les daré un corazón nuevo y un Espíritu nuevo. Quitaré de ustedes el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi Espíritu en ustedes y haré que se conduzcan según mis preceptos y observen y practiquen mis normas (Ez 36,25-27)”.
Esto es lo que esperamos de nuestro buen Dios con la Consagración de México al Espíritu Santo. Que a todos nos dé Dios un corazón lleno de amor y de perdón, y nos renueve y guíe con su Espíritu.

QUÉ ES UNA CONSAGRACIÓN
Consagrar nuestra patria al Espíritu Santo no es un acto piadoso son más, es tomar conciencia de que Dios nos ha elegido para Él, para su servicio, para dar frutos de santidad. Es proclamar a Jesucristo como el dueño y Señor de la historia. Es comprometernos en la tarea de hacer de México un templo donde vivan y reinen el amor, la paz, la concordia, los valores.
Consagrar es una acción de Dios con la que Él reserva para sí y destina a su servicio, por mediación de la iglesia, a la criatura que se le ofrece respondiendo a su llamado. De ahí que, consagrarnos al Espíritu Santo, es abrirnos a su divino influjo y ofrecernos para que nos consagre. En realidad, ya fuimos consagrados por Él en el bautismo y la confirmación y, la entrega que ahora queremos reiterar, significa aceptar consciente y libremente la Consagración de la cual fuimos objeto entonces, recibir con renovada fe el Don de Dios Altísimo, entregarnos a Él y comprometernos a ser dóciles a su acción para que manifieste en nosotros y a través de nosotros su divina eficacia, haciéndonos vivir como verdaderos cristianos para edificación de la Iglesia y el mayor bien de todos.

Esto supone una sincera conversión. Cada persona y cada grupo saben o deben tomar conciencia de cuáles con los aspectos de su vida en los que Dios les pide conversión,  tanto en la vida persona y familiar, como en la vida social y eclesial, sea que se trate de laicos o de religiosos y sacerdotes.

Convertirse es reconocerse pecador y arraigado en el
males renunciar al pecado y a las ataduras con que nos esclaviza; es pedir perdón y confiar en que se recibe; es conocer la Voluntad de Dios y dedicarse a cumplirla.
Convertirse, también es reconocer que no tenemos la capacidad  para vivir la nueva vida que Dios nos pide con la conversión. La experiencia nos da testimonio de que somos incapaces de cambiar nuestra conducta por nosotros mismos y que necesitamos el auxilio poderoso del Espíritu que cambie nuestros corazones. Cuando uno está más necesitado, tanto más debe acercase al que es la fuente perenne de luz, de fortaleza, de consuelo y de santidad.

Por consiguiente, la Consagración al Espíritu Santo, requiere que nos presentemos con humildad ante Dios, reconociendo que tenemos necesidad de ser salvados, insistiendo en una oración llena de confianza y dispuestos a ratificar nuestra entrega con acciones, mediante las cuales, la vida de Dios se haga presente en nosotros y en las circunstancias que vivimos.

No pensemos, por otra parte, que la Consagración al Espíritu Santo ha de ser un acto transitorio. Ha de ser un proceso permanente de conversión y de entrega en la fe viva y en un amor comprometido, mediante el cual secundemos la acción del Espíritu para que vaya transformando nuestra existencia hasta hacer aparecer la figura de Cristo en nuestras vidas y en las circunstancias familiares, educativas, económicas, políticas y religiosas de nuestra patria.


CONVOCATORIA
Por eso convocamos a la Iglesia católica de México, desde las 15:00 hrs. del día 20 de abril de 2008,  para que estén presentes, en espíritu y de corazón, en la Insigne Nacional Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, donde renovaremos la Consagración de nuestra nación al Espíritu de Santo.

A las 17:00 hrs. será la Eucaristía de apertura  de la LXXXVII Asamblea del Episcopado Mexicano y allí renovaremos la Consagración del país al Espíritu Santo, con la presencia de todos los señores Obispos de la CEM y de su Excelencia el Nuncio Apostólico; así mismo, celebraremos el Día del Papa.
Creemos que la acción del Espíritu Santo que renueva la paz de la tierra nos conducirá a confesar con la libertad de hijos de Dios que Jesús es el Señor, no sólo de nuestras personas, sino de la sociedad y sus estructuras, del mundo con sus bienes, y de todos los hombres con sus legítimas aspiraciones, con sus gozos y esperanzas.
Creemos que el Espíritu de caridad unificará los distintos grupos dentro de la iglesia, dará luz y generosidad a las familias cristianas para realizar su misión, iluminará a los responsables de la educación, moverá a llevar una vida económica según la enseñanza de la iglesia sobre la justicia social, impulsará a muchos a la práctica de una actividad política en consonancia con las exigencias de la fraternidad humana y del amor cristiano y llevará a  los religiosos y sacerdotes a vivir, en el gozo y gratitud al Señor, la entrega de su vocación, comprometidos más que nunca con la iglesia en su verdadera renovación.
Creemos que el Espíritu, que es exigente, nos saque de cualquier anquilosamiento y nos libere de toda pereza de corazón, de lo mediocre, de lo cansado, de lo lánguido y sin valor, con el fuego celestialmente vivo y nos haga sinceros y exigentes con nosotros mismos para estar a la altura de la hora presente.
Creemos que le soplo potente, animoso y seguro del Espíritu, nos dará creatividad para presentar el Evangelio de siempre ante un pensamiento y una sociedad en cambios constantes y nos infundirá la audacia necesaria para ser los cristianos que Dios quiere que seamos en las presentes circunstancias, decididos a las más radicales empresas ante una situación extrema.
Todo esto que creemos, lo esperamos de nuestra Consagración al Espíritu Santo, junto con nuestra renovación personal y con la gracia de ser transformados por el Espíritu  de Santidad en la imagen del  Hijo a fin de que todos los católicos mexicanos presentemos ante los ojos del Padre y a la mirada de los hombres, en toda circunstancia personal, familiar y social, el verdadero rostro de Cristo.

Que la Santísima Virgen María, que en el Cenáculo perseveró en oración con los Apóstoles implorando con sus ruegos el Dios del Espíritu, y que en su advocación de Guadalupe fue la mediadora de la Consagración Solemne de la Nación Mexicana, hace 84 años, ahora nos presida y nos ayude a renovarla a fin de que su Hijo Jesucristo derrame sobre la Iglesia en México y sobre todo el pueblo mexicano, una renovada plenitud de Espíritu Santo y dador de vida nueva.
José Leopoldo González González
Secretario General de la CEM

CONSAGRACIÓN DE MÉXICO AL ESPÍRITU SANTO 2009
NACIDO DE UNA TOMA DE CONCIENCIA HISTÓRICA
«La adoración a Cristo Rey y la celebración universal de su fiesta, la devoción eucarística, la consagración de México al Espíritu Santo, el amor a María de Guadalupe y al Papa, serán una parte esencial de nuestra identidad religiosa y nacional»
Una historia que estamos construyendo en tiempo difíciles
1924:   I Congreso Eucarístico Nacional
1925:   Solemnidad de Pentecostés
1975:   Renovación de la Consagración
Comunicado CEM, febrero 9, 2009
«En estos tiempos que plantean grandes retos, «los Obispos de América Latina hemos señalado que la sociedad actual experimenta un Cambio de Época, producto de un proceso de globalización que afecta prácticamente todos los ámbitos del desarrollo del ser humano: cultural, político, social, educativo, económico, religioso y tecnológico» (cf. Comunicado de prensa de la CEM, 9 febrero 2009), recordamos a Jesús, quien atento y bondadoso, repite su saludo de paz, muestra las insignias de su pasión y sopla sobre nosotros para entregarnos su Espíritu»  (cf. Jn 20,19-20).
«Ahora nos disponemos a renovar dicha consagración en cada una de las Arquidiócesis y Diócesis, el domingo de
Pentecostés, 31 de mayo de 2009.
Deseamos que en nuestra patria, en nuestro continente y en el mundo entero, experimentemos la gracia de «un nuevo Pentecostés que nos libre de la fatiga, la desilusión, la acomodación al ambiente; una venida del Espíritu que renueve nuestra alegría y nuestra esperanza» (Aparecida 362).
«Invitamos a todos los fieles a prepararse  para la renovación que haremos  los Obispos de México,  de la consagración del País al Espíritu Santo,  el lunes 20 de abril»
Materiales de apoyo para la preparación  y la celebración:
La carta del Arzobispo u Obispo diocesano invitando a todas
las personas que forman la Iglesia local a ser parte viva de esta celebración.
La invitación del Presidente a nombre de la Conferencia del Episcopado Mexicano.
Una síntesis histórica.
Cinco fichas para la reflexión, encaminadas a profundizar sobre el significado de la consagración al Espíritu Santo y los compromisos que de allí se desprenden.
Diversas fórmulas para hacer la consagración al Espíritu Santo.



SÍNTESIS HISTÓRICA
Introducción.
Antecedentes remotos y próximos.
Momentos de la Consagración (1924 y 1925),
Renovación de la Consagración 1975
Nuevo Proyecto 2009: abril 20 y mayo 31.
Conclusión.
FICHAS PARA LA REFLEXIÓN
Quien es el Espíritu Santo.
La acción del Espíritu Santo en la Iglesia y en cada creyente.
¿En qué consiste la consagración al Espíritu Santo?
Urgencia de esta consagración al Espíritu Santo
Discípulos y misioneros de Jesucristo consagrados al Espíritu Santo.
FÓRMULAS  PARA LA CONSAGRACIÓN
Introducción: lineamientos generales.
Consagración de la Diócesis.
Consagración de la parroquia.
Consagración de la Vida Consagrada.
Consagración de la familia.
Consagración de cada persona.
Mons. Carlos Aguiar Retes, Presidente de la Conferencia del
Episcopado Mexicano






EL REINADO DEL ESPIRITU SANTO EN LOS ESCRITOS DE
CONCHITA ARMIDA

ALMAS VICTIMASe le llama "alma víctima" a quien se ofrece a sufrir en reparación por los pecados de otros, y de si misma, cargan sobre si los sufrimientos de otros, y la consecuencia del pecado en el mundo. Se ofrecen en reparación, en expiación a Nuestro Señor por tantas ofensas, sacrilegios, desprecios, y por la conversión de los pecadores.


Interminable sería la tarea, si quisiéramos recoger de los 66 Tomos de la Cuenta de Conciencia de Conchita cuanto escribió acerca de “el reinado del Espíritu Santo”. Basta con hacer referencia a ciertos textos principales, que -desde luego- deben ser leídos e interpretados a la luz de la Tradición de la Iglesia

1. El tiempo del reinado del Espíritu Santo.
- ¡Ha llegado el tiempo de impulsar el reinado del Espíritu Santo! (CC 50,378,13-II 1 928).
- En Dios no hay tiempo, y este reinado del Espíritu Santo que ahora quiero en el mundo,El ya lo vio, lo tiene en Si, como el principio y fin de los tiempos y todas las eternidades (CC 40,184.26-1-1916).
-  No es una novedad o sólo un pasatiempo, el que Yo haya señalado para estos tiempos el reinado del Espíritu Santo en el mundo. Tiene esta voluntad de la Trinidad grandes planes de grandes bienes para la Iglesia, para las almas y para su gloria, en este reinado pleno del Espíritu Santo (50,377, 13-11-1928).

2. El reinado de Jesús es el reinado del Espíritu Santo.
- Quiero reinar en el mundo como Rey de paz y de amor; quiero que se proclame por todo el universo mi realeza, mi dominio de caridad y de unión: quiero dominar pero con el cetro de paz, pacificando naciones y corazones. ¡quiero reinar por el Espíritu Santo! (CC 49,333. 13-XI-1927).

3. Un reinado que abarque el mundo entero: el exterior y el interior, en lo corazones, en la Iglesia, en los sacerdotes, en las almas.
- Mi Corazón ansía su reinado (del E.S.) en el mundo interior y en el exterior, porque entonces, trocándose, se encenderían las almas, se avivaría su fe, glorificando a la Trinidad. ¡Qué reine ya el Amor, que es el Espíritu Santo! (CC 40,191.28-1-1916).
- Es mi voluntad que en todo el mundo se clame al Espíritu Santo, implorando la paz y su reinado en los corazones. Sólo este Santo Espíritu puede renovar la faz de la tierra, y traerá la luz,la unión y la caridad a los corazones (CC 42,155.27-IX-1918).


1.      Finalidad y efectos del reinado del Espíritu Santo.

1°  Dar a conocer al Padre y a Jesús dando así gloria a la Trinidad.

-         Quiere reinar el Espíritu Santo en los corazones y en el mundo entero para hacer amar al Padre, y dar testimonio de Mí calcándome en los corazones y gloricándome, aunque la gloria de El es la de toda la Trinidad (CC 40, 181.261 1 91 6).

-         ¡ Qué reine el Espíritu Santo y el mundo me conocerá y amará en Mí a la Divinidad, una con la del Padre y el Espíritu Santo, no partida ni revuelta en tres divinidades, sino en la unidad de la Trinidad! (CC 60, 384, 3-IV-1933).


2° Hacer revivir la fe, descubrir el valor de la cruz, destruir el reinado de Satanás y del sensualismo, transformar a los hombres en Cristo, renovar la faz de la tierra:

-         A medida que el Espíritu Santo reine, se irá destruyendo el sensualismo que hoy inunda la tierra, y nunca enraizará la cruz si antes no prepara el terreno el Espíritu Santo. Por esto se apareció El primero a tu vista que la Cruz. Por esto preside en la Cruz del Apostolado (CC 35,71. 19.11-1911).

-         Extender el reinado del Espíritu Santo es destruir el de Satanás, es acercar las almas a mi Corazón, regenerarlas por la cruz, porque al acercarse al Espíritu Santo, con su luz les muestra el camino del dolor, con su influencia lo suaviza y con su consolación las alegra, haciéndoles fácil el camino de las virtudes (CC 40,189, 26-1-191 6).

-          Sólo este Santo Espíritu puede renovar la faz de la tierra, y traerá la luz, la unión y la caridad a los corazones (CC 42, 155,27-IX-1918).


2.      El reinado del Espíritu Santo y la Virgen María.

El reinado del Espíritu Santo traerá un conocimiento nuevo del papel y de la misión de la Santísima Virgen María en el plan de la salvación.

-         Para estos últimos tiempos destinados al reinado del Espíritu Santo, y triunfo final de la Iglesia, estaban reservados el honrar los martirios de la soledad de María (CC 41, 286.30-VI-1917).

-         Ahora que va a renacer el reinado del Espíritu Santo, como un nuevo Pentecostés, saldrá María a relucir, saldrá a la luz esta Esposa amadísima para que se canten sus glorias a la par que las de ese Divino Espíritu, y a continuar siendo instrumento de las operaciones de gracias... (CC 41, 303.2-VII-1917).

3.      El reinado del Espíritu Santo y los sacerdotes

-         Necesito sacerdotes santos, enamorados de mi Corazón, que, impulsen el reinado del Espíritu Santo en las almas (CC 37, 18. 18-VI-1912).

-         Vendrá el reinado del Espíritu Santo en las almas de mis sacerdotes (CC 51, l37.11-III-1928).

-          Ha llegado la hora del triunfo del Espíritu Santo en mis sacerdotes. Pero tiene que ir simultáneamente el reinado del Espíritu Santo en el mundo con la transformación de los sacerdotes en Mí. De mis sacerdotes depende muy especialmente el éxito de este reinado del Espíritu Santo en el mundo, porque ellos son el conducto de mi Iglesia para espiritualizar lo materializado, usando de todos los medios santos del Espíritu Santo (CC 51,241.26-III- 1928).

-         No me cansaré de insistir en el reinado pleno, absoluto y sin estorbos del Espíritu Santo en el alma de los sacerdotes... Para que reine el Espíritu Santo, necesito corazones puros (CC 52, 235.29-VIII-1928).

4.      “Un nuevo Pentecostés que establezca el reinado del Espíritu Santo”.

Y como síntesis del pensamiento de Conchita acerca del reinado del Espíritu Santo, podemos citar una frase que en sus intuiciones espirituales será también la culminación de la misión que el Señor ha confiado a las Obras de la Cruz:

          “Tal será la consumación en la tierra de las Obras de la Cruz: ¡un nuevo Pentecostés que establezca sobre la tierra el reinado del Espíritu Santo!” (CC 44,174. 2-1-1924)



  1. UN NUEVO PENTECOSTÉS

Vivir la vida guiados por la fuerza y la inspiración del Espíritu de Dios

  1. TESTIMONIOS DE FIELES LAICOS.
CONCEPCIÓN CABRERA DE ARMIDA.

En las primeras décadas del siglo XX, Dios hizo surgir en nuestras tierras, junto con otras almas santas, a la Sierva de Dios Concepción Cabrera de Armida, a quien el Señor inspiró la fundación de las Obras de la Cruz. En sus escritos espirituales, entre 1915 y 1931, se encuentran unas veinte menciones de un como “NUEVO PENTECOSTÉS”, llamado a veces un como “Segundo Pentecostés”.
          Pero, ¿quiénes necesitan o para quiénes es ese nuevo Pentecostés? La respuesta a esta pregunta presenta un amplísimo abanico de beneficiarios: el universo, el mundo, las almas, la Iglesia, y los sacerdotes en particular, dada la misión que tienen que llevar a cabo.
          Y en seguida, ¿cuál es el objetivo o finalidad de es nuevo Pentecostés? La lista de respuestas, sin pretender orden lógico alguno, es larga y significativa, a saber:

-       renovar los corazones;
       purificar, iluminar e incendiar al mundo;
-       tomar conciencia del reinado del Espíritu Santo;
-       ilustrar con mayor profundidad la vida espiritual;
-       glorificar a la Santísima Trinidad:
       Padre, Hijo y  Espíritu Santo;
-       impulsar a la Iglesia;
-       purificar, poseer, unificar, santificar y transformar a   los sacerdotes para honra del Padre y salvación del mundo;
-       dar testimonio de Jesús en el mundo;
-       consagrar el universo al divino Espíritu para que se    derrame en la tierra un segundo Pentecostés.

He aquí los textos más significativos:

-     “El mundo necesita como un NUEVO PENTECOSTES  y, por la impetración de mi Corazón, vendrá a renovar los corazones” (Cuenta de Conciencia 40/142; 20 noviembre 1916).

-“Al enviar al mundo un como SEGUNDO PENTECOSTES, quiero que arda, quiero que se limpie, ilumine e incendie y purifique con la luz y el fuego del Espíritu Santo” (CC 40/180; 26 enero 1917).

-    “Va a renacer el reinado del Espíritu Santo, como en un NUEVO PENTECOSTES” (CC 41/303;4 julio 1917).

-         “Muchas almas esperan este como NUEVO PENECOSTES, como nueva ilustración en la vida espiritual, cuya parte principal depende del Espíritu Santo, pero glorificará a la Trinidad, al Padre por su Verbo, y al Verbo por el Padre y el Espíritu Santo” (CC 48/293-294;. 13 septiembre 1927)
 “Vendrá un NUEVO PENTECOSTÉS por el impulso vivo del Espíritu Santo, honrando al Padre...” (CC 49/313; 9 noviembre 1927).

-         “Quiero dar un poderoso impulso a mi Iglesia, infundiendo, como en un NUEVO PENTECOSTÉS, al Espíritu Santo en mis sacerdotes” (CC 50/165; 5 enero 1928).

-         “Que el Espíritu Santo, por intercesión de María, venga a ellos (los sacerdotes) como en NUEVO PENTECOSTÉS, y los purifique, los enamore, los posea, los unifique, los santifique y los transforme en Mí”(CC 50/296. 25 enero 1928).

-         “Que se consagre el universo al Divino Espíritu para que se derrame en la tierra como un SEGUNDO PENTECOSTÉS (CC 51/135; 11 marzo 1928 ).

-         “El mundo necesita imperiosamente al Espíritu Santo para espiritualizarse; pero más mis sacerdotes, que deben abrir sus almas a un NUEVO PENTECOSTES, limpias y puras transformadas en Mí, para honrar al Padre y salvar al mundo” (CC 52/231; 29 septiembre 1928).

-         “No cese la plegaria de tu corazón al Padre, rogándole que active la venida del Espíritu Santo, un NUEVO PENTECOSTÉS, sobre mi Iglesia amada” (CC 53/71; 2 diciembre 1928).

-         “Pide UN NUEVO PENTECOSTES INTERIOR, que penetre los corazones sacerdotales y los empuje y los incendie...” (CC 54/109; 23 noviembre 1929).

-         “Las Obras de la Cruz deben extender el reinado del Espíritu Santo y dar testimonio del Verbo, por medio de este Santo Espíritu, para la gloria del Padre y a este Verbo encarnado por obra del Espíritu Santo es al que odia (Satanás), y al Santo Espíritu, por ser el que traerá la luz con un NUEVO PENTECOSTÉS sacerdotal en bien de las almas” (CC 57/96;26 agosto 1931).

Tomado del Libro “Y fueron llenos del Espíritu Santo”
Salvador Carrillo Alday, M.Sp.S.
Instituto de Pastoral Bíblica




CREO EN EL ESPÍRITU SANTO SEÑOR Y DADOR DE VIDA

Existe un tesoro escondido, una riqueza que no ha sido explotada ni se aprecia en su verdadero valor, siendo que es  lo más grande, del cielo y de la tierra, el Espíritu Santo.
No, ni el mundo de las almas lo conoce debidamente. Él es la luz de las inteligencias y el fuego de los corazones; y si hay tibieza, y si hay frío, y debilidad, y tantos males que aquejan al mundo espiritual, y hasta a mi Iglesia, es porque no se acude al Espíritu Santo.
Su misión en el cielo, su vida, su Ser, es el amor; y en la tierra, llevar a las almas a ese Centro del amor que es Dios. Con Él, se tiene cuanto se puede apetecer; y si hay tristeza, es porque no se acude al Divino Consolador, que es el gozo completo del espíritu; si hay flaquezas, es porque no se acude a la Fortaleza invencible: si hay errores, es porque se desprecia al que es
la Luz; si se extingue la fe, es por la falta del Espíritu Santo.
No se le da el culto que se le debiera dar, en cada corazón, en la Iglesia entera, al Espíritu Santo; y la mayor parte por lo que se llora en la Iglesia y en el campo de las almas, es porque no se le da toda la primacía que Yo le di, a ese Santo Espíritu.
Se le ama con tibieza, se le invoca sin fervor, y en muchos corazones aun de los míos, ni siquiera se le recuerda, y esto lastima muy hondamente a mi Corazón.
Es tiempo ya, de que el Espíritu Santo reine —decía el Señor como conmovido—, y no allá lejos, como una cosa altísima, aunque lo es, y no hay cosa más grande que Él, porque es Dios, conjunto y consubstancial con el Padre y el Verbo, sino acá cerca, en cada alma y corazón, en todas las arterias de mi Iglesia.
El día que circule por cada Pastor, por cada sacerdote, como sangre, así de íntimo, el Espíritu Santo, se renovarán las virtudes teologales, que languidecen por la falta del Espíritu Santo. Entonces cambiará el mundo, pues todos los males que en él se lamentan hoy, tienen por causa, el alejamiento del Espíritu Santo, su remedio único.El impulso celestial para levantar a mi Iglesia de cierta postración en que yace, está en que se active el culto del Espíritu Santo; en que se le dé su lugar, es decir, el primer lugar en las inteligencias y en las voluntades.
Nadie será pobre con esta riqueza celestial, y el Padre y el Verbo que soy Yo, deseamos la renovación palpitante, vivificante de su reinado en la Iglesia.
Él es el alma de esa Iglesia tan amada, cierto; pero no se dan cuenta muchos, de ese favor celestial, no le dan toda la importancia que se debe, lo hacen rutina, y languideciendo su devoción en los corazones, es muy tibia, es secundaria, y esto trae males sin cuento, tanto a la Iglesia como a las almas en general. (C.C. 35, 67-70)
A medida que el Espíritu Santo reine, se irá destruyendo el sensualismo que hoy inunda la tierra, y nunca enraizará a la Cruz si antes no prepara el terreno el Espíritu Santo. (C.C. 35,72)  



Acción del Espíritu Santo:
Creen las almas muy lejos al Espíritu Santo, muy elevado y por encima, y es, por decirlo así, la Persona divina más asistente con la criatura. La sigue a todas partes, la impregna de Sí mismo, la llama, la cuida, la cobija, la hace su templo vivo, la defiende, la ayuda, la ampara del enemigo, y más cerca está que ella misma.
¡Todo lo bueno que el alma ejecuta es por su inspiración, por su luz, por su gracia y auxilio, y no se le invoca y no se le nombra ni se le agradece la acción tan profunda e inmediata con cada alma!Si llamas al Padre, si lo amas, es por el Espíritu Santo. Si te enamoras de Mí, si me conoces, si me sirves, si me copias, si te unes [ ] a mi Corazón, es por el Espíritu Santo.
Se le considera intangible y lo es, [  ] pero no hay sin embargo cosa más cerca y al alcance de la criatura que el Espíritu Santo.
Y los siglos han pasado siendo Él siempre el principio de todas las [  ]cosas, la luz de la fe, el que infunde todas las virtudes, el riego que fecundiza el campo de la Iglesia, y sin embargo, ni se le estima, ni se le conoce, ni se agradece su influencia siempre santificadora.
En estos últimos tiempos, ha puesto su trono la sensualidad en el mundo, esa vida de los sentidos que ofusca y apaga la luz de la fe en las almas. Y por eso más que nunca se necesita que el Espíritu Santo venga a destruir y aniquilar a Satanás que en esa forma se va introduciendo hasta en la Iglesia.
¿Por qué tantos males sino por la falta del Espíritu Santo, es 
decir, por tantos pecados que lo alejan?. Extender el reinado del Espíritu Santo es destruir el de Satanás, es acercar las almas a mi Corazón, regenerarlas por la cruz, porque al acercarse el Espíritu Santo a las almas, con su luz les muestra el camino del dolor; con sus encantos las empuja, con su influencia lo suaviza y con su consolación las alegra haciéndoles fácil el camino de las virtudes”.
Que reine ya el Amor, que es el Espíritu Santo. Si mi Corazón es amor, es porque es su nido, porque Él constituye sus 
latidos.   (C.C.40, 187-192)
El amor, es el único que une, que simplifica, que santifica, que reconcilia, que abraza, que estrecha los  vínculos y los corazones.
Sólo Él, únicamente Él, puede renovar la faz de la tierra, es el que unifica a la Iglesia, [ ] es el que simplifica, porque es la unidad por esencia, y es unidad, porque es amor. (C.C. 49,363)



Consagración del mundo al Espíritu Santo:
¿Quién contra Dios? Las generaciones pasan; las persecuciones se derrumban, los cismas caen, y sólo mi Iglesia hermosa y pura, santa e inconmovible, llegará al fin tan santa y perfecta e inconmovible como salió de mis manos, apoyada en el amor que no se muda porque es divino, por el ser de unidad que lleva consigo, impregnada de amor, y sólo esparciendo amor.
El Espíritu Santo es el alma, el gran motor divino de la Iglesia; su energía, su corazón, su latido, porque es el Amor.Ha llegado el tiempo de exaltar en el mundo al Espíritu Santo, alma de esa Iglesia tan amada, en donde esa Persona Divina se derrama en todos sus actos con profusión.
Que el mundo se consagre al Espíritu Santo, muy especialmente, comenzando por todos los miembros de la Iglesia. El amor, la caridad, se ha resfriado en el mundo, siendo esto el origen de todos los males que lamenta. Ese amor divino único se ha inutilizado, se ha neutralizado, se ha falsificado, se le ha suplantado con falsos amores, con mundo y materia que lo ha alejado de los corazones. Y es preciso que vuelva, que triunfe, que cante la victoria de su Dueño, convirtiendo almas, y regenerando corazones, y generaciones.
¿Cuál tiene que ser el principio sólido y verdadero y duradero de esta conmoción universal? ¿Por dónde debe comenzar? Por mis sacerdotes en su transformación en Mí. Yo te aseguro que si los sacerdotes todos a una, en la unidad de la Trinidad emprenden este gran impulso santificador y divino, Satanás quedará derrocado y la Iglesia purificada en sus sacerdotes, será un consuelo y un grande obsequio a mi Corazón.Pero ¿quién facilitará esto? Sólo el Espíritu Santo que contrarresta lo material con lo divino; sólo la Persona del Amor comunicará amor, y entonces, todo está salvado.
Que mis sacerdotes todos, se arrojen confiados al Espíritu Santo que está pronto a derramarse en los corazones que más ama y en los que ansía explayar sus carismas, bendiciones y unión con más profusión.  (C.C. 51, 81-85)
Un nuevo Pentecostés:
Algún día, y no lejano, en el centro de mi Iglesia, en San Pedro, se llegará a hacer la Consagración del mundo al Espíritu Santo, y las gracias especiales de este Divino Espíritu, se derramarán en el Papa, feliz que esto haga. Hace mucho tiempo que vengo iniciando este mi deseo, de que se consagre el universo al Divino Espíritu para que se derrame en la tierra como un segundo Pentecostés. Entonces, [  ] el mundo se espiritualizará con la unción santa de pureza y de amor con que lo bañará el Soplo vivificante y puro del Purísimo Espíritu.
Barrerá este Soplo santo todas las impurezas en los corazones, y todos los errores en las inteligencias que 
correspondan a su influjo: y la faz del mundo se renovará restaurando todas las cosas en Mí, pero sobre todas esas cosas, a mis sacerdotes que son y serán los primeros en esa restauración universal, en sus corazones, que vendrá; sí, vendrá a glorificar en la unidad de la Iglesia a la Trinidad.Se rendirán muchas Sectas, ante la unidad divina de mi Iglesia; cesarán muchos cismas; el Concilio futuro tendrá y dará frutos de vida eterna, y la Iglesia única y verdadera cobijará muchas naciones extendiendo sus alas para abarcar a todo el mundo y traerlo a su salvador seno.
No siempre la Iglesia ha de estar postergada; tendrá sí, siempre enemigos y guerras y persecuciones hasta el fin de los siglos; pero tendrá treguas también, tendrá honoríficos triunfos, Yo te lo aseguro. Pero he vinculado estos triunfos en una sola cosa: en la consumación transformativa en la tierra, de sus sacerdotes en Mí.
Con esto, vendrá el reinado del Espíritu Santo en las almas de mis sacerdotes, porque es mi mismo Espíritu, y en todas las naciones, en las almas después, trayendo la paz, por medio de la unidad en el amor, en la Caridad.Pide, porque esto se apresure para mi mayor gloria; esta santificación de mis sacerdotes en el Santificador único, esa evolución santa en sus almas por el amor; ese ser todos de María, y todos para las almas en Mí y de Mí en ellos, en la tierra, para aliviar, consolar, edificar, perdonar y salvar.  (C.C. 51, 136-138)



La Era del Espíritu SantoRevelaciones hechas por el Señor a Concepción Cabrera de 
Armida o Conchita (nombre con el que fue conocida). Nació el 8 de diciembre de 1862 en el seno de una familia acomodada en la Hacienda de Jesús María en San Luis Potosí, ciudad del norte de México. Contando con 21 años de edad firmó compromiso con Francisco Armida, contrayendo nupcias en el la Iglesia del Carmen el 8 de noviembre de 1884. El matrimonio tuvo entre 1885 y 1899 nueve hijos. El 17 de septiembre de 1901 muere Francisco Armida.
Concepción Cabrera se dedicó, tras quedar viuda, al estudio y 
al apoyo del estudio de sus hijos, nunca entró a la vida religiosa. Esta mujer mexicana esconde en el fondo de su alma una extraordinaria vida apostólica, un ardor heroico para imitar a Jesús e identificarse con el Crucificado. Sin haber vivido nunca en un claustro, Concepción Cabrera de Armida es la inspiradora de la Obras de la Cruz. Prolífica escritora mística, Conchita ha dejado sesenta y seis volúmenes manuscritos, una obra tan amplia como la de Tomás de Aquino, un trabajo inmenso, un Diario espiritual que encierra tesoros de enseñanzas, de luz para toda la Iglesia  y todos los hombres de hoy. Murió el 3 de marzo de 1937, a la edad de 75 años. Fue reconocida como Venerable el 20 de diciembre de 1999 por Juan Pablo II. 
He aquí pues estas revelaciones hechas por  el Señor a Conchita sobre el Espíritu Santo, el segundo Pentecostés y la Era del Espíritu Santo; se contienen en el libro de M. M. Philipon, o.p., titulado : Conchita - Diario Espiritual de una Madre de familia.
Uno  de  los  principales  frutos  de  la  encarnaciƒn  m€stica  es  el  reinado  del Esp€ritu Santo que debe consumir el materialismo …. (Diario T. 35, p. 66-71, febrero
19, 1911).
{…..}  „ Creen las almas muy lejos al Esp€ritu Santo, muy elevado y por encima, y es, por decirlo as€, la Persona divina ma‡s asistente con la criatura. La sigue a todas partes, la impregna de s€ mismo, la llama, la cuida, la cobija, la hace su templo vivo, la defiende, la ayuda, la ampara del enemigo, y m‡s cerca est‡ que ella misma. Todo lo bueno que el alma ejecuta es por su inspiraciƒn, por su luz, por su gracia y auxilio, ‹Y no se le invoca y no se le nombra ni se le agradece la acción tan profunda e inmediata con cada alma!
„ Si llamas al Padre, si lo amas, es por el Esp€ritu Santo. Si te enamoras de M€i, si me conoces, si me sirves, si me copias, si te unes a mis quereres y a mi Corazƒon es por el Esp€ritu Santo.
 Se le considera intangible, y lo es, pero no hay sin embargo cosa m‡as sensitiva, ma‡s cerca y al alcance de la criatura en su miseria que la altura ma‡s grande, que el Esp€ritu sant€simo que se refleja y es una misma santidad y poder con el Padre y con
el Hijo.
„ Y los siglos han pasado siendo E‚l siempre el principio de todas las cosas, el sello sagrado de las almas, el car‡cter del sacerdote, la luz de la fe, el que infunde todas las  virtudes,  el riego  que  fecundiza  el  campo de  la  Iglesia,  y  sin  embargo  ni  se  le estima, ni se le conoce, ni se le agradece su influencia siempre santificadora. Si hay ingratitud para M€ en el mundo m‡s la hay para con el Esp€ritu Santo.
Por esto, al acabarse  los  tiempos  quiero  que  se  extienda  su  gloria.  Uno  de  los  dolores m‡as crueles  para  mi corazón  fue  el  de  la  ingratitud  en  todos  los  tiempos;  el  de  la
idolatr€a, entonces adorando €ídolos, y hoy ador‡andose los hombres a s€i mismos, es decir, el alejamiento del Esp€ritu Santo.

En  estos  ˆltimos  tiempos  ha  puesto  su  trono  la  sensualidad  en el  mundo,  esa vida de los sentidos que ofusca y apaga la luz de la fe en las almas. Y por eso más que nunca se necesita que el Esp€ritu Santo venga a destruir y a aniquilar a Satanás que en esta forma se va introduciendo hasta en la Iglesia … (Diario T. 40, p. 186-18,enero 26, 1915).
Páginas 154 - 155

Al enviar al mundo un como segundo Pentecost‰s quiero que arda, quiero que se limpie,  ilumine  e  incendie  y  purifique  con  la  luz  y  el  fuego  del  Esp€ritu  Santo.  La ˆultima  etapa  del  mundo  debe  señalarse  muy  especialmente  por  la  efusioƒn  de  este Santo Esp€ritu. Quiere reinar en los corazones y en el mundo entero; más que para su gloria, para hacer amar al Padre y dar testimonio de M€i, aunque su gloria es la de
toda la Trinidad … (Diario T. 40, p. 180, enero 26, 1916).

Dile  al  Papa  que  es  mi  voluntad  que  en  todo  el  mundo  cristiano  se  clame  al Esp€ritu  Santo  implorando  la  paz  y  su  reinado  en  los  corazones.  Sƒolo  este  Santo Esp€ritu puede renovar la faz de la tierra y traer‡ la luz, la uniƒn y la claridad a los corazones.
„ El mundo se hunde porque se ha alejado del Esp€ritu Santo y todos los males que  le  aquejan  tienen  su  origen  en  esto.  Ahi€  esta‡  el  remedio  porque  El  es  el Consolador,  el  autor  de  toda  gracia,  el  lazo  de uniƒon  entre  el  Padre y  el  Hijo  y  el Conciliador por excelencia porque es caridad, es el Amor increado y eterno.
„ Que a ese Santo Esp€ritu acuda todo el mundo pues ha llegado el tiempo de su reinado y esta ˆltima etapa del mundo a El le pertenece muy especialmente para ser honrado y exaltado. Que la Iglesia lo pregone, que las almas lo amen, que el mundo entero  se  le  consagre  y  vendr‡a  la  paz,  juntamente  con  una reacción  moral  y espiritual mas grande que el mal que a la tierra aqueja.
 Que  a  la  mayor  brevedad  se  proceda  a  llamar  con  oraciones,  penitencias,  y lagrimas  a  este  Santo  Esp€ritu,  suspirando  por  su  venida.  Y vendrá‡,  Yo  le enviaré otra  vez de  una  manera  patente  en  sus  efectos,  que  asombrar‡  e  impulsar‡  a  la Iglesia a grandes triunfos … (Diario T. 42, p. 156-158, septiembre 27, 1918).
„Pide  esta reacción,  este  "nuevo  Pentecost‰s",  que  mi  Iglesia  necesita: sacerdotes  santos  por  el  Esp€ritu  Santo.  El  mundo  se  hunde  porque  fallan sacerdotes de fe que lo saquen del abismo en que se encuentra; sacerdotes de luz para iluminar los caminos del bien: sacerdotes puros para sacar del fango a tantos corazones: sacerdotes de fuego que llenen de amor divino al universo entero.

Pide, clama al cielo, ofrece al Verbo para que todas las cosas se restauren en M€i por el Esp€ritu Santo …. (Diario T. 49. p. 250-251, noviembre 1Œ , 1927).
„ Quiero volver al mundo en mis sacerdotes: quiero renovar al mundo de las almas manifestandome Yo mismo en mis sacerdotes: quiero dar un poderoso impulso a mi
lglesia  infundi‰ndole  como  un  "nuevo  Pentecost‰s",  el  Esp€ritu  Santo  en  mis sacerdotes (Diario T. 50, p. 165, enero 5, 1928).
 Para alcanzar lo que pido deben todos los sacerdotes hacer una consagraciƒn al Esp€ritu  Santo,  pidi‰ndole, por  intercesiƒn  de Mar€a, que  venga a  ellos como  en un "nuevo Pentecostés",  y  que  los  purifique,  los  enamore,  los  posea,  los unifique,  los santifique y los transforme en M€i … (Diario T. 50, p. 296, enero 25, 1928).

Algun dia, y  no  lejano,  en  el  centro  de  mi  Iglesia,  en  san  Pedro,  se  llegar‡a  a hacer la consagración del mundo al Esp€ritu Santo, y las gracias especiales de este divino Espíritu se derramarán en el Papa feliz que esto haga.

Hace  mucho  tiempo  que  vengo  indicando  este  mi  deseo  de  que  se  consagre  el universo  al  Divino Esp€ritu  para  que  se  derrame  en  la  tierra  como  un  "segundo
Pentecost‰s" (Diario T. 51, p. 135, marzo 11, 1928).
Pide  esta reacción,  este  "nuevo Pentecostés",  que  mi  Iglesia  necesita: sacerdotes  santos  por  el  Esp€ritu  Santo.  El  mundo  se  hunde  porque  fallan sacerdotes de fe que lo saquen del abismo en que se encuentra; sacerdotes de luz para iluminar los caminos del bien: sacerdotes puros para sacar del fango a tantos corazonessacerdotes de fuego que llenen de amor divino al universo entero.


Promesa del Espíritu Santo:
“¡Dichosa el alma que se me consagra! Yo formaré en ella mi nido y la haré santa, le daré mis dones y mis frutos y conocerá una vida interior de luces y misterios oculta a la mayor parte de los hombres”. C.C. 10, 167
Consagración al Espíritu Santo
Consagración al Espíritu Santo: ¡Oh Espíritu Santo! Recibe la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser. Dígnate ser en adelante, en cada instante de mi vida, y en cada una de mis acciones, mi Director, mi Luz, mi Guía y mi Fuerza. Yo me abandono sin reserva a tus operaciones divinas y quiero ser siempre dócil a tus inspiraciones.
¡Oh Espíritu Santo! Transfórmame, con María y en María, en Cristo Jesús, para gloria del Padre y salvación del mundo. Así sea.
Un hombre lleno del Espíritu Santo… El P. Félix de Jesús Rougier, fundador de los Misioneros del Espíritu Santo, tomó en serio el deseo del Señor y en 1917 fundó el Apostolado del Espíritu Santo. Gracias a esta obra, en poco tiempo se recogieron 180,000 firmas para pedir a los Obispos de México la Consagración de la Iglesia y de la Nación mexicana al Espíritu Santo. (12 de octubre de 1924). ( Renovado por el Episcopado Mexicano en 2009).
Hasta hoy, México es el primero y el único país consagrado al Espíritu Santo!. Aparecida, Brasil. Mayo del 2007. Los Obispos latinoamericanos en su Quinta Conferencia han trabajado para que nuestros pueblos tengan vida nueva en Jesús. La Grande Misión Continental, que es el fruto de esta asamblea, quiere recomenzar desde Cristo y desde un nuevo Pentecostés.
En sus reuniones ulteriores, el Episcopado latinoamericano ha repetido que esta Misión será posible sólo con el poder de una nueva efusión del Espíritu Santo en el Mundo y la Iglesia! Guadalupe, México. 20 de Abril del 2009.
“Hace mucho tiempo que vengo indicando este mi deseo de 
que se consagre el universo al Divino Espíritu para que se 
derrame en la tierra como un "segundo Pentecostés" (Diario T. 51, p. 135, marzo 11, 1928).
“Ha llegado el momento de que se acuda solo al único remedio para contrarrestar la satánica avenida que anega al mundo con el desenfreno infernal de las pasiones; y este remedio le corresponde a mi Iglesia en sus sacerdotes, y consiste en su transformación en Mi, como lo he explicado, en la consumación de esa transformación, que ahora no es solo un paso mas de perfección voluntaria, sino un sagrado deber, en el que va vinculada la salvación del mundo y la gloria de la Trinidad.  A esto se encuentra vinculada mi victoria sobre el infierno, mi triunfo y el de la Iglesia sobre las potencias infernales”.
Para muchos cristianos el Espíritu Santo es un desconocido. El Señor revela a Conchita su identidad personal en el seno de la Trinidad donde. El es el Amor, y su Misión  en la tierra: conducir a las almas al hogar del Amor; de aquí la necesidad del Reinado del Espíritu  Santo y la urgencia de una renovación de su culto.
La frase capital nos recuerda que .su misión en el cielo, su Vida, su Ser: es el Amor... Existe un tesoro escondido, una 
riqueza que no ha sido explotada ni se aprecia en su verdadero valor, siendo que es lo más grande del cielo y de la tierra: el Espíritu Santo.  No, ni el mundo de las almas lo conoce debidamente. El es la luz de las inteligencias y el fuego de los corazones;  y si hay tibieza, y si hay frio y debilidad, y tantos males que aquejan al mundo espiritual, es porque no se acude al Espíritu Santo.
Su misión en el cielo, su vida, su Ser, es el Amor; y en la tierra, llevar a las almas a ese centro del amor que es Dios. Con El se tiene cuanto se puede apetecer, y si hay tristeza es porque no se acude al divino Consolador, que es el gozo completo del espíritu; si hay flaqueza es porque no se acude a la fortaleza invencible; si hay errores es porque se desprecia al que es la luz; si se extingue la fe es porque falta el Espíritu Santo.
No, no se le da el culto que se le debiera dar en cada corazón, en la Iglesia entera, al Espíritu Santo; y la mayor parte de los males por los que se llora en la Iglesia y en el campo de las almas es porque no se le da toda la primacía que Yo le di a este Santo Espíritu, a esa tercera Persona de la Trinidad, que tuvo parte tan activa en la Encarnación del Verbo y en el establecimiento de la Iglesia. Se le ama con tibieza, se le invoca sin fervor y en muchos corazones, aún de los Míos, ni  siquiera se le recuerda y esto lastima muy hondamente a mi Corazón.
Es tiempo ya de que el Espíritu Santo reine, decía el Señor
como conmovido, y no allá lejos, como una cosa altísima, aunque lo es; y no hay cosa más grande que El, porque es Dios, conjunto y consubstancial con el Padre y con el Verbo, sino acá cerca, en cada alma y corazón, en todas las arterias de mi Iglesia. El día que circule por cada Pastor, por cada sacerdote, como su sangre, así de íntimo, el Espíritu Santo, se renovarán las virtudes teologales, que languidecen aún en los que sirven a mi Iglesia, por la falta del Espíritu Santo. Entonces cambiara el mundo, pues todos los males que en el se lamentan hoy tienen por causa el alejamiento del Espíritu Santo, su remedio único.
Que reaccionen mis ministros en la Iglesia por medio del Espíritu Santo y todo el mundo de las almas será divinizado. El es el eje en donde todas las virtudes giran,  y no hay virtud verdadera sin el Espíritu Santo.
El impulso celestial para levantar a mi Iglesia de cierta postración en que yace está en que se active el culto del Espíritu Santo, en que se le de su lugar, es decir, el primer lugar en las inteligencias y en las voluntades.  Nadie será pobre con esta riqueza celestial, y el Padre y el Verbo que soy Yo deseamos la renovación palpitante, vivificante de su reinado en la Iglesia.
- Señor, pero si en la Iglesia si reina el Espíritu Santo, porque te quejas?
- Ay de ella si no fuera así!  El es el alma de esa lglesia tan amada. Pero de lo que me quejo es de que muchos no se dan cuenta de ese favor celestial, no le dan toda la importancia que se debe, lo hacen rutina; y languideciendo su devoción en los corazones es muy tibia, es secundaria, y esto trae males sin cuento, tanto a la Iglesia como a las almas en general. Por esto las Obras de la Cruz vienen a renovar su devoción y a extenderla por toda la tierra. 
Que impere en las almas este Santo Espíritu y el Verbo será conocido y honrado, tomando la Cruz un impulso nuevo en las almas, espiritualizadas por el divino amor.
A medida que el Espíritu Santo reine se irá destruyendo el sensualismo que hoy inunda la tierra, y nunca enraizara  la Cruz si antes no prepara el terreno el Espíritu Santo. Por esto se apareció El primero a tu vista que la Cruz: por esto preside en la Cruz del Apostolado.
Uno de los principales frutos de la Encarnación mística  es el reinado del Espíritu Santo que debe consumir el materialismo.. (Diario T. 35, p. 66-71, febrero 19, 1911).
{…..}  .Creen las almas muy lejos al Espíritu Santo, muy elevado y por encima, y es, por decirlo así, la Persona divina más asistente con la criatura. La sigue a todas  partes, la impregna de Sí mismo, la llama, la cuida, la cobija, la hace su templo vivo, la defiende, la ayuda, la ampara del enemigo, y más cerca está que ella misma. Todo lo bueno que el alma ejecuta es por su inspiración, por su luz, por su gracia y auxilio.
Y no se le invoca y no se le nombra ni se le agradece la acción tan profunda e inmediata con cada alma!
Si llamas al Padre, si lo amas, es por el Espíritu Santo. Si te enamoras de Mi, si me conoces, si me sirves, si me copias, si te unes a mis quereres y a mi Corazón es por el Espíritu Santo.
Se le considera intangible, y lo es, pero no hay sin embargo 
cosa más sensitiva, más cerca y al alcance de la criatura en su miseria que la altura más grande, que el Espíritu santísimo que se refleja y es una misma santidad y poder con el Padre y con el Hijo.
Y los siglos han pasado siendo El siempre el principio de todas las cosas, el sello sagrado de las almas, el carácter del sacerdote, la luz de la fe, el que infunde todas las virtudes, el riego que fecundiza el campo de la Iglesia, y sin embargo ni se le estima, ni se le conoce, ni se le agradece su influencia siempre santificadora. Si hay ingratitud para M. en el mundo más la hay para con el Espíritu Santo. Por esto, al acabarse los tiempos quiero que se extienda su gloria. Uno de los dolores más crueles para mi corazón fue el de la ingratitud en todos los tiempos; el de la idolatría, entonces adorando ídolos,  y hoy adorándose los hombres a si mismoses decir, el alejamiento del Espíritu Santo.
En estos últimos tiempos ha puesto su trono la sensualidad en el mundo, esa vida de los sentidos que ofusca y apaga la luz de la fe en las almas. Y por eso más que nunca se necesita que el Espíritu Santo venga a destruir y a aniquilar a Satanás que en esta forma se va introduciendo hasta en la Iglesia. (Diario T. 40, p. 186-18, enero 26, 1915). Páginas 154 -155
Al enviar al mundo un como segundo Pentecostés quiero que arda, quiero que se limpie, ilumine e incendie y purifique con la luz y el fuego del Espíritu SantoLa última etapa del mundo debe señalarse muy especialmente por la efusión de este Santo Espíritu. Quiere reinar en los corazones y en el mundo entero; más que para su gloria, para hacer amar al Padre y dar testimonio de M., aunque su gloria es la de toda la Trinidad.(Diario T. 40, p. 180, enero 26, 1916).T
Dile al Papa que es mi voluntad que en todo el mundo cristiano se clame al Espíritu Santo implorando la paz y su reinado en los corazones.  Sólo este Santo Espíritu puede renovar la faz de la tierra y traer la luz, la unión  y la caridad a los  corazones.
El mundo se hunde porque se ha alejado del Espíritu Santo y todos los males que le aquejan tienen su origen en esto. Ahí 
está el remedio porque El es el Consolador, el autor de toda 
gracia, el lazo de unión  entre el Padre y el Hijo y el Conciliador por excelencia porque es caridad, es el Amor increado y eterno.
Que a ese Santo Espíritu acuda todo el mundo pues ha 
llegado el tiempo de su reinado y esta última etapa del mundo 
a El le pertenece muy especialmente para ser honrado y exaltado. Que la Iglesia lo pregone, que las almas lo amen,  que el mundo entero se le consagre y vendrá la paz,  juntamente con una reacción moral y espiritual más grande que el mal que a la tierra aqueja.
Que a la mayor brevedad se proceda a llamar con oraciones, penitencias, y lágrimas a este Santo Espíritu, suspirando por su venida. Y vendrá., Yo lo enviaré otra vez de una manera patente en sus efectos, que asombrara e impulsará a la Iglesia a grandes triunfos.(Diario T. 42, p. 156-158, septiembre 27, 1918). Pide esta reacción, este "nuevo Pentecostés", que mi Iglesia necesita: sacerdotes santos por el Espíritu Santo. El mundo se hunde porque faltan sacerdotes de fe que lo saquen del abismo en que se encuentra; sacerdotes de luz para iluminar los caminos del bien: sacerdotes puros para sacar del fango a tantos corazones: sacerdotes de fuego que llenen de amor divino al universo entero.
Pide, clama al cielo, ofrece al Verbo para que todas las cosas se restauren en Mi por el Espíritu Santo.. (Diario T. 49. p. 
250-251, noviembre 1. , 1927).T
Quiero volver al mundo en mis sacerdotes: quiero renovar al mundo de las almas manifestándome  Yo mismo en mis sacerdotes: quiero dar un poderoso impulso a mi lglesia infundiéndole  como un "nuevo Pentecostés", el Espíritu Santo en mis sacerdotes.(Diario T. 50, p. 165, enero 5, 1928).T
El Espíritu Santo es quien sopla, y mueve los corazones, y los levanta de la tierra, y los lleva a horizontes celestiales, y les comunica la sed por la gloria de Dios. El es quien les dará su luz y su fuego para incendiar la tierra entera.
Así quiero a mis sacerdotes, poseídos por el Espíritu Santo y olvidados de si mismos, todos para Dios, todos para las almas.
Que pidan esta reacción, este Nuevo Pentecostés, que mi Iglesia necesita sacerdotes santos por el Espíritus Santo.
El mundo se hunde, porque faltan sacerdotes de fe que lo saquen del abismo en que se encuentra; sacerdotes de luz que iluminen el camino del bien; sacerdotes puros para sacara del fango a tantos corazones; sacerdotes que llenen de amor divino el universo entero.
Que se pida, que se clame al cielo, que se ofrezca al Verbo para que todas las cosas se restauren en Mi, por el Espíritu Santo y por medio de María.
Los sacerdotes más que nadie tienen filiación santa e íntima con el divino Padre; fraternidad santa y pura con el divino Verbo, y unión profunda, perfecta y constante con el Espíritu Santo, por sus Dones, por sus Frutos, por su fuego divino y puro que apaga todas las concupiscencias y los guarda.
Que no busque nada el sacerdote fuera de la Trinidad y de María. Ahí debe fijar su vida, sus aspiraciones, el círculo de su existencia.
!oh!  !Y cuanto anhelo sacerdotes según el ideal de mi Padre!
¿Y cual es ese Ideal?. Yo mismo, sacerdotes Jesús, sacerdotes salvadores; sacerdotes puros, dulces, santos y crucificados. Obispos Yo; seminaristas iniciados a ser Jesús. Todos enamorados como Yo, del Padre y de las almas; todos crucificados por el Padre y por las almas, todos generosos y celosos por la gloria de Dios, mirando siempre al cielo sin descuidar los pormenores de la tierra en cuanto sea par mi glorificación.
Quiero sacerdotes que me vean a Mi y no se busquen a sí mismos; quiero realizar en mi Iglesia ese ideal que me trajo a la tierra, esa perfección sacerdotal que hace sonreír a mi Padre, embelesarme de alegría y derramar bendiciones sobre el mundo.
Quiero reinar por mis sacerdotes santos; quiero millones de almas que me amen; pero atraídas por corazone puros, sin más interés que el de consolarme, glorificando al Padre por el Espíritu Santo.
Pero para salvar a las almas, para incendiar a las almas, tenemos que comenzar por la raíz, que es la Iglesia en mis sacerdotes, como poderosa ayuda para la obra que va a venir, que esta a las puertas.
Para alcanzar lo que pido deben todos los sacerdotes 
hacer una consagración  al Espíritu Santo, pidiéndole, por intercesión de María, que venga a ellos como en un "nuevo Pentecostés",  y que los purifique, los enamore, los posea, los unifique, los santifique  y los transforme en Mi. (Diario T. 50, p. 296, enero 25, 1928).



QUE ME AMEN.
Ya veras si la Iglesia tendrá un sublime y santísimo fin en sus sacerdotes; nada menos que la extensión de un Dios hecho Hombre en ellos, y por ellos, usando la misma fecundación divina en las almas. El fin principal del establecimiento de la Iglesia es esa glorificación del Padre en sus sacerdotes transformados en su Hijo único, formando, con El y en El, aquella unidad que lo entusiasma, diré, y lo enamora.

 Que hagan habitual el pensamiento de mi Padre
             Que me amen, que se inmolen en mi unión, que se transformen en Mi tal cual soy: Todo amor, todo dolor. Comenzar con todo ardor, generosidad y perseverancia a hacer lo que Yo hice: Amarlo como Verbo;  servirlo, amarlo, invocarlo y adorarlo como hombre.  Honrar, servir glorificar a mi Padre, rendirle el vasallaje debido. Todo lo refería a El y solo me preocupaba porque las almas lo conocieran y lo glorificaran.
             Que hagan habitual el pensamiento de mi Padre, el honor de mi Padre, ofreciéndome y ofreciéndose en mi unión en todo momento y ocasión. Glorificarlo con una intensa Vida Interior. Convertir toda su vida en un acto de amor al Padre. Hacer que las almas lo adoren y hagan de su santa voluntad su ser y su vida.


Algún  día,  y no lejano,  en el centro de mi Iglesia,  en san Pedro, se llegara  a hacer la consagración del mundo al  Espíritu Santo,  y las gracias especiales de este divino  Espíritu se derramarán  en el Papa feliz que esto haga.
! Ven a Reinar Espíritu de Amor!
! Estrella de la Evangelización , llévanos a Jesús !.

! Sacerdotes del Señor glorificad al Señor!





MADRE DE LOS SACERDOTES
María nuestra Madre.
Al tener por madre a María, tenéis automáticamente a Dios por Padre, pues no os engendro María para la vida terrenal que os dieron vuestros padres, sino para la vida divina que solo procede de Dios.
Así el que ha hallado a María por madre, ha hallado a Dios por Padre. Por los meritos e intercesión de su Santísima Madre será un verdadero hijo de Dios, dispuesto buscar y abrazar siempre la voluntad de Dios su Padre: = Salvar a todos los hombres en Cristo = y procurará hacer de su parte, cuanto pueda para alcanzar de Dios por intersesion de su Santísima Madre la gracia altísima de la conversión para todo el mundo.

También por lo contrario; el que no quiera tener a la santísima Virgen María por madre, que tampoco tenga a Dios por Padre, porque solo en el seno purismo de María, tomo Cristo nuestra carne y solo en su purismo corazón engendra en la gracia el Espíritu Santo a los nuevos hijos de Dios.

Fuente: christusrex.org 

Lugar de María
A María a la que el Señor había escogido desde toda la eternidad para ser su madre, Jesús nuestro salvador nos la ha dado por madre desde lo alto de la cruz. De ella recibió Jesús, ese cuerpo y esa sangre que han sido el precio de nuestra redención. El ha impreso en ella su mas perfecta semejanza. Ella recibió de Dios todos los privilegios que una simple creatura puede recibir y así como ella sobrepasa a todas las demás creaturas en dignidad, así las sobrepasa en humildad, en sabiduría, en gracia y toda clase de excelencias y perfecciones. El Espíritu Santo la hizo depositaria y dispensadora de todos los tesoros celestiales y después de su Hijo, ella es el gran instrumento de la misericordia divina.
Después de Dios y en relación con el, como un regalo del cielo y porque Dios así lo ha querido para nuestro bien, después de Dios, el primer lugar en nuestros corazones corresponde a María.


Necesidad de María para llegar a Jesús
María es la estrella que debe guiar nuestros pasos en nuestra búsqueda de Jesús. Dios quiso darnos a Jesús por medio de María y también por su medio llevarnos a el: A la voz de María, Isabel fue llena del Espíritu Santo y Juan fue santificado, en sus brazos encontraron los pastores a Jesús, en su regazo lo hallaron los Magos venidos de Oriente, solo con ella podemos los Cristianos de hoy encontrar seguramente a Jesús.
Hacernos discípulos suyos, seguidores e imitadores suyos, formar en nosotros la imagen viva de su divino Hijo, dóciles a la gracia de la cual ella es medianera universal y fieles a los impulsos del Espíritu Santo que en ella engendro a Jesús y solo en allá engendra para Dios a los nuevos hijos del Reino.
Poderosos son los enemigos de nuestra salvación y muy grandes los obstáculos que encontramos en el fiel seguimiento de Cristo y solo bajo su amparo podremos alcanzar como ella, la plena perfección en esta vida y la gloria entera en la otra.

Por María
Consagrarse a María, es responder por su medio al proyecto salvífico de Dios de la mejor manera que nos es posible: En Cristo y por medio de aquélla que Dios asoció al misterio Salvífico de Jesús como verdadera madre, modelo , maestra de fidelidad en el servicio, en la escucha, en la aceptación y en el cumplimiento de la misión que Dios quería encomendarle.

Ilusión sería querer corresponder vitalmente y con gran perfección al proyecto salvífico de Dios confiando en nuestras propias fuerzas. Dios mismo ha querido, para nuestro bien, ponernos bajo la protección de María, y dárnosla por madre encomendado a ella los tesoros de la gracia y la salvación.

BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Palacio pontificio de Castelgandolfo
Miércoles 12 de agosto de 2009

María, Madre de todos los sacerdotes

Queridos hermanos y hermanas:
Es inminente la celebración de la solemnidad de la Asunción de la santísima Virgen, el sábado próximo, y estamos en el contexto del Año sacerdotalpor eso deseo hablar del nexo entre la Virgen y el sacerdocio.
Es un nexo profundamente enraizado en el misterio de la Encarnación. Cuando Dios decidió hacerse hombre en su Hijo, necesitaba el "sí" libre de una criatura suya. Dios no actúa contra nuestra libertad. Y sucede algo realmente extraordinario: Dios se hace dependiente de la libertad, del "sí" de una criatura suya; espera este "sí". San Bernardo de Claraval, en una de sus homilías, explicó de modo dramático este momento decisivo de la historia universal, donde el cielo, la tierra y Dios mismo esperan lo que dirá esta criatura.
El "sí" de María es, por consiguiente, la puerta por la que Dios pudo entrar en el mundo, hacerse hombre. Así María está real y profundamente involucrada en el misterio de la Encarnación, de nuestra salvación. Y la Encarnación, el hacerse hombre del Hijo, desde el inicio estaba orientada al don de sí mismo, a entregarse con mucho amor en la cruz a fin de convertirse en pan para la vida del mundo. De este modo sacrificio, sacerdocio y Encarnación van unidos, y María se encuentra en el centro de este misterio.
Pasemos ahora a la cruz. Jesús, antes de morir, ve a su Madre al pie de la cruz y ve al hijo amado; y este hijo amado ciertamente es una persona, un individuo muy importante; pero es más: es un ejemplo, una prefiguración de todos los discípulos amados, de todas las personas llamadas por el Señor a ser "discípulo amado" y, en consecuencia, de modo particular también de los sacerdotes.
Jesús dice a María: "Madre, ahí tienes a tu hijo" (Jn 19, 26). Es una especie de testamento: encomienda a su Madre al cuidado del hijo, del discípulo. Pero también dice al discípulo: "Ahí tienes a tu madre" (Jn 19, 27). El Evangelio nos dice que desde ese momento san Juan, el hijo predilecto, acogió a la madre María "en su casa". Así dice la traducción italiana, pero el texto griego es mucho más profundo, mucho más rico. Podríamos traducir: acogió a María en lo íntimo de su vida, de su ser, «eis tà ìdia», en la profundidad de su ser.
Acoger a María significa introducirla en el dinamismo de toda la propia existencia —no es algo exterior— y en todo lo que constituye el horizonte del propio apostolado. Me parece que se comprende, por lo tanto, que la peculiar relación de maternidad que existe entre María y los presbíteros es la fuente primaria, el motivo fundamental de la predilección que alberga por cada uno de ellos. De hecho, son dos las razones de la predilección que María siente por ellos: porque se asemejan más a Jesús, amor supremo de su corazón, y porque también ellos, como ella, están comprometidos en la misión de proclamar, testimoniar y dar a Cristo al mundoPor su identificación y conformación sacramental a Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, todo sacerdote puede y debe sentirse verdaderamente hijo predilecto de esta altísima y humildísima Madre.
El concilio Vaticano II invita a los sacerdotes a contemplar a María como el modelo perfecto de su propia existencia, invocándola como "Madre del sumo y eterno Sacerdote, Reina de los Apóstoles, Auxilio de los presbíteros en su ministerio". Y los presbíteros —prosigue el Concilio— "han de venerarla y amarla con devoción y culto filial" (cf. Presbyterorum ordinis, 18).
El santo cura de Ars, en quien pensamos de modo particular este año, solía repetir: "Jesucristo, cuando nos dio todo lo que nos podía dar, quiso hacernos herederos de lo más precioso que tenía, es decir, de su santa Madre" (B. Nodet, Il pensiero e l'anima del Curato d'Ars, Turín 1967, p. 305). Esto vale para todo cristiano, para todos nosotros, pero de modo especial para los sacerdotes.
Queridos hermanos y hermanas, oremos para que María haga a todos los sacerdotes, en todos los problemas del mundo de hoy, conformes a la imagen de su Hijo Jesús, dispensadores del tesoro inestimable de su amor de Pastor bueno.

¡María, Madre de los sacerdotes, ruega por nosotros!





MARÍA, MADRE Y MODELO DE LOS SACERDOTES 


El pasado 19 de junio durante la celebración solemne de las segundas vísperas 

del Sagrado Corazón de Jesús en la Basílica de San Pedro de Roma, el Papa 
Benedicto XVI convocaba a toda la iglesia a celebrar un año sacerdotal con motivo del 150º aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars. 

Este acontecimiento de gracia ha motivado y animado a los sacerdotes a hacer un esfuerzo por profundizar en la vocación recibida, mediante la reflexión seria y consciente de lo que un sacerdote tiene que ser en el hoy de nuestra historia. A esta reflexión sacerdotal nos queremos unir por medio de este breve artículo en el que nos proponemos desarrollar un tema de vital importancia para la vida y santidad de los ministros de Cristo. El tema que vamos a abordar, para mejor vivir este año sacerdotal con María, girará en torno a la maternidad que ejerce la Madre del Señor en la vida de los sacerdotes, y cómo la Madre del Sumo y Eterno Sacerdote es modelo ejemplar para todos los ministros ordenados. 

La maternidad espiritual que ejerce María para con los sacerdotes 


La maternidad espiritual que ejerce María para con todos los hijos e hijas de 

Dios tiene su fundamento y culmen en el GólgotaAllí estaba presente en el Calvario la Madre, al pie de la Cruz, como nos enseña el Concilio Vaticano Segundo: ‹‹no sin designio divino, se mantuvo de pie (cf. Jn 19, 25), se condolió vehementemente con su Unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificioconsintiendo con amor en la inmolación de la víctima engendrada››1. Y es allí, en el Gólgota, cuando nace esta nueva maternidad universal entre la Madre que está ofreciendo a su Hijo en el ara de la Cruz, para la salvación del género humano, y el discípulo fiel que ha seguido al maestro hasta el Calvario: ‹‹ Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa›› (Jn19, 26-
27). 

Esta nueva maternidad universal de María, que abarca a toda la humanidad 
redimidatiene en el sacerdote ordenado un acento especial, en cuanto que por medio del don de la ordenación sacerdotal el ministro, en cierto sentido, tiene un especial derecho de aceptar a María como madre suya, como una dimensión del sacerdocio ministerial. Por tanto María nunca ha de ser extraña a ningún sacerdote. Ni tampoco aceptada o sentida en la vida del sacerdote como extraña a su sacerdocio. Claro ha de ser que el sacerdote no asume la dimensión mariana de su vocación sacerdotal motivado simplemente por el sentimentalismo que pueda producir en su vida de sacerdote una devoción particular ligada a la costumbre de un pueblo, donde desarrolla su ministerio sacerdotal. Ni tampoco, la vida mariana del sacerdote, es un elemento decorativo del que se adorna el ministro en algunos momentos determinados del año, cuando se celebran fiestas o romerías marianas en las que muchas veces predomina lo puramente festivo. 

1 Const dogm.Lumen gentium, 58. 




La dimensión mariana del sacerdocio ministerial es una realidad que vive el 
sacerdote como un don que se le ha dado: «He ahí a tu Madre» (NJ. 19, 27). Don que asume el ministro ordenado como una exigencia misma de su vocación, y de su identificación con Cristo: ‹‹Los sentimientos o disponibilidad y la vida íntima de Cristo con respecto a su madre María deben ser imitados y vividos por el sacerdote ministro››2. 

2 Cf. ESQUERDA, B., J., Sacerdote, Nuevo Diccionario de Mariología, Madrid 1993, 1800. 


3 Cf. Constitución dógmática “Lumen Gentium”, 58. 


1. El sacerdote y María 


María ha sido elegida por Dios para ser la madre de Cristo. Esta maternidad ha 

asociado de un modo singular a María con Cristo con unos caracteres sacerdotales y de ofrenda sacrificial que están en estrecha relación con Jesús, sacerdote y víctima. 

Esta asociación del todo singular de María con su Hijo, en su dimensión sacerdotal, se concreta en unas líneas básicas. Primero apertura, por parte de María, y aceptación de la palabra de Dios y de la obra salvíficaconsagración y asociación al misterio de la redención, perseverancia en la actitud del fiat hasta el sí definitivo del Calvario en el momento del sacrificio del Gólgota, sintonía, asociación y consenso interior en la inmolación de Cristo redentor y sacerdote: ‹‹Así también la Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la Cruz en donde, no sin designio divino, se mantuvo de pie (cf. Jn 19, 25), se condolió vehementemente con su Unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima engendrada por Ella misma, y por fin, fue dada como Madre al discípulo por el mismo Cristo Jesús, moribundo en la Cruz, con estas palabras: "¡Mujer, he ahí a tu hijo!" (Jn19,26-27)››3. 

Ahora bien podemos, con toda verdad, llamar a María, después de lo ya visto, 

madre sacerdotal porque está en íntima relación con Cristo sacerdote, con la iglesia pueblo sacerdotal y con el sacerdote ministro. En María el sacerdote encuentra una semejanza de vocación, de consagración y de instrumentalidad. Toda la acción del sacerdote, ministro en la iglesia, se encuentra en estrecha e íntima relación con la presencia y la acción de María asociada a Cristo sacerdote, modelo y madre del sacerdote, ya sea en su obra apostólica en la que tiene como misión prolongar la obra de Cristo Salvador, ya sea en su propia vida espiritual de configuración con Cristo sacerdote, siempre al servicio de la comunidad eclesial. 


2. Dimensión mariana de la espiritualidad sacerdotal 


El sacerdote participa plenamente en el ser, en la función y en la vida íntima 
con Cristo. Es otro Cristo en la tierra. Como Cristo, el ministro ordenado ha sido consagrado y elegido para prolongar en el mundo la función sacerdotal recibida de Cristo. Y asociada a Cristo siempre se encuentra su Madre. Pues en cuanto más íntimamente se encuentre unido en su vida espiritual el sacerdote con Cristo, configurando su vida con la del mismo Señor, con mayor intensidad se desarrollará la dimensión mariana en su vida sacerdotal. A este respecto nos clarifica e ilumina muy bien el sacerdote Esquerda Bifet la idea que queremos exponer cuando dice: ‹‹ La gracia y los carismas sacerdotales, por el hecho mismo de ser participación en el sacerdocio de Cristo, tienen relación con María, como la vocación, la consagración sacerdotal y las gracias necesarias para el ejercicio de su ministerio. El Señor ha concedido estas gracias queriendo también la asociación y la intercesión de María. Por esto se puede decir que el grado de configuración sacerdotal con Cristo tiene estrecha relación con el grado de espiritualidad mariana del sacerdote››

4 Cf. . ESQUERDA, B., J., Sacerdote, Nuevo Diccionario de Mariología, Madrid 1993, 1802. 



5 Cf. Constitución dógmática “Lumen Gentium”, 62. 




María, modelo ejemplar para los ministros ordenados 


María desde su gloriosa Asunción a los cielos no deja de estar presente en la 

vida de los fieles ‹‹Pues una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz››5. 

Y, si de cada uno de sus hijos e hijas cuida con amor maternal, de una manera singular lo hace de los sacerdotesporque al ser la madre del Sumo y Eterno Sacerdote por argumentos de conveniencia podemos decir que María es madre de los sacerdotes de modo específico, debido al oficio eclesial inconfundible de estos, representándole como ministros, actuando en persona y en nombre del mismo Cristo. María por su parte se siente cercana y es modelo del todo singular para con estos hijos suyos que ejercen su sacerdocio en el hoy de nuestra historia. El sacerdote encuentra en María no solamente un auxilio o un socorro en los momentos de peligro o de tentación, sino que también encuentra en Ella a un modelo ejemplar del que aprender cómo ser sacerdote. 


1. María maestra del sacerdote 


María, nos dice el Papa Pablo VI en la Marialis Cultus número 16, es ejemplo 

para todos los fieles en la actitud espiritual con que la Iglesia celebra y vive los divinos misterios. Ella es reconocida como modelo extraordinario de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo. De una manera especial María es educadora del sacerdote cuando le muestra su vida y se hace presente en su ministerio como la Virgen orante, que acoge la palabra de Dios y la hace vida en su carne, o cuando eleva su oración agradecida al padre proclamando las grandezas que Dios ha hecho en su vida, o como virgen oferente que ofrece a su primogénito ya desde su nacimiento hasta su muerte en la Cruz. 

El sacerdote tiene que hacer el esfuerzo de aprender, en la escuela de María, cómo ser sacerdote según el corazón de Cristo y para ello se requiere que el sacerdote viva una auténtica piedad sacerdotal que abarca también la dimensión mariana de su sacerdocio, porque nos dice a este respecto el sacerdote Esquerda Bifet, ‹‹La propia santificación y la eficacia del ministerio dependen, en cierto modo, de la actitud mariana del sacerdote en sintonía con los sentimientos de Cristo. En las mismas funciones sacerdotales, vividas en el espíritu de Cristo, la relación personal con María ayuda a imitar la actitud sacerdotal del Señor. Viviendo el misterio de María, se entra más profundamente en el misterio 
de Cristo sacerdote (LG 65) ››6. 

6 Cf. ESQUERDA, B., J., Sacerdote, Nuevo Diccionario de Mariología, Madrid 1993, 1803. 



2. Un año sacerdotal vivido con María 


Vivir un año sacerdotal, como el que se nos ofrece, es una gracia para toda la 

Iglesia, y en especial para todos los ministros ordenados. Sin duda alguna que un año sacerdotal es un tiempo propicio para que el sacerdote, junto con toda la Iglesia, pueda reflexionar sobre el sentido de su vocación y misión en el mundo actual, sobre las deficiencias que se han de corregir en la vida y pastoral del ministro, como acto de verdadera humildad, sabiendo muy bien que el gran tesoro que se les ha dado lo llevan en pequeñas vasijas de barro. Y creo que también es un tiempo para que el sacerdote (ya tenga muchos años de ordenado ya pocos) pueda pararse un instante y hacer, a la luz de la palabra de Dios e iluminado con la sabia doctrina del magisterio de la Iglesia y teniendo como ejemplo de seguimiento de Cristo a María, su Madre y hermana, un sabio y recto discernimiento sobre lo que es un sacerdote y a qué está llamado. 

Durante todo este año sacerdotal y siempre, la Madre de los sacerdotes 

acompaña a cada uno de sus hijos más cercanos. Hijos que no han de olvidar nunca que tienen a una Madre que les es modelo de fidelidad y entrega, que es amparo y socorro en los momentos más tumultuosos de sus vidas, que en Ella encuentra a una maestra que educa con sabia y recta doctrina cómo vivir en fidelidad la vocación recibida. Y que en María siempre hallarán la fuerza para seguir adelante, a pesar de las dificultades que se puedan encontrar en el camino. 

Invito a todos los sacerdotes a vivir muy intensamente este tiempo de gracia 

con María. Acercándose cada día más a ella el sacerdote descubre el sentido de la vocación recibida y la fuerza para ser cada día sacerdotes según el corazón de Cristo. 

Que la ejemplaridad de María para la vida del sacerdote sea la síntesis de este año sacerdotal para todos los ministros ordenados, y que ‹‹En la Santísima Virgen María encuentran siempre un ejemplo admirable de esta docilidad, pues ella, guiada por el Espíritu Santo, se entregó totalmente al misterio de la redención de los hombresveneren y amen los presbíteros con filial devoción y veneración a esta Madre del Sumo y Eterno Sacerdote, Reina de los Apóstoles y auxilio de su ministerio.›› (PO 18). 

P. Celedonio Martínez Daimiel, O.C.D. 




Darse completamente a Jesús  María por medio de María.
Como lo dice la consagración a Jesús por María usada como lema por el ya pronto San Juan Pablo II.
Totus tuus ego sum et omnia mea Tua sunt.  Accipio Te in mea omnia. Praebe mihi cor Tuum, Maria.
Soy todo tuyo y todas mis cosas son tuyas. Te recibo a Ti como todo mi bien. Dame tu Corazón, María.
"Una infinidad de óptimos efectos produce en el alma esta devoción practicada fielmente (darse completamente a María y por medio de ella a Jesús).
El principal de ellos es que María viene a vivir en el alma de modo que ya no es el alma que vive, sino María que vive en ella y que llega a ser, por así decirlo, el alma de la propia alma.


María te llenara de bienes.
No creáis que María, la más fecunda de las criaturas puras, que llegó al punto de producir  un Dios, permanezca inactiva en un alma fiel.
María es la Virgen fecunda, en todas las almas en las que vive hace brotar la pureza del corazón y del cuerpo, la rectitud en las intenciones y abundantes buenas obras.
Obra grandes maravillas y trabaja sobre todo en los corazones, y muchas veces en la ignorancia del alma mismaya que si ésta se diera cuenta de lo que sucede en ella se expondría al peligro de perder, por causa de la vanidad, esta belleza suya.



María hará que Jesús venga  a vivir en el alma.
Y ¿Qué maravillas no obra María cuando por una gracia realmente inefable llega a ser Reina de un alma?.
Como dijo Sam Pablo.“ Hijos míos, que yo de nuevo doy a luz, hasta que Cristo no se forme en vosotros” cfr. Gal 2,20). Será justo ella la que hará que el alma viva incesantemente por Jesucristo, y hará que Jesús viva en el alma:
Como Jesús, que cuando vino al mundo quiso ser fruto de María, así sucede en cada alma; y en aquellas en las que María puede habitar más libremente se ve mejor que es su fruto y obra maestra. (...)

María traerá también a Jesús la segunda vez para Reinar en todos.
Habiendo Dios venido al mundo, la primera vez, en la humildad y en el secreto por medio de María ¿No se podría afirmar que vendrá también la segunda vez por medio de María para reinar en todos, como espera la Iglesia, y para juzgar a vivos y muertos?
Nadie sabe cómo y cuándo sucederá; pero sé que Dios, cuyos designios se elevan sobre los nuestros más que el cielo sobre la Tierra, llegará en el tiempo y en la forma que los hombres menos se esperan, incluidos los más versados y competentes en las Sagradas Escrituras, que en este punto permanecen muy oscuras.
A pesar de esto, creo también que en los últimos tiempos, y quizás antes de lo que se piensa, Dios suscitará grandes hombres llenos de Espíritu Santo y del espíritu de María a través de los cuales esta divina Soberana hará grandes maravillas sobre la Tierra, para destruir el pecado y establecer en el mundo corrupto el Reino de Jesucristo su Hijo."
De “La vera e perfetta devozione”, de San Luis María Grignion de Montfort (1673-1716). (nn.55-59). 






DISCURSO DE SU SANTIDAD JUAN PABLO I 
AL CLERO DE ROMA


Jueves 7 de septiembre de 1978

Agradezco vivamente al cardenal Vicario las felicitaciones que me ha dirigido en nombre de todos los presentes. Sé cómo ha ayudado, fiel y eficazmente a mi inolvidable Predecesor; espero que seguirá colaborando también conmigo. Saludo con afecto al arzobispo vice-gerente, a los obispos auxiliares, a cuantos trabajan en los varios centros y oficinas del Vicariato; a cada uno de los sacerdotes con cura de almas en el ámbito de la diócesis y de su distrito: a los párrocos, en primer lugar, a sus colaboradores, a los religiosos y, a través de ellos, a las familias cristianas y a los fieles.
Quizá hayáis advertido que ya cuando hablé a los cardenales en la Capilla Sixtina, aludí a la «gran disciplina de la Iglesia» que debía «mantenerse en la vida de los sacerdotes y de los fieles». Sobre este tema habló con frecuencia mi venerado Predecesor, y sobre lo mismo me permito hablaros brevísimamente con confianza de hermano en este primer encuentro.
Hay una disciplina «pequeña», que se limita a la observancia puramente externa y formal de normas jurídicas. Pero yo quisiera hablar de la disciplina «grande» Esta existe sólo cuando la observancia externa es fruto de convicciones profundas y proyección libre y gozosa de una vida vivida íntimamente con Dios. Se trata —escribe el abad Chautard— de la acción de un alma, que reacciona continuamente para dominar sus malas inclinaciones y para ir adquiriendo poco a poco la costumbre de juzgar y de comportarse en todas las circunstancias de la vida, según las máximas del Evangelio y los ejemplos de Jesús. «Dominar las inclinaciones» es disciplina. La frase «poco a poco» indica disciplina, que requiere esfuerzo constante, prolongado, nada fácil. Incluso los ángeles que vio Jacob en sueños no volaban, sino que subían los escalones uno a uno. ¡Figurémonos nosotros, que somos pobres hombres sin alas!
La «gran disciplina» requiere un clima adecuado. Ante todo, el recogimiento. Una vez  sucedió en la estación de Milán que vi a un maletero durmiendo pacíficamente junto a una columna y apoyada la cabeza en un saco de carbón... Los trenes partían silbando y llegaban chirriando con las ruedas; los altavoces daban sin cesar avisos que aturdían; en medio del jaleo y del ruido la gente iba y venía , pero el hombre seguía durmiendo y parecía decir: «Haced lo que os plazca, porque yo tengo necesidad de tranquilidad». Algo parecido deberíamos hacer los sacerdotes: a nuestro alrededor hay movimiento incesante y las personas, los periódicos, las radios, las televisiones no paran de hablar. Con mesura y disciplina sacerdotal debemos decir: «Fuera de ciertos límites, para mí, que soy sacerdote del Señor, vosotros no existís; yo tengo que reservarme un poco de silencio para mi alma; me alejo de vosotros para unirme a mi Dios».
Comprobar que su sacerdote está habitualmente unido a Dios es hoy el deseo de muchos fieles buenos.
Estos razonan como el abogado de Lión, cuando volvía de visitar al Cura de Ars. «¿Qué ha visto usted en Ars?», le preguntaron. Respuesta: «He visto a Dios en un hombre»
Análogos son los razonamientos de San Gregorio Magno. Este desea que el pastor de almas dialogue con Dios sin olvidar a los hombres, y dialogue con los hombres sin olvidar a Dios. Y dice: «Huya el pastor de la tentación de querer ser amado por los fieles en vez de por Dios, o de ser demasiado débil por miedo a perder el afecto de los hombres; no sea que corra el riesgo de que Dios le reprenda así: "¡Ay de aquellas que cosen bandas para toda clase de puños!" (Ez 13,18) El pastor —termina diciendo— debe procurar ser amado, claro está, pero a fin de ser escuchado, no buscando este afecto para provecho propio» (cf. Regula pastoralis 1, II, c. VIII).
Los sacerdotes son todos guías y pastores en algún grado; pero ¿tienen todos concepto cabal de lo que supone ser verdaderamente pastor de una Iglesia particular, es decir, obispo?
Jesús, Pastor supremo, dijo de sí mismo por una parte: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28, 18), y por otra, añadió: «He venido a servir» (cf. Mt 20, 28), y lavó los pies a sus Apóstoles. Por tanto, en él iban unidos a la vez poder y servicio. Algo parecido se dice de los Apóstoles y de los obispos: «Praesumus —decía Agustín—si prossumus» (Miscellanea Augustiniana, Romae 1930, t. I, pág. 565)
Nosotros los obispos gobernamos sólo si servimos: nuestro gobierno es cabal si se concreta en servicio o se ejerce con miras al servicio, con espíritu y estilo de servicio. Sin embargo, este servicio episcopal fallaría si el obispo no quisiera ejercer los poderes recibidos. Sigue diciendo San Agustín: «el obispo que no sirve a la gente (predicando, guiando) es sólo un foeneus custos, un espantapájaros, colocado en los viñedos para que los pájaros no piquen las uvas» (ibíd., 568) Por ello está escrito en la Lumen gentium: «Los obispos gobiernan... con los consejos, las exhortaciones, los ejemplos, pero también con la autoridad y la sacra potestad» (Lumen gentium, 27).
Otro elemento de la disciplina sacerdotal es el amor al propio puesto. Lo sé, no es fácil amar el puesto y seguir en él cuando las cosas no van bien, cuando se tiene la impresión de no ser comprendido ni alentado, cuando la inevitable confrontación con el puesto asignado a otros nos llevaría a sentirnos tristes y desanimados. Pero ¿es que no trabajamos por el Señor? La ascética nos enseña: no mires a quién obedeces, sino por Quién obedeces.
El reflexionar también ayuda. Yo soy obispo desde hace veinte años: muchas veces he sufrido por no poder premiar a alguno, que lo merecía de verdad; pero o no había puesto-premio, o no sabía cómo sustituir a la persona, o sobrevenían circunstancias adversas. Por otra parte, San Francisco de Sales ha escrito: «No hay ninguna vocación que no tenga sus contratiempos, sus amarguras y sus disgustos. A parte de los que están plenamente resignados a la voluntad de Dios, cada uno desearía cambiar la propia condición por la de los otros. Los que son obispos no querrían serlo; los que están casados querrían no estarlo, y los que no lo están desearían casarse. ¿De dónde nace esta inquietud generalizada de los espíritus, sino de una cierta alergia a lo que es obligación y de un espíritu no bueno que nos lleva a suponer que los otros están mejor que nosotros?» (San Francisco de Sales,Oeuvres, edic. Annecy, t. XII, 348-9).

He hablado a la llana y os pido disculpas por ello. Pero os puedo asegurar que desde que he llegado a ser Obispo vuestro os amo mucho. Y con el corazón lleno de amor os imparto la bendición apostólica.



LA ERA  DEL ESPÍRITU SANTO

LA VERDADERA DEVOCIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Exmo. Sr. Obispo Luis Maria Martines

INTRODUCION





LA CONSAGRACIÓN DEL MUNDO AL ESPÍRITU SANTO

El amor salvará al mundo y la personificación del Amor es el Espíritu Santo. Vendrá el reinado universal del Espíritu Santo, porque es el dulcísimo nudo eterno; el que concilia, el que une, identifica u salva.
El Espíritu Santo con María, repito, harán que todo  se restaure en Mi, que soy su centro; harán que reine Yo como Rey Universal en el orbe entero; harán que mi corazón sea honrado en sus últimas fibras y dolores internos, y completaran las prerrogativas de María, Esposa del Espíritu Santo.

“El Espíritu Santo rige el mundo de la gracia”. Este divino Espíritu con su luz destruirá muchos errores en le mundo , espiritualizara los corazones, hará que el mudo se incline ante el estandarte salvador de la Cruz, y sobre todo, exaltará a su Iglesia con sacerdotes transformados en Mi, y así hará que vuelva Yo al mundo en ellos, como único Sacerdote, único digno de glorificar a mi Padre, con todos los sacerdotes en Mi, y toda la humanidad en ellos, formando por fin, no miembros dispersos y dislocados, sino un solo pastor, el Papa; y todos en Mi, en la Unidad de la Trinidad.

Hace mucho tiempo que vengo insinuando este mi deseo, de que se consagre el universo al Espíritu Santo, para que se derrame en la tierra como un nuevo PentecostésEntonces, cuando esto llegue, el mundo se espiritualizara con la unción santa de pureza y de amor con que lo bañara el Soplo vivificante y puro, el Purísimo Espíritu.


Consagración de México al Espíritu Santo

ANTECEDENTES
Hace 84 años, es uno de los actos del Congreso Eucarístico Nacional de 1924, los Obispos consagraron nuestra patria al Espíritu Santo.
Aunque la petición de esa consagración estuvo respaldada por más de doscientos mil católicos mexicanos adultos. El hecho pasó relativamente desapercibido entre las grandes solemnidades del Congreso Eucarístico. Por eso los Obispos resolvieron ratificar la consagración, rodeado cada uno de su pueblo en sus respectivas diócesis, el día de Pentecostés, 31 de mayo de 1925, día consagrado a la Santísima Virgen María Mediadora de todas las gracias.
Las vicisitudes históricas y políticas por las que México atravesó casi en seguida, lo llevaron a una seria persecución religiosa en la que muchos de nuestros hermanos derramaron su sangre por la confesión de la fe y por el amor a Cristo Rey y Señor. Y, ¿de quién, sino del espíritu Santo, recibieron la fuerza de lo alto para ser testigos de Cristo, aún a costa de sus bienes y de su vida?

SITUACIÓN HOY
Ante el grave momento que vivimos, marcado por la crisis económica, la violencia generalizada, la invasión del narcotráfico, los secuestros, la pérdida de los valores humanos, etc., el Episcopado Mexicano ha decidido renovar la consagración de nuestra patria al Espíritu Santo. Apreciamos como una verdadera gracia de Dios el hecho de que nuestra patria se haya consagrado entonces al Espíritu Santo y nos parece necesario renovar esa consagración en nuestros días.
Por lo mismo, deseamos vivamente que todos nuestros sacerdotes y fieles se hagan conscientes de la gracia que México recibió hace 84 años, que con nosotros den gracias a Dios y que, en la oración, el estudio y la reflexión personal y comunitaria, se dispongan a renovar, a nivel nacional, su Consagración al Espíritu Santo para que todos seamos verdaderos hijos de Dios, hermanos en Cristo de todos los hombres y actuemos con poder en la proclamación del Evangelio y en la salvación integral de México y el mundo.
Esta Consagración es un acto de fe y esperanza con el que manifestamos nuestra firme confianza en Jesucristo, el señor de la historia, que guía nuestros pasos con la sabiduría y fuerza de su Espíritu, en estos momentos de duras pruebas. Pues creemos, es imposible esperar de los solos esfuerzos humanos la solución  a tan grandes problemas; los creyentes estamos anclados en la esperanza que nos produce la Palabra del Señor: “Les daré un corazón nuevo y un Espíritu nuevo. Quitaré de ustedes el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi Espíritu en ustedes y haré que se conduzcan según mis preceptos y observen y practiquen mis normas (Ez 36,25-27)”.
Esto es lo que esperamos de nuestro buen Dios con la Consagración de México al Espíritu Santo. Que a todos nos dé Dios un corazón lleno de amor y de perdón, y nos renueve y guíe con su Espíritu.

QUÉ ES UNA CONSAGRACIÓN
Consagrar nuestra patria al Espíritu Santo no es un acto piadoso son más, es tomar conciencia de que Dios nos ha elegido para Él, para su servicio, para dar frutos de santidad. Es proclamar a Jesucristo como el dueño y Señor de la historia. Es comprometernos en la tarea de hacer de México un templo donde vivan y reinen el amor, la paz, la concordia, los valores.
Consagrar es una acción de Dios con la que Él reserva para sí y destina a su servicio, por mediación de la iglesia, a la criatura que se le ofrece respondiendo a su llamado. De ahí que, consagrarnos al Espíritu Santo, es abrirnos a su divino influjo y ofrecernos para que nos consagre. En realidad, ya fuimos consagrados por Él en el bautismo y la confirmación y, la entrega que ahora queremos reiterar, significa aceptar consciente y libremente la Consagración de la cual fuimos objeto entonces, recibir con renovada fe el Don de Dios Altísimo, entregarnos a Él y comprometernos a ser dóciles a su acción para que manifieste en nosotros y a través de nosotros su divina eficacia, haciéndonos vivir como verdaderos cristianos para edificación de la Iglesia y el mayor bien de todos.
Esto supone una sincera conversión. Cada persona y cada grupo saben o deben tomar conciencia de cuáles con los aspectos de su vida en los que Dios les pide conversión,  tanto en la vida persona y familiar, como en la vida social y eclesial, sea que se trate de laicos o de religiosos y sacerdotes.
Convertirse es reconocerse pecador y arraigado en el mal; es renunciar al pecado y a las ataduras con que nos esclaviza; es pedir perdón y confiar en que se recibe; es conocer la Voluntad de Dios y dedicarse a cumplirla.
Convertirse, también es reconocer que no tenemos la capacidad  para vivir la nueva vida que Dios nos pide con la conversión. La experiencia nos da testimonio de que somos incapaces de cambiar nuestra conducta por nosotros mismos y que necesitamos el auxilio poderoso del Espíritu que cambie nuestros corazones. Cuando uno está más necesitado, tanto más debe acercase al que es la fuente perenne de luz, de fortaleza, de consuelo y de santidad.
Por consiguiente, la Consagración al Espíritu Santo, requiere que nos presentemos con humildad ante Dios, reconociendo que tenemos necesidad de ser salvados, insistiendo en una oración llena de confianza y dispuestos a ratificar nuestra entrega con acciones, mediante las cuales, la vida de Dios se haga presente en nosotros y en las circunstancias que vivimos.
No pensemos, por otra parte, que la Consagración al Espíritu Santo ha de ser un acto transitorio. Ha de ser un proceso permanente de conversión y de entrega en la fe viva y en un amor comprometido, mediante el cual secundemos la acción del Espíritu para que vaya transformando nuestra existencia hasta hacer aparecer la figura de Cristo en nuestras vidas y en las circunstancias familiares, educativas, económicas, políticas y religiosas de nuestra patria.

CONVOCATORIA
Por eso convocamos a la Iglesia católica de México, desde las 15:00 hrs. del día 20 de abril de 2008,  para que estén presentes, en espíritu y de corazón, en la Insigne Nacional Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, donde renovaremos la Consagración de nuestra nación al Espíritu de Santo.
A las 17:00 hrs. será la Eucaristía de apertura  de la LXXXVII Asamblea del Episcopado Mexicano y allí renovaremos la Consagración del país al Espíritu Santo, con la presencia de todos los señores Obispos de la CEM y de su Excelencia el Nuncio Apostólico; así mismo, celebraremos el Día del Papa.
Creemos que la acción del Espíritu Santo que renueva la paz de la tierra nos conducirá a confesar con la libertad de hijos de Dios que Jesús es el Señor, no sólo de nuestras personas, sino de la sociedad y sus estructuras, del mundo con sus bienes, y de todos los hombres con sus legítimas aspiraciones, con sus gozos y esperanzas.
Creemos que el Espíritu de caridad unificará los distintos grupos dentro de la iglesia, dará luz y generosidad a las familias cristianas para realizar su misión, iluminará a los responsables de la educación, moverá a llevar una vida económica según la enseñanza de la iglesia sobre la justicia social, impulsará a muchos a la práctica de una actividad política en consonancia con las exigencias de la fraternidad humana y del amor cristiano y llevará a  los religiosos y sacerdotes a vivir, en el gozo y gratitud al Señor, la entrega de su vocación, comprometidos más que nunca con la iglesia en su verdadera renovación.
Creemos que el Espíritu, que es exigente, nos saque de cualquier anquilosamiento y nos libere de toda pereza de corazón, de lo mediocre, de lo cansado, de lo lánguido y sin valor, con el fuego celestialmente vivo y nos haga sinceros y exigentes con nosotros mismos para estar a la altura de la hora presente.
Creemos que le soplo potente, animoso y seguro del Espíritu, nos dará creatividad para presentar el Evangelio de siempre ante un pensamiento y una sociedad en cambios constantes y nos infundirá la audacia necesaria para ser los cristianos que Dios quiere que seamos en las presentes circunstancias, decididos a las más radicales empresas ante una situación extrema.
Todo esto que creemos, lo esperamos de nuestra Consagración al Espíritu Santo, junto con nuestra renovación personal y con la gracia de ser transformados por el Espíritu  de Santidad en la imagen del  Hijo a fin de que todos los católicos mexicanos presentemos ante los ojos del Padre y a la mirada de los hombres, en toda circunstancia personal, familiar y social, el verdadero rostro de Cristo.
Que la Santísima Virgen María, que en el Cenáculo perseveró en oración con los Apóstoles implorando con sus ruegos el Dios del Espíritu, y que en su advocación de Guadalupe fue la mediadora de la Consagración Solemne de la Nación Mexicana, hace 84 años, ahora nos presida y nos ayude a renovarla a fin de que su Hijo Jesucristo derrame sobre la Iglesia en México y sobre todo el pueblo mexicano, una renovada plenitud de Espíritu Santo y dador de vida nueva.


+ José Leopoldo González González
Secretario General de la CEM

BENEDICTO XVI
22 de abril de 2006

"San Ignacio de Loyola fue, ante todo, un hombre de Dios, que en su vida puso en primer lugar a Dios, su mayor gloria y su mayor servicio; fue un hombre de profunda oración, que tenía su centro y su cumbre en la celebración eucarística diaria. De este modo, legó a sus seguidores una herencia espiritual valiosa, que no debe perderse u olvidarse. Precisamente por ser un hombre de Dios, san Ignacio fue un fiel servidor de la Iglesia, en la que vio y veneró a la esposa del Señor y la madre de los cristianos. Y del deseo de servir a la Iglesia de la manera más útil y eficaz nació el voto de especial obediencia al Papa, que él mismo definió como 'nuestro principio y principal fundamento'". 


Los Últimos Tiempos y la Era del Espíritu Santo

Revelaciones hechas por el Señor a Concepción Cabrera de Armida o Conchita (nombre con el que fue  conocida). Nació el 8 de diciembre de 1862 en el seno de una familia acomodada en la Hacienda de Jesús
María en San Luis Potosí, ciudad del norte de México. Contando con 21 años de edad firmó compromiso con Francisco Armida, contrayendo nupcias en el la Iglesia del Carmen el 8 de noviembre de 1884. El matrimonio tuvo entre 1885 y 1899 nueve hijos. El 17 de septiembre de 1901 muere Francisco Armida.
Concepción Cabrera se dedicó, tras quedar viuda, al estudio y al apoyo del estudio de sus hijos, nunca entró  a la vida religiosa. Esta mujer mexicana esconde en el fondo de su alma una extraordinaria vida apostólica, un ardor heroico para imitar a Jesús e identificarse con el Crucificado. Sin haber vivido nunca en un claustro, Concepción Cabrera de Armida es la inspiradora de la Obras de la Cruz. Prolífica escritora mística, Conchita ha dejado sesenta y seis volúmenes manuscritos, una obra tan amplia como la de Tomás de Aquino, un trabajo inmenso, un Diario espiritual que encierra tesoros de enseñanzas, de luz para toda la Iglesia y todos los hombres de hoy. Murió el 3 de marzo de 1937, a la edad de 75 años. Fue reconocida como Venerable el 20 de diciembre de 1999 por Juan Pablo II. He aquí pues estas revelaciones hechas por el Señor a Conchita sobre el Espíritu Santo, el segundo Pentecostés y la Era del Espíritu Santo; se contienen en el libro de M. M. Philipon, o.p., titulado : Conchita -Diario Espiritual de una Madre de familia.


Páginas 100 -103


Para muchos cristianos el Espíritu Santo es un desconocido. El Señor revela a
Conchita su identidad personal en el seno de la Trinidad donde. El es el Amor, y su
Misión  en la tierra: conducir a las almas al hogar del Amor; de aquí la necesidad del
Reinado del Espíritu  Santo y la urgencia de una renovación de su culto.
La frase capital nos recuerda que .su misión en el cielo, su Vida, su Ser: es el Amor... Existe un tesoro escondido, una riqueza que no ha sido explotada ni se aprecia en su verdadero valor, siendo que es lo más grande del cielo y de la tierra: el Espíritu Santo.  No, ni el mundo de las almas lo conoce debidamente. El es la luz de las inteligencias y el fuego de los corazones;  y si hay tibieza, y si hay frio y debilidad, y tantos males que aquejan al mundo espiritual, es porque no se acude al Espíritu Santo.

Su misión en el cielo, su vida, su Ser, es el Amor; y en la tierra, llevar a las almas a ese centro del amor que es Dios. Con El se tiene cuanto se puede apetecer, y si hay tristeza es porque no se acude al divino Consolador, que es el gozo completo del espíritu; si hay flaqueza es porque no se acude a la fortaleza invencible; si hay errores es porque se desprecia al que es la luz; si se extingue la fe es porque falta el Espíritu Santo.

No, no se le da el culto que se le debiera dar en cada corazón, en la Iglesia entera, al Espíritu Santo; y la mayor parte de los males por los que se llora en la Iglesia y en el campo de las almas es porque no se le da toda la primacía que Yo le di a este Santo Espíritu, a esa tercera Persona de la Trinidad, que tuvo parte tan activa en la Encarnación del Verbo y en el establecimiento de la Iglesia. Se le ama con tibieza, se le invoca sin fervor y en muchos corazones, aún de los Míos, ni  siquiera se le recuerda y esto lastima muy hondamente a mi Corazón.
Es tiempo ya de que el Espíritu Santo reine, decía el Señor como conmovido, y no allá lejos, como una cosa altísima, aunque lo es; y no hay cosa más grande que El, porque es Dios, conjunto y consubstancial con el Padre y con el Verbo, sino acá cerca, en cada alma y corazón, en todas las arterias de mi Iglesia. El día que circule por cada Pastor, por cada sacerdote, como su sangre, así de íntimo, el Espíritu Santo, se renovaran las virtudes teologales, que languidecen aún en los que sirven a mi Iglesia, por la falta del Espíritu Santo. Entonces cambiara el mundo, pues todos los males que en el se lamentan hoy tienen por causa el alejamiento del Espíritu Santo, su remedio único.

Que reaccionen mis ministros en la Iglesia por medio del Espíritu Santo y todo el mundo de las almas sera divinizado. El es el eje en donde todas las virtudes giran,  y no hay virtud verdadera sin el Espíritu Santo.

El impulso celestial para levantar a mi Iglesia de cierta postración en que yace está en que se active el culto del Espíritu Santo, en que se le de su lugar, es decir, el primer lugar en las inteligencias y en las voluntades.  Nadie sera pobre con esta riqueza celestial, y el Padre y el Verbo que soy Yo deseamos la renovación palpitante, vivificante de su reinado en la Iglesia.

-Señor, pero si en la Iglesia s. reina el Espíritu Santo, .por que. te quejas?

-.Ay de ella si no fuera así!  El es el alma de esa lglesia tan amada. Pero de lo que me quejo es de que no se dan cuenta muchos de ese favor celestial, no le dan toda la importancia que se debe, lo hacen rutina; y languideciendo su devoción en los corazones es muy tibia, es secundaria, y esto trae males sin cuento, tanto a la Iglesia como a las almas en general. Por esto las Obras de la Cruz vienen a renovar su devoción y a extenderla por toda la tierra. Que impere en las almas este Santo Espíritu y el Verbo sera conocido y honrado, tomando la Cruz un impulso nuevo en las almas, espiritualizadas por el divino amor.

A medida que el Espíritu Santo reine se ira destruyendo el sensualismo que hoy inunda la tierra, y nunca enraizara  la Cruz si antes no prepara el terreno el Espíritu Santo. Por esto se apareció El primero a tu vista que la Cruz: por esto preside en la Cruz del Apostolado.

Uno de los principales frutos de la Encarnación mística  es el reinado del Espíritu Santo que debe consumir el materialismo.. (Diario T. 35, p. 66-71, febrero 19, 1911).

{…..}  .Creen las almas muy lejos al Espíritu Santo, muy elevado y por encima, y es, por decirlo así, la Persona divina más asistente con la criatura. La sigue a todas  partes, la impregna de si mismo, la llama, la cuida, la cobija, la hace su templo vivo, la defiende, la ayuda, la ampara del enemigo, y más cerca está que ella misma. Todo lo bueno que el alma ejecuta es por su inspiración, por su luz, por su gracia y auxilio.
Y no se le invoca y no se le nombra ni se le agradece la acción tan profunda e inmediata con cada alma!
Si llamas al Padre, si lo amas, es por el Espíritu Santo. Si te enamoras de Mi, si me conoces, si me sirves, si me copias, si te unes a mis quereres y a mi Corazón es por el Espíritu Santo.

Se le considera intangible, y lo es, pero no hay sin embargo cosa más sensitiva, más cerca y al alcance de la criatura en su miseria que la altura más grande, que el Espíritu santísimo que se refleja y es una misma santidad y poder con el Padre y con el Hijo.

Y los siglos han pasado siendo El siempre el principio de todas las cosas, el sello sagrado de las almas, el carácter del sacerdote, la luz de la fe, el que infunde todas las virtudes, el riego que fecundiza el campo de la Iglesia, y sin embargo ni se le estima, ni se le conoce, ni se le agradece su influencia siempre santificadora. Si hay ingratitud para M. en el mundo más la hay para con el Espíritu Santo. Por esto, al acabarse los tiempos quiero que se extienda su gloria. Uno de los dolores más crueles para mi corazón fue el de la ingratitud en todos los tiempos; el de la idolatra, entonces adorando ídolos,  y hoy adorándose los hombres a si mismoses decir, el alejamiento del Espíritu Santo.

En estos últimos tiempos ha puesto su trono la sensualidad en el mundo, esa vida de los sentidos que ofusca y apaga la luz de la fe en las almas. Y por eso más que nunca se necesita que el Espíritu Santo venga a destruir y a aniquilar a Satanás que en esta forma se va introduciendo hasta en la Iglesia. (Diario T. 40, p. 186-18, enero 26, 1915). Páginas 154 -155

Al enviar al mundo un como segundo Pentecostés quiero que arda, quiero que se limpie, ilumine e incendie y purifique con la luz y el fuego del Espíritu SantoLa última etapa del mundo debe señalarse muy especialmente por la efusión de este Santo Espíritu. Quiere reinar en los corazones y en el mundo entero; más que para su gloria, para hacer amar al Padre y dar testimonio de M., aunque su gloria es la de toda la Trinidad.(Diario T. 40, p. 180, enero 26, 1916).T

Dile al Papa que es mi voluntad que en todo el mundo cristiano se clame al Espíritu Santo implorando la paz y su reinado en los corazones.  Sólo este Santo Espíritu puede renovar la faz de la tierra y traer la luz, la unión  y la caridad a los  corazones.
El mundo se hunde porque se ha alejado del Espíritu Santo y todos los males que le aquejan tienen su origen en esto. Ahí está el remedio porque El es el Consolador, el autor de toda gracia, el lazo de unión  entre el Padre y el Hijo y el Conciliador por excelencia porque es caridad, es el Amor increado y eterno.
Que a ese Santo Espíritu acuda todo el mundo pues ha llegado el tiempo de su reinado y esta última etapa del mundo a El le pertenece muy especialmente para ser honrado y exaltado. Que la Iglesia lo pregone, que las almas lo amen,  que el mundo entero se le consagre y vendrá la paz,  juntamente con una reacción moral y espiritual más grande que el mal que a la tierra aqueja.
Que a la mayor brevedad se proceda a llamar con oraciones, penitencias, y lágrimas a este Santo Espíritu, suspirando por su venida. Y vendrá., Yo lo enviare otra vez de una manera patente en sus efectos, que asombrara e impulsara a la Iglesia a grandes triunfos.(Diario T. 42, p. 156-158, septiembre 27, 1918).T
Pide esta reacción, este "nuevo Pentecostés", que mi Iglesia necesita: sacerdotes santos por el Espíritu Santo. El mundo se hunde porque faltan sacerdotes de fe que lo saquen del abismo en que se encuentra; sacerdotes de luz para iluminar los caminos del bien: sacerdotes puros para sacar del fango a tantos corazones: sacerdotes de fuego que llenen de amor divino al universo entero.
Pide, clama al cielo, ofrece al Verbo para que todas las cosas se restauren en Mi por el Espíritu Santo.. (Diario T. 49. p. 250-251, noviembre 1. , 1927).T
Quiero volver al mundo en mis sacerdotes: quiero renovar al mundo de las almas manifestándome  Yo mismo en mis sacerdotes: quiero dar un poderoso impulso a mi lglesia infundiéndole  como un "nuevo Pentecostés", el Espíritu Santo en mis sacerdotes.(Diario T. 50, p. 165, enero 5, 1928).T

Para alcanzar lo que pido deben todos los sacerdotes hacer una consagración  al Espíritu Santo, pidiéndole, por intercesión de María, que venga a ellos como en un "nuevo Pentecostés",  y que los purifique, los enamore, los posea, los unifique, los
santifique  y los transforme en Mi. (Diario T. 50, p. 296, enero 25, 1928).

Algún  día,  y no lejano,  en el centro de mi Iglesia,  en san Pedro, se llegara  a hacer la consagración del mundo al Espíritu Santo,  y las gracias especiales de este divino  Espíritu se derramarán  en el Papa feliz que esto haga.



BENEDICTO XVI.

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 5 abril 2012 (ZENIT.org).- Hoy en la mañana, con ocasión del Jueves Santo, el santo padre Benedicto XVI presidió en la Basílica San Pedro del Vaticano la Santa Misa Crismal, la que fue concelebrada por cardenales, obispos y presbíteros --cerca de 1600, entre diocesanos y religiosos--, presentes en Roma.
Durante la celebración, los sacerdotes renovaron las promesas realizadas al momento de su ordenación, y fueron bendecidos por el obispo de Roma los óleos de los catecúmenos y de los enfermos, así como el crisma.
Publicamos a continuación la homilía pronunciada por el papa.

Queridos hermanos y hermanas:
En esta Santa Misa, nuestra mente retorna hacia aquel momento en el que el Obispo, por la imposición de las manos y la oración, nos introdujo en el sacerdocio de Jesucristode forma que fuéramos «santificados en la verdad» (Jn 17,19), como Jesús había pedido al Padre para nosotros en la oración sacerdotal. Él mismo es la verdad. Nos ha consagrado, es decir, entregado para siempre a Dios, para que pudiéramos servir a los hombres partiendo de Dios y por él. Pero, ¿somos también consagrados en la realidad de nuestra vida? ¿Somos hombres que obran partiendo de Dios y en comunión con Jesucristo? Con esta pregunta, el Señor se pone ante nosotros y nosotros ante él: «¿Queréis uniros más fuertemente a Cristo y configuraros con él, renunciando a vosotros mismos y reafirmando la promesa de cumplir los sagrados deberes que, por amor a Cristo, aceptasteis gozosos el día de vuestra ordenación para el servicio de la Iglesia?».
Así interrogaré singularmente a cada uno de vosotros y también a mí mismo después de la homilía. Con esto se expresan sobre todo dos cosas: se requiere un vínculo interior, más aún, una configuración con Cristo y, con ello, la necesidad de una superación de nosotros mismos, una renuncia a aquello que es solamente nuestro, a la tan invocada autorrealización. Se pide que nosotros, que yo, no reclame mi vida para mí mismo, sino que la ponga a disposición de otro, de Cristo. Que no me pregunte: ¿Qué gano yo?, sino más bien: ¿Qué puedo dar yo por él y también por los demás? O, todavía más concretamente: ¿Cómo debe llevarse a cabo esta configuración con Cristo, que no domina, sino que sirve; que no recibe, sino que da?; ¿cómo debe realizarse en la situación a menudo dramática de la Iglesia de hoy? Recientemente, un grupo de sacerdotes ha publicado en un país europeo una llamada a la desobediencia, aportando al mismo tiempo ejemplos concretos de cómo se puede expresar esta desobediencia, que debería ignorar incluso decisiones definitivas del Magisterio; por ejemplo, en la cuestión sobre la ordenación de las mujeres, sobre la que el beato Papa Juan Pablo II ha declarado de manera irrevocable que la Iglesia no ha recibido del Señor ninguna autoridad sobre esto. Pero la desobediencia, ¿es un camino para renovar la Iglesia? Queremos creer a los autores de esta llamada cuando afirman que les mueve la solicitud por la Iglesia; su convencimiento de que se deba afrontar la lentitud de las instituciones con medios drásticos para abrir caminos nuevos, para volver a poner a la Iglesia a la altura de los tiempos. Pero la desobediencia, ¿es verdaderamente un camino? ¿Se puede ver en esto algo de la configuración con Cristo, que es el presupuesto de toda renovación, o no es más bien sólo un afán desesperado de hacer algo, de trasformar la Iglesia según nuestros deseos y nuestras ideas?. Pero no simplifiquemos demasiado el problema. ¿Acaso Cristo no ha corregido las tradiciones humanas que amenazaban con sofocar la palabra y la voluntad de Dios? Sí, lo ha hecho para despertar nuevamente la obediencia a la verdadera voluntad de Dios, a su palabra siempre válida. A él le preocupaba precisamente la verdadera obediencia, frente al arbitrio del hombre. Y no lo olvidemos: Él era el Hijo, con la autoridad y la responsabilidad singular de desvelar la auténtica voluntad de Dios, para abrir de ese modo el camino de la Palabra de Dios al mundo de los gentiles. Y, en fin, ha concretizado su mandato con la propia obediencia y humildad hasta la cruz, haciendo así creíble su misión. No mi voluntad, sino la tuya: ésta es la palabra que revela al Hijo, su humildad y a la vez su divinidad, y nos indica el camino.
Dejémonos interrogar todavía una vez más. Con estas consideraciones, ¿acaso no se defiende de hecho el inmovilismo, el agarrotamiento de la tradición? No. Mirando a la historia de la época post-conciliar, se puede reconocer la dinámica de la verdadera renovación, que frecuentemente ha adquirido formas inesperadas en momentos llenos de vida y que hace casi tangible la inagotable vivacidad de la Iglesia, la presencia y la acción eficaz del Espíritu Santo. Y si miramos a las personas, por las cuales han brotado y brotan estos ríos frescos de vida, vemos también que, para una nueva fecundidad, es necesario estar llenos de la alegría de la fe, de la radicalidad de la obediencia, del dinamismo de la esperanza y de la fuerza del amor.

Queridos amigos, queda claro que la configuración con Cristo es el presupuesto y la base de toda renovación. Pero tal vez la figura de Cristo nos parece a veces demasiado elevada y demasiado grande como para atrevernos a adoptarla como criterio de medida para nosotros. El Señor lo sabe. Por eso nos ha proporcionado «traducciones» con niveles de grandeza más accesibles y más cercanos. Precisamente por esta razón, Pablo decía sin timidez a sus comunidades: Imitadme a mí, pero yo pertenezco a Cristo. Él era para sus fieles una «traducción» del estilo de vida de Cristo, que ellos podían ver y a la cual se podían asociar. Desde Pablo, y a lo largo de la historia, se nos han dado continuamente estas «traducciones» del camino de Jesús en figuras vivas de la historia.

Nosotros, los sacerdotes, podemos pensar en una gran multitud de sacerdotes santos, que nos han precedido para indicarnos la senda: comenzando por Policarpo de Esmirna e Ignacio de Antioquia, pasando por grandes Pastores como Ambrosio, Agustín y Gregorio Magno, hasta Ignacio de Loyola, Carlos Borromeo, Juan María Vianney, hasta los sacerdotes mártires del s. XX y, por último, el Papa Juan Pablo II que, en la actividad y en el sufrimiento, ha sido un ejemplo para nosotros en la configuración con Cristo, como «don y misterio». Los santos nos indican cómo funciona la renovación y cómo podemos ponernos a su servicio. Y nos permiten comprender también que Dios no mira los grandes números ni los éxitos exteriores, sino que remite sus victorias al humilde signo del grano de mostaza.
Queridos amigos, quisiera mencionar brevemente todavía dos palabras clave de la renovación de las promesas sacerdotales, que deberían inducirnos a reflexionar en este momento de la Iglesia y de nuestra propia vida. Ante todo, el recuerdo de que somos – como dice Pablo – «administradores de los misterios de Dios» (1Co 4,1) y que nos corresponde el ministerio de la enseñanza, el (munus docendi), que es una parte de esa administración de los misterios de Dios, en los que él nos muestra su rostro y su corazón, para entregarse a nosotros. En el encuentro de los cardenales con ocasión del último consistorio, varios Pastores, basándose en su experiencia, han hablado de un analfabetismo religioso que se difunde en medio de nuestra sociedad tan inteligente. Los elementos fundamentales de la fe, que antes sabía cualquier niño, son cada vez menos conocidos. Pero para poder vivir y amar nuestra fe, para poder amar a Dios y llegar por tanto a ser capaces de escucharlo del modo justo, debemos saber qué es lo que Dios nos ha dicho; nuestra razón y nuestro corazón han de ser interpelados por su palabra. El Año de la Fe, el recuerdo de la apertura del Concilio Vaticano II hace 50 años, debe ser para nosotros una ocasión para anunciar el mensaje de la fe con un nuevo celo y con una nueva alegría. Naturalmente, este mensaje lo encontramos primaria y fundamentalmente en la Sagrada Escritura, que nunca leeremos y meditaremos suficientemente.
Pero todos tenemos experiencia de que necesitamos ayuda para transmitirla rectamente en el presente, de manera que mueva verdaderamente nuestro corazón. Esta ayuda la encontramos en primer lugar en la palabra de la Iglesia docente: los textos del Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica son los instrumentos esenciales que nos indican de modo auténtico lo que la Iglesia cree a partir de la Palabra de Dios. Y, naturalmente, también forma parte de ellos todo el tesoro de documentos que el Papa Juan Pablo II nos ha dejado y que todavía están lejos de ser aprovechados plenamente.
Todo anuncio nuestro debe confrontarse con la palabra de Jesucristo: «Mi doctrina no es mía» (Jn 7,16). No anunciamos teorías y opiniones privadas, sino la fe de la Iglesia, de la cual somos servidores. Pero esto, naturalmente, en modo alguno significa que yo no sostenga esta doctrina con todo mi ser y no esté firmemente anclado en ella. En este contexto, siempre me vienen a la mente aquellas palabras de san Agustín: ¿Qué es tan mío como yo mismo? ¿Qué es tan menos mío como yo mismo? No me pertenezco y llego a ser yo mismo precisamente por el hecho de que voy más allá de mí mismo y, mediante la superación de mí mismo, consigo insertarme en Cristo y en su cuerpo, que es la Iglesia. 

Si no nos anunciamos a nosotros mismos e interiormente hemos llegado a ser uno con aquél que nos ha llamado como mensajeros suyos, de manera que estamos modelados por la fe y la vivimos, entonces nuestra predicación será creíble. No hago publicidad de mí, sino que me doy a mí mismo. El Cura de Ars, lo sabemos, no era un docto, un intelectual. Pero con su anuncio llegaba al corazón de la gente, porque él mismo había sido tocado en su corazón.
La última palabra clave a la que quisiera aludir todavía se llama celo por las almas (animarum zelus). Es una expresión fuera de moda que ya casi no se usa hoy. En algunos ambientes, la palabra alma es considerada incluso un término prohibido, porque – se dice – expresaría un dualismo entre el cuerpo y el alma, dividiendo falsamente al hombre. Evidentemente, el hombre es una unidad, destinada a la eternidad en cuerpo y alma. Pero esto no puede significar que ya no tengamos alma, un principio constitutivo que garantiza la unidad del hombre en su vida y más allá de su muerte terrena. Y, como sacerdotes, nos preocupamos naturalmente por el hombre entero, también por sus necesidades físicas: de los hambrientos, los enfermos, los sin techo. Pero no sólo nos preocupamos de su cuerpo, sino también precisamente de las necesidades del alma del hombre: de las personas que sufren por la violación de un derecho o por un amor destruido; de las personas que se encuentran en la oscuridad respecto a la verdad; que sufren por la ausencia de verdad y de amor. Nos preocupamos por la salvación de los hombres en cuerpo y alma. Y, en cuanto sacerdotes de Jesucristo, lo hacemos con celo.
Nadie debe tener nunca la sensación de que cumplimos concienzudamente nuestro horario de trabajo, pero que antes y después sólo nos pertenecemos a nosotros mismos. Un sacerdote no se pertenece jamás a sí mismo. Las personas han de percibir nuestro celo, mediante el cual damos un testimonio creíble del evangelio de Jesucristo. Pidamos al Señor que nos colme con la alegría de su mensaje, para que con gozoso celo podamos servir a su verdad y a su amor. Amén.




Los Últimos Tiempos y la Era del Espíritu Santo.
Hace mucho tiempo que vengo indicando este mi deseo de que se consagre el universo al Divino Espíritu para que se derrame en la tierra como un "segundo Pentecostés" (Diario T. 51, p. 135, marzo 11, 1928).T
Revelaciones hechas por el Señor a Concepción Cabrera de Armida o Conchita (nombre con el que fue  conocida). Nació el 8 de diciembre de 1862 en el seno de una familia acomodada en la Hacienda de Jesús
María en San Luis Potosí, ciudad del norte de México. Contando con 21 años de edad firmó compromiso con Francisco Armida, contrayendo nupcias en el la Iglesia del Carmen el 8 de noviembre de 1884. El matrimonio tuvo entre 1885 y 1899 nueve hijos. El 17 de septiembre de 1901 muere Francisco Armida.
Concepción Cabrera se dedicó, tras quedar viuda, al estudio y al apoyo del estudio de sus hijos, nunca entró  a la vida religiosa. Esta mujer mexicana esconde en el fondo de su alma una extraordinaria vida apostólica, un ardor heroico para imitar a Jesús e identificarse con el Crucificado. Sin haber vivido nunca en un claustro, Concepción Cabrera de Armida es la inspiradora de la Obras de la Cruz. Prolífica escritora mística, Conchita ha dejado sesenta y seis volúmenes manuscritos, una obra tan amplia como la de Tomás de Aquino, un trabajo inmenso, un Diario espiritual que encierra tesoros de enseñanzas, de luz para toda la Iglesia y todos los hombres de hoy. Murió el 3 de marzo de 1937, a la edad de 75 años. Fue reconocida como Venerable el 20 de diciembre de 1999 por Juan Pablo II. He aquí pues estas revelaciones hechas por el Señor a Conchita sobre el Espíritu Santo, el segundo Pentecostés y la Era del Espíritu Santo; se contienen en el libro de M. M. Philipon, o.p., titulado : Conchita -Diario Espiritual de una Madre de familia.
Páginas 100 -103
Para muchos cristianos el Espíritu Santo es un desconocido. El Señor revela a
Conchita su identidad personal en el seno de la Trinidad donde. El es el Amor, y su
Misión  en la tierra: conducir a las almas al hogar del Amor; de aquí la necesidad del
Reinado del Espíritu  Santo y la urgencia de una renovación de su culto. 
La frase capital nos recuerda que .su misión en el cielo, su Vida, su Ser: es el Amor... Existe un tesoro escondido, una riqueza que no ha sido explotada ni se aprecia en su verdadero valor, siendo que es lo más grande del cielo y de la tierra: el Espíritu Santo.  No, ni el mundo de las almas lo conoce debidamente. El es la luz de las inteligencias y el fuego de los corazones;  y si hay tibieza, y si hay frio y debilidad, y tantos males que aquejan al mundo espiritual, es porque no se acude al Espíritu Santo.

Su misión en el cielo, su vida, su Ser, es el Amor; y en la tierra, llevar a las almas a ese centro del amor que es Dios. Con El se tiene cuanto se puede apetecer, y si hay tristeza es porque no se acude al divino Consolador, que es el gozo completo del espíritu; si hay flaqueza es porque no se acude a la fortaleza invencible; si hay errores es porque se desprecia al que es la luz; si se extingue la fe es porque falta el Espíritu Santo.

No, no se le da el culto que se le debiera dar en cada corazón, en la Iglesia entera, al Espíritu Santo; y la mayor parte de los males por los que se llora en la Iglesia y en el campo de las almas es porque no se le da toda la primacía que Yo le di a este Santo Espíritu, a esa tercera Persona de la Trinidad, que tuvo parte tan activa en la Encarnación del Verbo y en el establecimiento de la Iglesia. Se le ama con tibieza, se le invoca sin fervor y en muchos corazones, aún de los Míos, ni  siquiera se le recuerda y esto lastima muy hondamente a mi Corazón.
Es tiempo ya de que el Espíritu Santo reine, decía el Señor como conmovido, y no allá lejos, como una cosa altísima, aunque lo es; y no hay cosa más grande que El, porque es Dios, conjunto y consubstancial con el Padre y con el Verbo, sino acá cerca, en cada alma y corazón, en todas las arterias de mi Iglesia. El día que circule por cada Pastor, por cada sacerdote, como su sangre, así de íntimo, el Espíritu Santo, se renovaran las virtudes teologales, que languidecen aún en los que sirven a mi Iglesia, por la falta del Espíritu Santo. Entonces cambiara el mundo, pues todos los males que en el se lamentan hoy tienen por causa el alejamiento del Espíritu Santo, su remedio único.

Que reaccionen mis ministros en la Iglesia por medio del Espíritu Santo y todo el mundo de las almas sera divinizado. El es el eje en donde todas las virtudes giran,  y no hay virtud verdadera sin el Espíritu Santo.

El impulso celestial para levantar a mi Iglesia de cierta postración en que yace está en que se active el culto del Espíritu Santo, en que se le de su lugar, es decir, el primer lugar en las inteligencias y en las voluntades.  Nadie sera pobre con esta riqueza celestial, y el Padre y el Verbo que soy Yo deseamos la renovación palpitante, vivificante de su reinado en la Iglesia.

-Señor, pero si en la Iglesia s. reina el Espíritu Santo, .por que. te quejas?

-.Ay de ella si no fuera así!  El es el alma de esa lglesia tan amada. Pero de lo que me quejo es de que no se dan cuenta muchos de ese favor celestial, no le dan toda la importancia que se debe, lo hacen rutina; y languideciendo su devoción en los corazones es muy tibia, es secundaria, y esto trae males sin cuento, tanto a la Iglesia como a las almas en general. Por esto las Obras de la Cruz vienen a renovar su devoción y a extenderla por toda la tierra. Que impere en las almas este Santo Espíritu y el Verbo sera conocido y honrado, tomando la Cruz un impulso nuevo en las almas, espiritualizadas por el divino amor.

A medida que el Espíritu Santo reine se ira destruyendo el sensualismo que hoy inunda la tierra, y nunca enraizara  la Cruz si antes no prepara el terreno el Espíritu Santo. Por esto se apareció El primero a tu vista que la Cruz: por esto preside en la Cruz del Apostolado.

Uno de los principales frutos de la Encarnación mística  es el reinado del Espíritu Santo que debe consumir el materialismo.. (Diario T. 35, p. 66-71, febrero 19, 1911).

{…..}  .Creen las almas muy lejos al Espíritu Santo, muy elevado y por encima, y es, por decirlo así, la Persona divina más asistente con la criatura. La sigue a todas  partes, la impregna de si mismo, la llama, la cuida, la cobija, la hace su templo vivo, la defiende, la ayuda, la ampara del enemigo, y más cerca está que ella misma. Todo lo bueno que el alma ejecuta es por su inspiración, por su luz, por su gracia y auxilio.
Y no se le invoca y no se le nombra ni se le agradece la acción tan profunda e inmediata con cada alma!
Si llamas al Padre, si lo amas, es por el Espíritu Santo. Si te enamoras de Mi, si me conoces, si me sirves, si me copias, si te unes a mis quereres y a mi Corazón es por el Espíritu Santo.

Se le considera intangible, y lo es, pero no hay sin embargo cosa más sensitiva, más cerca y al alcance de la criatura en su miseria que la altura más grande, que el Espíritu santísimo que se refleja y es una misma santidad y poder con el Padre y con el Hijo.

Y los siglos han pasado siendo El siempre el principio de todas las cosas, el sello sagrado de las almas, el carácter del sacerdote, la luz de la fe, el que infunde todas las virtudes, el riego que fecundiza el campo de la Iglesia, y sin embargo ni se le estima, ni se le conoce, ni se le agradece su influencia siempre santificadora. Si hay ingratitud para M. en el mundo más la hay para con el Espíritu Santo. Por esto, al acabarse los tiempos quiero que se extienda su gloria. Uno de los dolores más crueles para mi corazón fue el de la ingratitud en todos los tiempos; el de la idolatra, entonces adorando ídolos,  y hoy adorándose los hombres a si mismoses decir, el alejamiento del Espíritu Santo.

En estos últimos tiempos ha puesto su trono la sensualidad en el mundo, esa vida de los sentidos que ofusca y apaga la luz de la fe en las almas. Y por eso más que nunca se necesita que el Espíritu Santo venga a destruir y a aniquilar a Satanás que en esta forma se va introduciendo hasta en la Iglesia. (Diario T. 40, p. 186-18, enero 26, 1915). Páginas 154 -155

Al enviar al mundo un como segundo Pentecostés quiero que arda, quiero que se limpie, ilumine e incendie y purifique con la luz y el fuego del Espíritu SantoLa última etapa del mundo debe señalarse muy especialmente por la efusión de este Santo Espíritu. Quiere reinar en los corazones y en el mundo entero; más que para su gloria, para hacer amar al Padre y dar testimonio de M., aunque su gloria es la de toda la Trinidad.(Diario T. 40, p. 180, enero 26, 1916).T

Dile al Papa que es mi voluntad que en todo el mundo cristiano se clame al Espíritu Santo implorando la paz y su reinado en los corazones.  Sólo este Santo Espíritu puede renovar la faz de la tierra y traer la luz, la unión  y la caridad a los  corazones.
El mundo se hunde porque se ha alejado del Espíritu Santo y todos los males que le aquejan tienen su origen en esto. Ahí está el remedio porque El es el Consolador, el autor de toda gracia, el lazo de unión  entre el Padre y el Hijo y el Conciliador por excelencia porque es caridad, es el Amor increado y eterno.
Que a ese Santo Espíritu acuda todo el mundo pues ha llegado el tiempo de su reinado y esta última etapa del mundo a El le pertenece muy especialmente para ser honrado y exaltado. Que la Iglesia lo pregone, que las almas lo amen,  que el mundo entero se le consagre y vendrá la paz,  juntamente con una reacción moral y espiritual más grande que el mal que a la tierra aqueja.
Que a la mayor brevedad se proceda a llamar con oraciones, penitencias, y lágrimas a este Santo Espíritu, suspirando por su venida. Y vendrá., Yo lo enviare otra vez de una manera patente en sus efectos, que asombrara e impulsara a la Iglesia a grandes triunfos.(Diario T. 42, p. 156-158, septiembre 27, 1918).T
Pide esta reacción, este "nuevo Pentecostés", que mi Iglesia necesita: sacerdotes santos por el Espíritu Santo. El mundo se hunde porque faltan sacerdotes de fe que lo saquen del abismo en que se encuentra; sacerdotes de luz para iluminar los caminos del bien: sacerdotes puros para sacar del fango a tantos corazones: sacerdotes de fuego que llenen de amor divino al universo entero.
Pide, clama al cielo, ofrece al Verbo para que todas las cosas se restauren en Mi por el Espíritu Santo.. (Diario T. 49. p. 250-251, noviembre 1. , 1927).T
Quiero volver al mundo en mis sacerdotes: quiero renovar al mundo de las almas manifestándome  Yo mismo en mis sacerdotes: quiero dar un poderoso impulso a mi lglesia infundiéndole  como un "nuevo Pentecostés", el Espíritu Santo en mis sacerdotes.(Diario T. 50, p. 165, enero 5, 1928).




Id al Espíritu Santo , poseedlo y dejad que El os posea y vuestro amor será fecundo y vuestro dolor será divino.
       Para alcanzar lo que pido deben todos los sacerdotes hacer una consagración  al Espíritu Santo, pidiéndole, por intercesión de María, que venga a ellos como en un "nuevo Pentecostés",  y que los purifique, los enamore, los posea, los unifique, los santifique  y los transforme en Mi. (Diario T. 50, p. 296, enero 25, 1928).

      Algún  día,  y no lejano,  en el centro de mi Iglesia,  en san Pedro, se llegara  a hacer la consagración del mundo al Espíritu Santo,  y las gracias especiales de este divino  Espíritu se derramarán  en el Papa feliz que esto haga.





NUESTRA UNICA VERDAD ES NUESTRA MISERIA

NUESTRA UNICA ESPERANZA TU MISERICORDIA.


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  F                      R         

Feliciano Rosales
28 de mayo de 2015
En la fiesta de :    Jesús
 Sumo y Eterno Sacerdote